Por Por José Luis [email protected]
La demanda por filiación contra el miembro de la Asociación de Empresarios del carril Rodríguez Peña (Aderpe), en nombre de su estación de servicio Pedro y Carlos Monteverdi SRL, la inició su ex pareja en 1994, cuando el hijo de ambos tenía 17 años,
El caso Monteverdi: del amor y la convivencia al abandono del final
La demanda por filiación contra Carlos Manuel Monteverdi, miembro de la Asociación de Empresarios del carril Rodríguez Peña (Aderpe), en nombre de su estación de servicio Pedro y Carlos Monteverdi SRL, la inició su ex pareja en 1994, cuando el hijo de ambos tenía 17 años, según el expediente judicial.
Expuso que “en 1971 inició una relación sentimental con el empresario, que después vivieron en pareja, no pudiendo contraer matrimonio porque Monteverdi afirmaba estar separado y en trámites de divorcio de su esposa”.
En la presentación de pruebas, esta versión fue reafirmada por seis testigos. Muchos dijeron haber presenciado esa relación en ámbitos públicos y privados, e incluso en salidas de la mujer y el empresario.
Siguiendo con su relato, la mujer dijo que Monteverdi “construyó una habitación en la casa de mis padres, y compró los muebles y ropa de cama necesarios para la convivencia”. Esa etapa de la relación “duró desde 1971 hasta 1977”, cuando nació el hijo nunca reconocido.
Los testigos presentados también apoyaron esta parte de la declaración, como también otra posterior, donde consta que “el demandado actuó como un verdadero marido y con gran entusiasmo, encargándose de los gastos del parto”. “Vivieron como esposos”, dijo una testigo.
Otro dijo en su exposición que con su pareja compartían salidas a cenar y a bailar con el empresario y la madre del chico”. Y agregó que tras la ruptura de la pareja “Carlos Monteverdi visitaba al niño, e incluso su padre tenía una relación afectiva con él, y lo llamaba ‘nieto’ a pesar de no tener su apellido”.
El punto de quiebre fue el alejamiento paulatino de Monteverdi del hogar, “donde convivía con la pareja y el chico”. “La parte demandada –dijo la jueza Orbelli– no aportó prueba alguna que desvirtúe los dichos de los testigos”.



