Mendoza Domingo, 5 de agosto de 2018

Con Ulises desde el primer día, los Bomberos de Luján llegaron a los 50 años

Vitale es uno de los fundadores de la agrupación y es el presidente de la comisión. Él y los actuales integrantes del cuerpo repasaron este primer medio siglo de vida

En la puerta hay un cartel que dice "cuidado con el perro". "¿No vieron el cartel? ¡Les podría haber sacado una pierna!", dijo a modo de reto uno de los bomberos. Es Walter Frasca, un hombre alto, que dicen medía más de dos metros pero que con los años "se achicó". Aun así, sigue siendo muy alto. Detrás de él llega Guillermo Arana (58), un poco más petiso; ambos llevan el mismo corte de pelo, al ras.

"Miren el perro", señaló. Y en un sillón está el Blanquito, un can que parece ser un labrador dorado que el cuartel rescató y que adoptaron. Todo doblado en el sillón, ni levanta la cabeza.

El cuartel de Bomberos de Luján de Cuyo cumple 50 años. Medio siglo de apagar incendios, rescatar personas en accidentes y, también, de bajar gatitos de árboles, como lo registra el sistema propio para las emergencias que tienen. Las historias en el cuartel fluyen y se cruzan entre sí, se entrelazan, se anudan, y se vuelven a deshilar.

"Ahí están las banderas de Argentina y de Francia", señaló Guillermo, quien en su buzo azul lleva la inscripción "sapeurs-pompiers" (bomberos). Explicarán más tarde el porqué de esa impronta francesa en un cuartel tan mendocino que hasta costea con un canal.

El de Luján es el tercer cuartel de bomberos que se fundó en la provincia. El primero fue el de Palmira y el segundo el de Maipú. De aquel 5 de agosto de 1968 aún quedan algunos miembros fundadores y uno de ellos es Ulises Vitale (81), quien sin embargo nunca se hizo bombero.

Mientras Walter prepara un café, Guillermo muestra cómo funciona una cámara térmica. El modelo es Blanquito. Con la cámara se ven en rojo los cuerpos que tienen calor. "Sirve para rescates en estructuras colapsadas", explicó el bombero especialista en rescates subterráneos. Además de ese aparato de última tecnología en el cuartel tienen más de 12 vehículos para diferentes funciones. Pero el capital más preciado para los lujaninos son los 80 bomberos, los 80 cadetes y los 20 aspirantes.

Jesús, el bombero de la casa

Jesús Sombra (21) apareció en la central del cuartel con remera de mangas cortas. "¡Abrigate, Jesús!", le ordenó Guillermo, como un padre a un hijo. "Siempre anda desabrigado y lo tengo cortito con eso", agregó el bombero y contó que el joven que entró, un flaco, alto y tímido, vive en el cuartel desde hace ocho meses.

La mamá de Jesús murió cuando él tenía 15 años. En ese momento él era cadete. Hijo único, vivió con su papá hasta que las diferencias hicieron que tuviera que irse de su casa. Allí encontró lugar en lo que se convirtió, sin ser una frase hecha, en su segundo hogar.

"Hablé con el comandante, lo aprobó y ya me quedé", contó Jesús, que por las mañanas trabaja en un comercio de venta al público. A ese trabajo llegó de la mano de otro miembro del cuartel, Ulises Vitale.

Guillermo contó que allí son "todos hermanos de fuego" y Walter aclaró: "Somos una familia". "A cada uno de nosotros en alguna oportunidad el cuartel nos ha dado una mano. Entonces trasladamos lo que recibimos en otros compañeros que también lo necesitan. Cada uno tiene su historia y cada uno que pasó por acá recibió ese respaldo que necesitó en un momento crucial de la vida. Vimos que él -señaló a Jesús- necesitaba un espacio para vivir. Entonces optamos porque él se quedara, acá tiene su habitación", explicó Guillermo. Jesús lo escuchó y asintió. Dijo que en el futuro quiere ingresar al Instituto Universitario de Seguridad Pública para trabajar como policía.

"Acá no puede haber un bombero que no trabaje o estudie, tiene que tener una actividad", agregó Guillermo y aclaró que ser bombero es "adictivo".

Jesús pidió permiso para ir a atender el control. Sonó una alarma, doble. Guillermo y Walter se pararon, volvió Jesús y les dijo que había un incendio y que había una dotación que estaba en camino pero que necesitaban más agua. Walter arrancó una de las autobombas. "Viste la adrenalina que es", afirmó Guillermo, emocionado.

El fundador y el momento bisagra

Ulises Vitale es el presidente de la comisión de los bomberos, una pata fundamental para que una asociación pueda llegar a fin de mes, pagar las cuentas y como si eso fuera poco, también progresar. Llegó cuando el camión había salido al incendio y pidió que le prepararan un café.

"Era una vergüenza que Luján no tuviera un cuerpo de bomberos. Se me ocurrió la figura de Ichele Frenck -otro vecino lujanino- porque se había producido un incendio y lo vi a él haciendo pasajes de agua, una cosa espontánea en un pueblo", recordó.

Ulises entonces habló con el presidente del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Palmira, y organizó una reunión. Le dijo a Ichele que lo acompañara, aunque el que se convertiría luego en el primer bombero de Luján no sabía todavía su destino. Les explicaron cómo formar un cuartel y, así sin dar más vueltas, lo hicieron.

"Acá hubo un momento que fue bisagra y fue el terremoto de Chile de 2010", dijo Ulises, y explicó esa relación que tienen los lujaninos con los franceses. Ocho años atrás, brigadistas de Luján asistieron como colaboradores en una de las más grandes tragedias naturales de Latinoamérica. "Rescatamos más de 360 cadáveres", recordó Guillermo, que fue uno de los que recuperaron cuerpos. Su mirada se opacó cuando contó que uno de sus compañeros aún sufre estrés postraumático.

"El destino nos ofreció la oportunidad de ayudar a nuestros hermanos chilenos y en esa oportunidad uno de nuestros comandantes, Sergio Oviedo, hizo contacto con la gente de SPAI", contó Ulises. SPAI Sapeurs Pompiers es una ONG francesa que colabora con Bomberos Voluntarios de América Latina con capacitación y equipamiento y tiene como sede en Argentina a los lujaninos.

Desde 2010 los bomberos de la rotonda reciben el apoyo de los franceses. "Eso produce una gran transformación porque nosotros derramamos eso a nuestro alrededor", comentó Ulises. Las historias se conectaron otra vez y el hilo volvió a aquel 5 de agosto de 1968. "En conmemoración de eso, de esa ayuda que recibimos, le trajimos un camión Mercedes Benz de los franceses al cuartel de Palmira", dijo Ulises.

Walter llegó de la emergencia y se sentó. No lleva la cuenta de a cuántas ha asistido pero aún así se le nota la exaltación. "Iba como perro con dos colas", dijo, y se rió del fotógrafo de UNO que lo acompañó. Y se pusieron a tomar mate con los otros chicos que también volvían del incendio. Apagaron el fuego, salvaron a una familia, cumplieron con su deber.

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