Lo dijo Mercedes Fernández, escritora y periodista mendocina. Ella es una maestra generosa, que prodiga y comparte su conocimiento y sabiduría. Lo hace en los talleres de lectura y periodismo que brinda en su casa, y también en esta conversación.<

“A mí la literatura me sirvió para aprender a abordar al otro, me enseñó a vivir”

Por UNO

Por Paola [email protected]

Entrevistar es, ante todo, la posibilidad de abrir una puerta hacia ese universo desconocido que es el otro. Hay personas que son lineales y con el simple ejercicio de la pregunta y la respuesta, en pocos minutos, quien pregunta se da cuenta que está viajando en redondo: todo se vuelve repetitivo. En cambio, entrevistar a la periodista y escritora mendocina Mercedes Fernández es lo contrario a este simple trayecto. Es, más bien, una expedición. Una se descubre perdida en un laberinto excepcional: el de ella misma. Mercedes es una mujer que cuenta y en su oficio de contar, envuelve. Sus nueve libros publicados y sus cuatro en proceso de edición sostienen su trayectoria.

Pero ella es más que lo que escribe y las horas que ha pasado en las redacciones. Ella es una maestra generosa, que prodiga y comparte su conocimiento y sabiduría. Lo hace en los talleres de lectura y periodismo que brinda en su casa, y también en esta conversación.

–¿Te resulta importante que premien tu trayectoria? –Agradezco los reconocimientos a la trayectoria, pero me preocupan ¡porque significan que uno ya está muy grande! (se ríe). La verdad es que me interesa más que me lean a que me distingan. ¡Si lo único que yo sé hacer es escribir! No te deberían premiar por lo que sabés hacer, porque es lo que corresponde.

–¿Siempre que escribís te imaginás a un lector posible?

–Constantemente y conscientemente, porque yo no escribo para mí, escribo para otro, para que otro lo lea. Siempre me planteo un lector más inteligente que yo, es como una especie de desafío.

–¿Para qué te sirvió la literatura?

–Me enseñó a vivir. Yo era una persona muy tímida, me parecía que no podía llegar a la gente, que nadie se interesaba en mí. Tuve que hacer todo un ejercicio para descubrir desde dónde podía abordar al que tenía enfrente. Me dediqué a escribir. En ese sentido, sí lo volvería a elegir. Significó mucho sacrificio, mucho tiempo lejos de mis hijos, yo hacía cierres. Mi familia, de todas maneras, estaba muy orgullosa de mí, porque yo hice una carrera muy linda, no en cuanto a lo económico –todavía tengo que alquilar–, pero en lo periodístico no me puedo quejar.

–¿Qué ramas del arte te han influenciado? –Todas. Soy melómana y cinéfila, y sin duda, me he devorado todas las bibliotecas que han pasado por mis manos. Escribo con música, escuchando ópera. La pintura también está presente en mí.

–Con la autoridad que te da el haber pertenecido a tantas redacciones, ¿cómo ves el periodismo de hoy?–Veo una banalización muy terrible de nuestra tarea. Veo una labilidad muy grande. Nos hace estar constantemente con la espada de Damocles en la cabeza. De esta manera, uno no da todo de sí. Además, veo que los chicos salen muy crudos de las facultades de Comunicación Social. Sin la formación que te da la calle y el contacto con la gente. Les falta apertura. Trabajar en un medio no lo es todo, cuando uno se saca ese estereotipo de la cabeza, se convierte en una persona libre. El estar pendiente en trabajar en un medio, radio, televisión, gráfica, te quita esa libertad.

–¿Qué les falta o que les sobra a los comunicadores? –Les falta –y mucho– el perderse detrás de la noticia. Yo considero que hay mucho vedettismo en el periodismo. Esto es un verdadero problema. La gente no tiene por qué escuchar y seguir lo que uno dice, sino que el periodista tiene la obligación de escuchar y seguir lo que el otro dice. Los roles están cambiados. El firmar una nota nos parece lo más importante, cuando antes, nadie firmaba las notas, el único que firmaba era Haroldo Conti. Lo que pasa es que ahora hay tanta despersonalización, que dejar la firma en una nota es una forma de afianzarnos.

–¿Creés que se ha perdido un poco la mística?

–Por supuesto que sí, el periodismo es una actividad que debería dar placer. Yo disfruté tanto de mis épocas de redacción, disfruté aprender, a mí Antonio Di Benedetto me lo dijo cuando quise empezar a trabajar en Los Andes. “¿Usted quiere aprender a escribir? Vaya a Deportes”. ¡A mí que escribo pelota con un compás! (se ríe), allá me mandó. Y después a Policiales. Para ser periodista hay que encontrarse con la gente donde la gente está, no donde está el “mesismo”, el periodismo hecho desde la mesa de una conferencia de prensa. Eso no sirve. Nosotros en las redacciones no permitíamos ni siquiera una foto de una conferencia de prensa.

–¿Vos considerás que fuiste parte de una bohemia?–Claro que sí, y eso lamentablemente ya no pasa. En la época en la que trabajaba, salíamos de las redacciones en las noches, a las dos de la mañana, y nos juntábamos a comer, a hablar de arte, de libros, a comentar películas. Nos sentábamos de los distintos medios a las distintas mesas. Íbamos a todos los actos de presentación de libros, a todos los conciertos, a todas las películas, bohemia era una forma de vivir pensando.

–¿Cómo han influido las redes sociales en esta banalizacion?-Básicamente, han permitido que se haga público lo que nunca debería serlo. Yo tengo un Facebook que uso para mi trabajo, pero no me gusta esa exposición constante, para mí es una impudicia. Somos hijos de Gran Hermano, hay un Gran Hermano que nos está mirando constantemente.

–¿Elegirías nuevamente ser periodista?–No, sería médica (se ríe). Lo que sí volvería a elegir es ser escritora.

El oficio de escribirA modo de perfil

Mercedes Fernández es periodista, escritora y guionista. Ha trabajado especialmente en medios gráficos provinciales y ha sido corresponsal de medios nacionales e internacionales.

Es vicepresidenta de la Hispanic Press Canadian (HPC), cargo que mantiene desde el 2003. Además, forma parte de Journalists in Exile (Periodistas en Exilio, de Ontario) y de Amnesty Internacional of Toronto. Allí también formó parte de la fundación del periódico El Correo Canadiense.

Es autora de 9 libros publicados y de 4 más que están en proceso. Los últimos dos, El Niño Roto y Los días del miedo, pueden conseguirse en las librerías locales. Además, escribió la novela El Jardín del Infierno, que se convirtió en una serie de televisión, protagonizada por Pepe Soriano, Ana María Picchio y Arturo Bonín.

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Influencias de Cortázar. En su casa, los gatos son una presencia constante.
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En las librerías. Sus últimos dos libros se consiguen en Mendoza.
En las librerías. Sus últimos dos libros se consiguen en Mendoza.
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