Por Laura Zuliá[email protected]
“Era una persona de muchas convicciones y de conocimientos, y saberes populares. Siempre tuvo un mensaje de dignidad”, así define Fabio Erreguerena a Telma Ceballos, su abuela y quien fuera la pareja de Juan Bautista Vairoleto (como él escribía su apellido), el famoso bandido cuya historia quedó plasmada en canciones, libros y recuerdos. La mujer murió el sábado a sus 101 años, pero dejó con ella la impronta de todas sus vivencias.
Antes de cumplir un siglo de vida dio una de sus últimas entrevistas a Diario UNO. Un año atrás, la periodista Carina Luz Pérez la describió como una mujer “erguida y elegante”. “Fui feliz con Juan, él era muy bueno conmigo, éramos muy unidos”, dijo en aquella nota del 2013. “Telma nació en 1913, estuvo bien de salud hasta los 96 años, pero después ya tenía los problemas propios de la edad. Ella siempre fue una persona muy fuerte en nuestra familia”, continuó Fabio, quien es secretario de Extensión Universitaria de la Universidad Nacional de Cuyo. Para él, su abuela es un ejemplo. Fabio comentó que sus abuelos no estuvieron casados legalmente porque el contexto no se lo permitió. “Cuando ella lo conoce, él ya estaba prófugo y, obviamente, no podían presentarse ante un juez de paz. Además, en la vida en el campo no era algo que se estilara mucho”, explicó el nieto y agregó que la pareja estuvo unida por alrededor de 20 años. Telma era 17 años menor que Juan. Ambos tuvieron dos hijas: Juana y Elsa. Fabio es nieto de la primera y la mayor de ambas. “El bandido evadido de la Justicia por unos 20 años era un papá muy cariñoso, que peinaba a su hija mayor Juana, le daba el biberón con la leche de cabra que ordeñaba en la finca de Carmensa, General Alvear, jugaba y dormía alguna siesta con ella cuando podía”, recordó Telma en la entrevista con UNO. “Ella era una persona que siempre recordó a Vairoleto con mucho cariño. Decía que él era un excelente padre y esposo”, comentó el nieto. Contó, desde el relato que oyó en primera persona de la voz de su abuela, que en la noche en la que encontraron al bandido, él se suicidó para evitar que lo capturaran en vida y también para proteger a Telma y a sus dos hijas porque la policía tiroteaba su casa. “Mi abuela siempre se acordaba y nombraba todas las destrezas ecuestres de él, el manejo del revólver y sus habilidades como agricultor”, relató el nieto, quien pudo ver en su abuela también algo del reflejo de su abuelo. “Tuvo una vida muy dura, yo tengo una profunda admiración por ella porque tenía una personalidad muy fuerte y me hacía imaginar cómo había sido su compañero”, dijo Fabio, quien inspirado en esta impronta familiar, escribió un libro sobre los bandidos sociales y la historia de su abuelo. “Cuando se quedó viuda se fue a vivir a Bowen (General Alvear) y llevó una vida con dignidad y orgullo, siempre desde la humildad, en un contexto de gran injusticia por llevar consigo esa carga. Era una mujer muy fuerte para jugarse a irse a con un hombre en lo que era el campo en el siglo pasado”, remarcó su nieto.


