Mendoza Miércoles, 18 de julio de 2018

Crecen con el amor de su mamá, pero a los cuatro años deben irse

Esta es la historia de los niños que están en prisión con sus madres, quienes cumplen condenas judiciales. Pero la ley establece que a esa edad tienen que dejar la institución

Juguetes, cuadros infantiles colgados de las paredes, cunas con muñecos y ositos de peluche y algunos libros de cuentos o para pintar distribuidos en las mesas. Una postal que bien podría observarse en una guardería o en cualquier hogar. Acaso eso es lo que se busca: decorar un lugar de encierro como un ambiente familiar y sobre todo con aroma de hogar, donde madres y niños pasan sus días como si estuviesen en sus casas.

En ese sitio, varias mujeres cumplen condenas judiciales privadas de su libertad, pero lo que no se les prohíbe es pasar esos días con sus hijos. "En el penal tenés mucho más tiempo con tu hijo que en la calle, donde hay que trabajar, estudiar o atender otras obligaciones. En este lugar solamente tenés que estar con tu hijo, más allá de que hay que hacer un montón de cosas", comentó Verónica, una de las internas en el Régimen Abierto para Mujeres, en un informe especial que realizó la periodista Marcela Navarro para El Siete.

Los niños conviven con sus madres en ese lugar hasta los cuatro años, porque ese es el límite de edad que establece la ley para permanecer con ellas en una cárcel, aunque adentro no lo parezca.

Todo está ambientado para que los menores no crezcan encerrados. "La idea principal es resguardar este interés superior del niño, de que pueda estar junto a su mamá, y si bien va a estar alojado dentro de una institución penal, que implica restringir su libertad en cierta medida, el niño no está preso, el niño es libre", contó Nahir Otero, coordinadora de Tratamientos de Servicios Penitenciarios.

Este mes, uno de los chicos "egresará" del RAM, ya que cumplió los cuatro años, de los cuales todos los pasó en ese lugar. "Fue una decisión mía tener un hijo más para poder tener algo por lo que seguir adelante y por qué vivir, porque es un tiempo tan perdido el tiempo de adentro... Mi decisión fue tener un hijo", relató Verónica, quien lleva once años presa y se emociona al saber que dentro de poco deberá continuar con su pena, pero sin su hijo: "No me hago la idea todavía, porque no quiero estar mal y triste por él. Quiero que se vaya bien y que me vea bien a mí".

"Lo más importante es que sé que mi hijo va a estar bien, y se lleva todo el amor mío. Este no es el lugar más bello para estar, pero vivimos como podemos y tratamos de salir adelante", agregó entre lágrimas, con ese dolor de madre al saber que su hijo continuará con su vida en otro lugar, con familiares, pero ya sin ella a su lado.

Hace cinco años, cuando estaba cumpliendo su pena en la cárcel de mujeres en El Borbollón, Verónica tomó la decisión de quedar embarazada y es su hijo quien ahora debe dejarla para continuar con su vida afuera.

Para estos niños hay un plan de contención, con salidas recreativas o a jardines escolares y un acercamiento permanente a los familiares, preparándolos para el momento en que deban dejar la institución donde están con sus madres. En esto tiene mucha influencia el trabajo de psicólogas y trabajadoras sociales, que de a poco van preparando a los menores para cuando tengan que salir a la calle.

"Un día normal es como en casa, o parecido. Nos levantamos temprano, desayunamos y los niños se van a la escuela y las mamás nos quedamos haciendo los quehaceres de la casa", contó Siria, quien llegó a la cárcel con su beba de tan solo ocho días de vida y es una de las mamás del Régimen Abierto para Mujeres.

El ambiente es cuidado para que no se sientan encerrados

Las internas comparten el comedor, la cocina y en cada habitación hay nueve camas y otras tantas cunas, espacio creado para las mamás y sus hijos.

El objetivo es que los menores no sientan que están en la cárcel, sino que conviven en un hogar. No hay rejas en el interior y "las puertas no tienen candado ni nada que haga pensar que el niño está preso", explicó Hilda Barressi, jefa del Régimen Abierto para Mujeres.

Rejas altas y custodia penitenciaria es lo que se puede observar en el exterior, pero también hay juegos para que los niños puedan divertirse al aire libre.

"Las docentes trabajan con la mamá y sus hijos para tratar de ayudar a los niños ante cualquier dificultad que haya en su desarrollo. Pero desde el 2012, que se formó el área, no se ha visto ninguna patología producto del encierro", manifestó Romina Guriñez, psicóloga del área de niños.

Producción periodística: Marcela Navarro (El Siete) y Javier Elgueta

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