Si algo estaba faltando para el interminable y bizarro panorama de las noticias diarias, era una historia titulada "El drama de las gatas obesas del difunto Bergara Leuman".
Así pues, con ese título, lanzó hoy la edición del diario Libre -un detalle no menor: es el mismo que guardó la primicia y la publicó en "exclusiva" a semanas de las elecciones la historia de los prostíbulos que funcionan en propiedades del juez Zaffaroni- una nota ilustrada con fotogalería y todo.
Hay que admitirle a la publicación su abundancia en detalles: "Entre los tres (por los gatos) suman 30 kilos. Los cuida la esposa de Cormillot, el nutricionista. Milonguita, Botica y La Negrita hoy viven en la casa de Mónika Cormillot, la mujer del reconocido nutricionista. Se hizo cargo de la guarda por pedido de su amigo Bergara, que lo dejó por escrito en su testamento".
Según la crónica, la mujer se desvive por cuidarlas y las mantiene a dieta. "Acondicionó un cuarto para que estuvieran cómodas y se sintieran bien: les puso una cama de dos plazas y una mesa de la misma altura para que puedan comer acostadas. Como el sobrepeso no les permite saltar, tienen una escalera para poder subir al colchón sin inconvenientes. Sobre la mesita de luz hay un portarretratos con una foto vieja de Bergara Leumann abrazándolas. Eran otros tiempos. Hoy viven angustiadas y llevan una vida sedentaria y abúlica. Casi no salen de la habitación", describe la nota.
Las gatas llegaron a la vida de Bergara por casualidad, abunda el texto. Él siempre había tenido perros, pero la Botica del Ángel -donde vivía- se le había llenado de ratas y necesitaba controlarlas. Las adoptó con ese fin, y se convirtieron en “lo más importante de su vida”.
Daniel Angelone, su pareja durante 29 años, relató para el diario porteño la historia de amor felino: “En esa época no teníamos la ley de matrimonio igualitario y no podíamos adoptar una criatura. Entonces las gatas se fueron convirtiendo en personas y para nosotros eran nuestra familia. Él siempre decía: ‘No me gusta llamarlas mascotas, son mis verdaderas hijas”.
Fue el exceso de amor lo que las engordó. Según Angelone, “no había forma de que Eduardo entendiera que no les podía dar tanta comida. Les daba todo lo que tenía en su plato”. La dieta hipercalórica incluía fetas de salmón rosado, paté, langostinos y atún natural.


