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“Históricamente a través de varios estudios detectamos que en los casos de ACV que recibíamos había una demora de 28 horas entre que el paciente tenía el primer síntoma y llegaba a hacer la consulta, lo que hacía imposible revertir las secuelas de ese ataque. Esto es lo que buscamos cambiar con la Unidad de Ataque Cerebral del Hospital del Carmen, para reconocer los síntomas y actuar rápidamente. Pensá que de 400.000 afiliados a OSEP, entre los que ingresaron a nuestro hospital y los que acudieron a otras clínicas sumaron un total de 2.400 mendocinos con ACV diagnosticado en los últimos dos años”, puntualizó el neurólogo Marcos Graña, director asistencial de ese nosocomio, quien recalcó que esta enfermedad es la segunda causa de muerte y la primera de discapacidad en el país.
Debilidad para movilizar alguna parte del cuerpo, trastornos del habla (dificultad para articular las palabras o para entenderlas) o pérdidas súbitas de conciencia pueden ser algunas de las alertas que indican que eso que nos está sucediendo puede ser un accidente cerebrovascular. La sola duda ya justifica la consulta médica, ya que según los especialistas, de confirmarse el diagnóstico es fundamental recibir el tratamiento cuanto antes para evitar lesiones irreversibles y mejorar la posibilidad de recuperación del paciente.
Actualmente sólo en el Hospital del Carmen se diagnostican 20 casos de ACV por mes, por lo que en los últimos dos años y medio, desde que se creó la Unidad de Ataque Cerebral de ese centro asistencial (la única en Cuyo), allí se trataron unos 600 de estos pacientes. “De ellos tenemos 32 pacientes que llegaron a tiempo y pudieron recibir un tratamiento óptimo, en los cuales los resultados son mejores que la media mundial. Pero para que eso ocurra alguien detectó a tiempo los síntomas y esa puerta-ventana, que es el lapso que existe entre que ingresó al hospital y recibió el tratamiento, no superó las 4 horas y media. En ese lapso lo revisó un médico de guardia, se le realizó una tomografía, lo vieron un neurólogo y un terapista y además se le administró la medicación”, precisó Graña.
La medicación a la que alude se denomina R-TPA (activador tisular plasminógeno recombinante), que permite canalizar la arteria obstruida en caso de un ataque cerebral isquémico, y que aplicada antes de las 4 horas y media otorga la posibilidad de que un paciente que haya perdido el habla pueda recuperarla en unos 45 minutos.
No obstante, aun cuando se hubiera superado este tiempo, los especialistas siempre aconsejan la consulta médica cuanto antes, porque más allá de esa medicación se pueden aplicar otros tratamientos pertinentes y apelar a la rehabilitación precoz.
Para los neurólogos, que esta detección del ACV sea precoz depende no sólo de los profesionales sino también de que los pacientes tomen conciencia de la gravedad del tema. “En nuestro equipo implementamos un método de atención prioritaria, de manera que desde el empleado administrativo hasta el neurólogo pueda discriminar cuándo se trata de una urgencia y cuándo de una emergencia, o una enfermedad menos grave. Eso nos ayudó a tratar varios ACV a tiempo. Pero el funcionamiento de la unidad de ataque como de la campaña que culmina la semana próxima se van a ver con el tiempo”, concluyó Graña.
Ya que el 29 de octubre es el día mundial del ACV, desde la OSEP planificaron una serie de actividades para toda la semana (desde mañana hasta el sábado 1 de noviembre) con el fin de concientizar a la población sobre la gravedad y las secuelas de esta enfermedad.

