Por Rosana [email protected]
Martín Tino Neglia ha visto la escena una y otra vez. Siguió al detalle cada uno de los movimientos del protagonista cuando engañó a su víctima. Vio la confianza con la que le habló y pudo entrar a su casa, y luego cómo puso el silenciador en su arma, insultó y ejecutó a ese hombre y a su pareja gay de un tiro en la nuca a cada uno. Ahora, cuando se encienda el micrófono de la sala de doblaje, deberá ponerse en la piel de ese sicario, revivir la situación y así conseguir doblar su voz y convencer al espectador de que él es aquel asesino serial de azotó en Chile en el 2008. La representación se hizo a pedido de una productora chilena que trabajó para el canal Discovery Channel. Para una tira del mismo canal, la actriz mendocina Patricia Calisaya puso su cuerpo y su voz para encarnar a una investigadora policial que buscará dar con “La mataviejitas”, una mujer que asesinó a 33 ancianas en México.
En Mendoza, una provincia en la que lentamente parece dinamizarse la actividad audiovisual, ya sea por esporádicas producciones locales o ciertas películas que eligieron estas tierras como sus escenarios, existe un puñado de actores que se perfeccionaron para encontrar en el doblaje una fuente de trabajo, que en la mayoría de los casos llega de manos de canales o productoras extranjeras.
En la casa que Tino Neglia tiene en Guaymallén hay un diminuto lugar destinado a la cocina con un microdesayunador, pero una enorme sala con toda una pared vidriada que hace las veces de taller de creación artística. Basta entrar allí para comenzar a experimentar esa extraña sensación de que entre esas cuatro paredes cada uno puede elegir el personaje que quiere interpretar. Apenas se cruza el umbral ante la vista de quien llega desprevenido cobra protagonismo un enorme y antiquísimo reflector metálico de más de un metro de largo, al cual se le deben colocar a mano los distintos filtros para cambiar el color de la luz, una decena de sombreros de los más diversos orígenes y formatos y los agujereados guantes de cuero de un campeón mendocino de box. Todo parece dispuesto para organizar con unos pocos movimientos un escenario de teatro o un set de filmación.
“En el doblaje muchos se preocupan más por tener el micrófono enfrente, por la sincronización del diálogo que tenés que decir con el del personaje que tenés que doblar y yo siempre les recomiendo cerrar los ojos y revivir la escena, creo que poniéndote en la piel del personaje todo fluye más fácil”, asegura Tino Neglia con la soltura que lo caracteriza.
En la piel de un sicarioEn ese ambiente varios personajes saltaron de un guión y se le metieron en el cuerpo. Desde José de San Martín del telefilm José, espíritu libertador, hasta José María Ruz, un asesino serial a sueldo que en el 2008 mató a tres hombres a pedido de la arquitecta chilena María del Pilar Pérez López, a quien la prensa trasandina bautizó como La Quintrala, tal el nombre de una viuda negra que vivió en la época colonial chilena y asesinó a su padre y a varios de sus amantes. El unitario que se filmó a fines del 2011 se llamó Instinto asesino y en ese capítulo llamado “La Quintrala”, Neglia fue el sicario.
Escena 1: exterior, toma de día, calles Santiago de Chile.Junto a un auto estacionado se lo ve a José Mario Ruz apoyado sobre el baúl. Él mira a ambos lados como esperando a alguien. El hombre esconde la mano derecha dentro del saco que lleva puesto. En ese momento aparece caminando otro hombre a quien saluda y le pregunta por un arquitecto. El recién llegado le dice que el profesional es su amigo y vive con él en esa casa, que espere junto a la puerta, que él irá a buscarlo. Pero Ruz aprovecha que el hombre deja la puerta entreabierta, le pone silenciador a su revólver y entra.
–Al suelo, al suelo he dicho, las dos mariquitas al suelo ah.–Oiga llévese todo, ah, llévese todo, pero por favor no nos haga nada ah.
–Tu vida me voy a llevar, mariquita, tu vida.–Noooo, por favor, se lo pido.–Cállate mariquita, cállate. Oye quiero que te caguís en las patas, ¿me hais escuchado güevón?–No me mate por favor se lo pido.–Despídete, mariquita.José Mario Ruz asesina de dos disparos en la cabeza a cada una de sus víctimas, después las patea para confirmar que están muertas y sale de la casa caminando tranquilamente.
“En ese trabajo lo que más me costó fue meterme en la piel del personaje que era un enfermo sin escrúpulos que carecía de sentimiento alguno: cómo será que le canjeó a la arquitecta María del Pilar López la realización de los planos de su “bar de piernas” –como se le llama en Chile a los bares donde un grupo de mujeres hacen el típico baile del caño– a cambio de asesinar a una pareja gay y después siguió matando. Pero más allá de esa dificultad de este caso en particular, hoy los actores mendocinos tenemos que sortear otro escollo, que es salir a buscar este tipo de trabajos afuera porque acá hay muy buenos profesionales, pero se hacen muy pocas producciones de este tipo, como esta que hizo una productora chilena para Discovery Channel. Acá hay muy buenas intenciones, pero no se invierte en producciones locales, más bien se compra todo lo que viene de Buenos Aires enlatado”, cuenta Tino Neglia y debajo de sus palabras disfraza una crítica concienzuda, con la autoridad que le otorga la experiencia innegable de acumular cerca de 40 años en la actuación.
Después de 25 años sin ser reglamentada, el 17 de julio pasado entró en vigencia la ley 23.316 de doblaje. Dispone que el doblaje de programas, películas, series y telefilms exhibidos de ahora en adelante en el país a través de cualquier sistema de TV abierta, cable, satélite o suscripción, público o privado, deberá ser realizado por actores y/o locutores locales en “idioma castellano neutro”.
Una labor con historiaTristemente para quienes se dedican al trabajo del doblaje en la Argentina desde hace décadas, su labor pareció descubrirse hace menos de un mes, cuando llegó a las salas locales la película Metegol, de Juan José Campanella. En la presentación –se hizo un día después de que se sancionara en nuestro país la Ley de Doblajes que databa de 1988– el director salió a elogiar a los actores locales que trabajaron en el doblaje de esa animación en 3D que se realizó en coproducción con una productora española y que costó más de 15 millones de dólares. A ese film aportaron sus voces entre otros Pablo Rago, Fabián Gianola y Miguel Ángel Rodríguez y la película también se lanzó en otros países en castellano neutro.
Como en el país, bien o mal, en los años ’90 en Mendoza también se incursionó en el doblaje, pero en este caso no fue en una animación, sino con el fin de incluir algunos efectos de sonido en la banda sonora final.
“Una de mis primeras experiencias acá fue en 1993. Yo recuerdo que actué en el Elegido de la muerte, una producción que salió al aire dos años después de filmarla y que fue comidilla del programa PNP (Perdona Nuestro Pecados que conducía Raúl Portal) porque el doblaje tenía errores, las voces salían cuando el personaje ya había cerrado la boca y tenía problemas de continuidad. Además, como se dilató tanto tiempo la filmación, y la historia se grababa de manera alternada y no teníamos continuidad, en una misma escena yo aparecía con camisas distintas y nunca me había cambiado”, recuerda Neglia, ahora con algo de humor, mientras su hija, al escuchar el comentario niega, con la cabeza como desaprobando aquella imagen que se le vino al repasar la serie.
En esa misma década del ’90, las pantallas argentinas revivían a un superhéroe local gestado en la pluma del caricaturista Manuel García Ferrer que nació en tiras publicadas en la revista Anteojito y que acompañó la niñez de aquellos que nacimos en los años ’70: Hijitus, un chico que tenía una doble personalidad y que escondía su secreto en su “sombreritus”. Para esa animación fue fundamental el trabajo de voces del multifacético Pedro Domingo Suero, más conocido como Pelusa Suero, quien a través del doblaje le dio vida a inolvidables personajes como Larguirucho, Neurus, Pucho o el pajarraco de Cachavacha.
Esa misma suerte pareció buscar allá por 1995 una clásica historieta argentina con una fuerte carga política como fue El Eternauta, de Héctor Germán Oesterheld y Alberto Breccia.
“Por aquellos años en Buenos Aires me convocaron para un piloto en el que tenía que ponerle voz al personaje principal de El Eternauta. Para mí fue todo un desafío por lo que había significado en los años ’60 y ’70 ese personaje tan cargado de ideología política, pero como pasa con algunos proyectos, vos vas, grabás y después el director selecciona la voz que más le cierra. En aquel proyecto creo que privilegiaron también el cartel que tenían los actores y seleccionaron a Lito Cruz como la voz que finalmente quedó para El Eternauta”, revive Neglia.
Por ley, las empresas importadoras y distribuidoras quedarán obligadas a incrementar gradualmente el porcentaje de material fílmico doblado en el país. Para las películas y series se fija un mínimo del 12,5% en los primeros 180 días, 25% de aquí a un año y 50% como mínimo al llegar a los tres años. En el caso de los documentales, ciclos periodísticos, musicales y especiales, el doblaje obligatorio en la Argentina no debería ser menor al 25% del total de aquí a 180 días.
Sacarse el cuyano de encimaInmersa en la misma provincia en la que prevalecía la ausencia de propuestas laborales y buscando quebrar el límite de la cordillera de los Andes, hace unos años la actriz mendocina Patricia Calisaya, mochila en mano, se embarcó hacia Buenos Aires con un único objetivo: hacer un curso de castellano neutro que le abriera la posibilidad de actuar y doblar personajes para alguna productora extranjera que lo requiriese.
“Para mí ese curso fue como mi puerta de entrada a varias producciones. En el curso tenía dos couch uno de novela que había trabajado para Televisa (canal de México) y otro de documentales que fue Ricardo Martínez Puente (reconocido locutor cuya voz puede identificarse en decenas de publicidades y hasta presentaciones de películas y canales internacionales). Esto porque no es el mismo registro que te piden para un producto u otro.
En el caso del documental necesitás un español neutro y en las novelas tenés que manejar un acento neutro, digamos más latino y no tan españolizado”, comienza repasando Patricia desde su casa en Capital Federal. Con ese perfeccionamiento en su currículum y desplegando su talento, la tunuyanina se ganó un lugar en la versión de Amor Mío, un producto de Cris Morena que se vendió para México y en una serie que se filmó en Buenos Aires para el canal Discovery Channel, que se llamó Huellas Latentes, en la que se la puede ver en el capítulo “Habitación 110”.
Habiendo eliminado varios modismos nuestros, remplazando el donde “topa”, por donde termina una calle, usando más el pronombre personal tú que el vos, y ya con propuestas concretas de trabajos para el exterior, Patricia redobló su apuesta de perfeccionamiento y comenzó a estudiar doblaje con el fin de conocer más la técnica. “Muchos no lo entienden demasiado, pero es toda una técnica tener que doblar una producción que viene en otro idioma y universalizarla grabándola en este caso en español. Es un trabajo de mucha concentración, porque por un lado vos estás viendo la escena en el monitor para conocer la carga dramática del personaje, tenés en frente el texto que vas a doblar y tenés que grabarlo en el tiempo y forma que el personaje abre la boca, respira y la cierra. Es todo un trabajo, aunque ahora se ha avanzado mucho en el trabajo de la edición de sonido”, precisa quien también encarnó a una investigadora mexicana que buscaba dar con La mataviejitas, una asesina serial que mató 33 ancianas en el país azteca.
Por estos días Tino Neglia espera ansioso el lanzamiento del corto de ficción Allende definitivo en el que puso su voz y grabó en Chile, y que se presentará en setiembre. Lo esperanza que la sanción de la Ley de Doblaje genere más fuentes de trabajo para los actores locales.
En la vereda de enfrente Patricia Calisaya, quien aguarda verse pronto en la serie Un clic que grabó para National Geographic este año, recalca que el verdadero trabajo para los actores vendrá cuando se implemente una política nacional que alimente y haga crecer la industria nacional del cine. “Hoy se financian producciones locales que tardan años en filmarse o que nunca se ven porque nadie se preocupa en que tengan pantalla”, concluyó.



