"Para Navidad, cuando ya me estaba yendo, me juntó las manos y moviendo los labios me dijo: 'Gracias'. Me sorprendió porque yo no estaba ahí para que me agradeciera, sino para acompañarlo".
Ésta es una de las tantas vivencias del padre Eduardo Lalo Carreras, párroco de la Sagrada Familiade Guaymallén, el sacerdote que acompañó a Sandro y a su familia casi hasta el desenlace.
Lalo cuenta que dos días después de que le realizaran el trasplante al Gitano se acercó alHospital Italiano para brindar contención cristiana, pero que no lo dejaron entrar. Sin embargo,fue la propia esposa del artista la que después le pidió "que no los abandonara". Luego de haber ingresado al círculo íntimo de Roberto Sánchez, el sacerdote colaboró con unaimagen de Leonardo Murialdo para engrosar el pequeño santuario que había en la habitación delartista. Completaban el "elenco de santitos" –como dijo Lalo– la Virgen de Lourdes, San José, elSagrado Corazón de Jesús y una Rosa Mística. "Y siempre había una rosa roja como emblema de suscanciones", aclaró. Según contó Lalo a UNO, Sandro nunca perdió el humor. "El último día que estuve con él (el domingo,cuando le dio la Extremaunción) no estuvo ido pero sí cansado. Su espíritu era, en general muypositivo, siempre estaba con una sonrisa. Además era muy rezador y le ponía mucha fuerza al rezarjuntos el Padre Nuestro". El sacerdote brindó detalles que no habían trascendido a la prensa, como que, por ejemplo, aconsecuencia de la medicación que le estaban suministrando, Sandro había perdido parte de suaudición. "Cerca de la Navidad le comenzaron a dar una medicación muy fuerte para combatir esa bacteria que lo tenía a maltraer, y eso le afectó un poco la audición. Justamente esa medicación la iba aterminar el 6 de enero. Mirá vos... Pero él no se hacía problemas: me leía los labios y listo. Laverdad es que eso me intimidaba positivamente, porque él quería pelear, quería cantar. Su prioridadera la vida", detalló el sacerdote. En alguna oportunidad, el Gitano y Lalo se comunicaron por escrito, aunque no fue mucho loque el artista le dijo al sacerdote: "Él sabía que estaba en manos de Dios desde el principio, esoescribió una vez". En este sentido, Sandro se mostró siempre muy devoto. "Cerraba los ojitos, vivía la oracióncon mucha unción. Movía los labios al rezar el Padre Nuestro o el Ave María. También vivimosmomentos de oración con todo el personal. Una vez rezamos un grupo de enfermeros y unos técnicos.La verdad es que fue muy emocionante. Soy un privilegiado. Dios estaba haciendo falta en esehospital", cuenta Lalo. "Refachero" Respecto de su aspecto físico, el sacerdote desmintió que Sandro estuviese demacrado o flaco."Para mí se veía normal. Además, siempre cuidaba su aseo, pedía un peine para arreglarse el pelo.¡Estaba refachero!", dijo entre risas. La experiencia vivida por Lalo durante estos días hizo mella en su carrera como sacerdote, apunto tal que ha decidido seguir brindándoles asistencia a los enfermos del Italiano. La estrategia para que lo dejaran entrar El domingo 22 de noviembre, dos días después de que a Sandro le practicaran el trasplante, elpadre Eduardo Lalo Carreras tomó coraje y fue al Hospital Italiano. El día anterior varios amigosle habían insistido que fuera a visitar al artista pero tenía miedo de que no lo dejaran entrar. Yasí fue. "Me levanté a las 7 de la mañana y me fui para allá. Cuando llegué me dijeron: '¿Padre Lalo? ¿Y vos quién sos?' –contó entre risas–. Pero bueno... logré dejar mi teléfono por si menecesitaban. Al día siguiente me llamaron para pedirme el teléfono del padre (Darío) Betancourt". Betancourt es un sacerdote colombiano itinerante conocido por su carisma de sanación. Laloofició de anfitrión en marzo del año último cuando el cura dio unas multitudinarias misas ydisertaciones catequísticas en las instalaciones de Murialdo. Ese hecho llegó a oídos de la esposadel artista y por eso lo contactó. "Les dije que Betancourt vive en Nueva York y que no tengo contacto con él, y les advertí que había ido al hospital y no me habían dejado entrar. Cinco minutos después me llamó Olga (Garaventa,viuda del artista) y me pidió que fuera. Me recibió y rezamos un rato. Así nació algo muy íntimo, apunto tal que ella me pidió que no los abandonara", relató el cura.

