Con indicadores que serían la envidia de cualquier director de escuela, el Departamento deAplicación Docente –el DAD como se lo conoce coloquialmente– de la UNCuyo llegó a los diez años de
vida. En su corta trayectoria, la escuela que brinda el servicio educativo correspondiente a laEGB3 (séptimo, octavo y noveno años) ha logrado un índice de repitencia inferior al 3% y que 96 de
cada 100 de sus ingresantes egresen al final del ciclo."Hay dos aspectos que explican lo conseguido. Uno es la libertad con que hemos trabajado, que es producto del apoyo de la Facultad de Filosofía y Letras (de la cual depende académica yadministrativamente). El otro es la armonía institucional con la que funcionamos, que no quieredecir que no haya conflictos, sino que se resuelven de manera consensuada y democrática",reflexionó Darío Sanfilippo, director del DAD. El colegio surgió en el 2000 a partir de un convenio entre el Gobierno de Mendoza y laUniversidad Nacional de Cuyo, a través del cual la Provincia se hizo cargo del financiamiento de laconstrucción de la sede, el pago de salarios y los gastos de funcionamiento y de personal, mientrasque la Universidad se comprometió a gestionarlo, preservando su autonomía. Hasta hoy, el DAD tienemás de 5.000 egresados y por año se reciben 600 estudiantes. En una provincia donde repite el 30% de los alumnos del mismo tramo y en la que sólo seis decada diez estudiantes de secundaria terminan sus estudios, los indicadores del DAD no hacen otracosa que mostrar un modelo exitoso de educación. –¿Cuál es el secreto del DAD?–Hay varios aspectos. No se puede desconocer la calidad del alumnado porque el ingreso sedetermina a través de un orden de mérito confeccionado sobre la base de mayor puntaje de losaspirantes en su promedio de calificaciones desde primero a sexto año de la EGB. Son chicos que hantenido un gran rendimiento académico a lo largo de su trayectoria estudiantil. Por otro lado, uncuerpo de profesores compuesto por verdaderos profesionales de la educación, es decir personas queestán preparadas para educar y que tienen un importante respaldo de la UNCuyo, que es el otro delos elementos que hay que reconocer. –¿Y en términos de la escuela?–Creo que el éxito se basa en el seguimiento personalizado tanto de los alumnos como de susfamilias. –¿De qué manera se realiza?–Desde siempre ha existido un preceptor cada dos divisiones y un espacio curricular deOrientación donde una psicopedagoga está dos horas a la semana con los chicos ayudándolos aorganizarse, conociendo aspectos de lo socioafectivo, donde se trabaja en la problemática de cadauno de los niños y, a medida que surgen dificultades, la escuela las aborda, convoca a la familia yentrega las herramientas propias de una escuela. El trabajo del preceptor y del orientador nospermite detectar situaciones de conflicto antes de un desenlace conflictivo. –¿Cómo se podría replicar el modelo del DAD en el resto de las escuelas de la provincia?–Es difícil responder esa pregunta. Creo que, por un lado, las escuelas necesitarían un pocomás de libertad para crear condiciones. En segundo lugar, no hay que responsabilizar a la escuelade todas las situaciones que se tiene que hacer cargo el Estado. Cuando se dice que la escuela debecontener a como dé lugar, no es así. El Estado es el que debe hacer eso. Por eso creo que deberíahaber escuelas para chicos de unas condiciones y escuelas para chicos de otras condiciones. –¿Eso no es discriminatorio?–No se trata de discriminar o marginar. Un chico que no tiene graves dificultades socialesdifícilmente pueda convivir exitosamente en un ambiente con chicos que sí las tienen. Por otrolado, también debe rejerarquizarse la función del docente, que en el caso de la Universidad estáclaramente desarrollado.


