Mendoza

Ingeniero y pastor protestante, juega fuerte por el consenso. Su tarea: abrir el debate sobre los grandes temas. Hombre de consenso y de fe, le preocupan el agotamiento de la matriz productiva y el bajo tenor de la pelea política en Mendoza.

Daniel Pizzi, el primer rector de la UNCuyo elegido por voto directo, el mendocino del año

Por UNO

Por Andres Gabrielligabrielli.andres@diariouno.net.ar

En Daniel Pizzi conviven dos pasiones que él considerable compatibles y complementarias: la del científico (ingeniero agrónomo) y la del creyente (pastor evangélico).

Hombre parco, dialoguista, se le encienden los ojos cuando aborda cualquiera de esos dos campos. O cuando se refiere a San Lorenzo, una vocación temprana.

Ha trabajado junto con Julio Cobos y a Paco Pérez, por lo que puede darles consejos desde el conocimiento cercano y la familiaridad.

–Dicen que cuando le avisaron que lo habíamos elegido Mendocino del Año, no lo podía creer.–(Ríe) Era imposible de creer. Me parece demasiado para lo poco que llevamos hecho. En fin, la iniciativa institucional de la Asamblea Universitaria fue algo para elogiar. Y si bien tiene una cantidad muy importante de innovaciones, también entrañaba algunos riesgos.

–¿Qué tipo de riesgos?–Que la cosa se distorsione por el lado de lo político-partidario. Es un temor que todavía tengo.

–El radicalismo tomó su victoria en el Rectorado como propia.–Eso es complicado. Más si pensamos en lo que debería ser una universidad.

–Hasta tal punto se intentó capitalizar lo suyo, que de inmediato, se empezó a mencionar a Pizzi como candidato en 2015.–Hay que trabajar el tema con cuidado y hacerle entender a la gente que una cosa es la política partidaria y otra la política institucional.

–Pero es inevitable la especulación política. Ustedes le ganaron al oficialismo, al kirchnerismo.–Es así, Andrés. Pero, por ahora, estoy enfocado en la gestión de la universidad porque me entusiasma mucho el proyecto. Hemos alcanzado una diversidad que, en algunos casos, hasta es medio exagerada.

–Una pregunta clásica en esta sección: ¿a quién hubiera elegido usted como Mendocino del Año?–Me ha afectado mucho la situación social de los mendocinos. Hubiera elegido, con más cariño, a una persona que esté más cerca de la inclusión y de la preocupación social. A un emergente fuerte de esos ámbitos, más que del universitario.

–¿De dónde le viene ser “cuervo”?–En mi familia son todos hinchas de River. Pero tenía un tío, muy fanático de San Lorenzo, que me inculcó la vocación desde chico. Además, la fundación de San Lorenzo estuvo muy cercana al trabajo de un miembro de la Iglesia. Y yo tengo, también, un rincón muy cercano al tema de la fe. Soy evangélico protestante y los fundadores fueron sacerdotes católicos. Pero cada vez estamos más cerca.

–¿Y la impronta evangélica?–Es de familia. De mis abuelos. Todos los nonos y nonas son italianos. La gran mayoría eran católicos. Y cuando vinieron a la Argentina, hubo un importante cambio en ellos.

–¿A qué atribuye ese clic?–Probablemente haya sido la forma de ver por parte del protestantismo, del evangélico, el desafío a nivel personal. Y por sobre todas las cosas, la libertad, desde el punto de vista del uso de la conciencia, acerca del comportamiento y de la responsabilidad individual. Eso siempre me lo destacó mucho mi abuelo por parte de madre.

–¿Da más libertad que el catolicismo?–Hay dos formatos que son importantes para nosotros. Uno, el de la libre interpretación bíblica, que nos trae algunos problemitas, sobre todo en el plano internacional, porque no estamos tan ordenados como la Iglesia Católica. Pero la otra cuestión, que para mí es trascendente, es que nosotros, como protestantes, somos sacerdotes. O sea, no tenemos una mediación. La única mediación entre nosotros y Dios es Jesucristo. En ese sentido, somos mucho más independientes. En realidad, el trabajo de control en el hombre protestante viene, más que a través de la Iglesia o del sacerdote, por la conciencia. Para mi abuelo eso fue todo un descubrimiento.

–¿En qué difiere la Navidad de un católico de la de un protestante?–En Navidad no tanto. Ocurre más bien en Semana Santa.

–¿Por qué ahí?–Porque el católico pone mucho énfasis en la muerte. Nosotros lo ponemos en la resurrección. Para nosotros, por ejemplo, el jueves pasa desapercibido. En cambio, el domingo a la mañana es fuerte.

–¿No les pesa demasiado la figura del Cristo sangrante en la cruz?–Sí, pero desde el punto de vista de la mirada a futuro, nos pesa más la cruz vacía, el Cristo resucitado. En las iglesias nuestras no está el Cristo crucificado, está la cruz vacía. Ojo, el duelo de la muerte es la ofrenda del sacrificio, es la sangre que redime. Lo tenemos clarísimo. Pero la mirada puesta al futuro, en cuanto a la esperanza de la vida eterna, y también de la realización aquí en el mundo, es lo que nos lleva a mirar con más cariño la cruz vacía.

–Y en cuanto a la hora de los premios y castigos, del cielo y del infierno, ¿qué cambia?–En ese sentido, no hay muchas diferencias desde el punto de vista teológico.

–¿El infierno existe?-No existe como un lugar para nosotros. El infierno es el estado sin Dios.

–¿Cómo ha impactado en ustedes, los evangélicos argentinos, la irrupción del papa Francisco?–Con mucho optimismo. En los últimos tiempos, hemos tenido un acercamiento muy importante con la Iglesia Católica. Estamos persuadidos de que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa.

–Su arribo al Rectorado tuvo un impacto positivo pues se lo ve como un hombre de consenso. Esto contrasta con el mal clima político de fin de año, en el que el gobernador y la oposición se están insultando de la peor manera. ¿Qué le dice esto?–Es muy triste porque nosotros, como mendocinos, no nos merecemos una cosa así. Se enfoca mal la cuestión, se ponen por delante las cuestiones individuales antes que el bienestar general. Hay que corregirlo, muy fuertemente, porque si seguimos encerrados en una forma de ver y de hacer la política tal cual se está demostrando, no hay esperanza para nosotros.

–Tanto Pérez como su máximo contrincante, Alfredo Cornejo, son tipos duros, peleadores. ¿Qué consejo le daría al gobernador?–Yo lo aprecio a Paco. Estuve cuatro años trabajando a su lado, porque cuando fui subsecretario él estaba a cargo de la Dirección de Legales de Ganadería. Le diría que se tome algún tiempo para pensar, para meditar. Que sea más reflexivo.

–¿Lo ve muy atropellado?–Sí, muy eufórico y a veces se le sale la cadena. Por otra parte, me preocupa mucho el tema de la observación de la ley y el respeto de las instituciones. Aquí hacemos agua. Por ejemplo, si hay una normativa en torno a la discusión del Presupuesto, pues hay que respetarla. En ese punto, creo que el Paco se equivoca.

–¿Lo ve a Cobos a la altura de su desafío presidencial? ¿Da el piné?–Desde el punto de vista personal, podría ser. Me preocupa un poco a nivel partidario y de equipos. No es tan sencillo llegar a la presidencia.

–El diálogo en la provincia es pobre y las políticas de consenso casi imposibles. Hay quien apuesta a su llegada para convocar a un amplio encuentro de las fuerzas sociales para imaginar la Mendoza futura.–Opino lo mismo. La universidad tiene que abrir el espacio, preparar el escenario y, de alguna forma, inducir el debate sobre los temas trascendentales de la provincia.

–¿Cuáles serían los grandes ejes?–Educación, salud, seguridad y producción económica. Esto último incluye matriz productiva y ambiente, pues hay que tener en cuenta las restricciones que impone el escenario local, fundamentalmente la escasez de agua. No hay un buen análisis de fondo respecto de los pro y los contra que nos podrían generar otras actividades capaces de mover la aguja del producto bruto regional.

–Como la minería.–O los hidrocarburos.

–Aquí el rol de la universidad es fundamental, para sacar la discusión minera del ámbito de la politiquería y los prejuicios.–Sí, señor, totalmente de acuerdo. Es lo que vamos a hacer ahora.

–¿Coincidimos, entonces, en que la matriz productiva de Mendoza llegó a su techo?-Está casi agotada. Hay otras áreas a desarrollar, como las industrias culturales. También hay que tener en cuenta el tema del software o la innovación en el sector aeronáutico, en medicina. Es decir, hay una gran cantidad de servicios en los cuales nos podríamos llegar a introducir.

–O sea, multiplicar los Roberto Zaldivar…–¡Exacto! El problema grave de la Argentina es lo que en economía se llama la renta social. Ha habido una cantidad de programas sociales que son muy interesantes. Pero no alcanzan los recursos genuinos para financiarlos. Estamos entrampados en una matriz de producción de sectores con bajísima incorporación de valor. Prácticamente son todos comodities.

–Su brindis de fin de año.–Que crezcan sanos los nietos. Y que los que estamos, de alguna forma, en posiciones de liderazgo, podamos construir, en conjunto, una Argentina mejor.

Simpatía radical, pero de bajo perfilA Pizzi lo incomoda la extrema demostración de fuerza que hizo la UCR con su triunfo en el Rectorado. “Yo recibí muestras de afecto, pero nada más que eso. Tampoco he sido muy eufórico para manifestarme en ese sentido”, aclaró y añadió que nadie del partido le ofreció nada para 2015.

Respecto de Alfredo Cornejo, enzarzado en una agria discusión con el gobernador, señala Pizzi: “Conozco al Cornejo de principios de la gestión y era más autoritario. En Godoy Cruz, lo he visto hacer construcciones sociales rodeándose de un muy buen equipo de colaboradores”.

Dos historias de película romántica –Su filme preferido es Titanic, se define como romántico... ¿Cómo enamoró a su mujer?

–Fue muy especial lo nuestro. Siempre me gustó mucho el canto. Había entrado al coro de la Universidad estando en primer año de Agronomía. Tuve el honor de que me dirigiera Felipe Vallesi. En ese momento (años ’72/’73) hubo una convocatoria nacional, de las misiones nuestras, para armar un octeto, con el fin de realizar una recorrida importante por Europa y Estados Unidos. Fui seleccionado como bajo y nos fuimos de viaje. Mi futura señora integraba el octeto.

–¡Una historia de película! –Sí, fue muy linda, porque estuvimos un año de gira. Claro, mi padre me quería matar porque dejé la facultad todo ese tiempo.

–¿Cuál voz argentina lo seduce? –Mercedes Sosa. Y siento alguna simpatía por la Sole Pastorutti. Con ella tengo una historia muy bonita. La bisabuela de la Soledad vino junto con mi abuela, las dos huérfanas, en un barco desde Italia, después de la Primera Guerra Mundial. Una tenía 16 años y la otra 9. Después, la abuela de la Soledad fue la compañerita de banco de mi mamá en Sanford, ahí cerquita de donde es ella, Arequito. Yo nací en Casilda. Pero me trajeron acá cuando tenía dos años.

–¿Qué lo hizo agrónomo? –Mi padre, que tenía un campo muy lindo con mi abuelo. Pero le gustaba más la mecánica. Era mecánico agrícola. Se terminó cansando de Santa Fe porque, en ese entonces, no había infraestructura. Lo mataron las inundaciones. Se vino a Mendoza buscando otras posibilidades.

–¿Qué le gusta del campo? –Las plantas, el fruto, las uvas… Mirar la creación.

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Pese al éxito, Pizzi no se ve candidato a nada en 2015: “En general, los cargos nunca los busqué”
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Histórico: Pizzi ya firmó el acta de asunción; Jorge Barón, el vicerrector, aplaude a su izquierda.
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Ilustración de Pizzi en el lapiz de Diego Juri, de Diario UNO.
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La victoria electoral, que ya era un hecho, es festejada por el nuevo rector y su equipo.
La victoria electoral, que ya era un hecho, es festejada por el nuevo rector y su equipo.
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Las primeras filas del Centro Cultural de la UNCuyo fueron ocupadas por Pizzi, Somoza (el antecesor), y figuras locales y nacionales de la UCR, de donde proviene la autoridad universitaria.
Las primeras filas del Centro Cultural de la UNCuyo fueron ocupadas por Pizzi, Somoza (el antecesor), y figuras locales y nacionales de la UCR, de donde proviene la autoridad universitaria.

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