Cuando el pasado 13 de enero se dieron a conocer las nominaciones a los premios Oscar, a nadie sorprendió demasiado que Parasite, la película de Bong Joon-ho, ya disponible en la cartelera de cine de Mendoza, se destacara en seis categorías (Mejor pelicula, película extranjera, director, guion original, diseño de producción y edición), merced al estupendo derrotero que ya había hecho en premiaciones anteriores y sobre todo, en festivales. Como ejemplo vale recordar que se quedó con la codiciada Palma de Oro en la última edición del Festival de Cannes.
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Además, en Hollywood ya ha hecho historia al convertirse en el primer elenco de habla no inglesa en ganar el premio del Sindicato de Actores de Estados Unidos (Screen Actors Guild Awards, SAG).
El argumento de Parasite podría resumirse en la armonía y enfrentamiento de dos familias muy diferentes. Por un lado está el clan de Kim Ki-taek (interpretado por la estrella del cine coreano Song Kang-ho, a estas alturas, actor fetiche de Bong Joon-ho tras trabajar en cuatro de sus filmes) donde el matrimonio y sus jóvenes hijos sobreviven la miseria con empleos de mala paga, hasta que el hijo varón, Kim Ki-woo (Choi Woo-sik) consigue trabajo como instructor de inglés de una adolescente de una adinerada familia, los Park.
De a poco, el falso profesor de inglés conseguirá que la buena fortuna de tener un empleo bien remunerado como el suyo se extienda al resto de su familia, es decir que de alguna manera ese clan va “parasitando” a sus empleadores.
La manera en que la desfavorecida familia se acerca a los Park le sirve al director no sólo para mostrar los caracteres de sus personajes, sino las diferencias de clase que han marcado a los dos clanes. Al principio parece una asociación que sólo traerá beneficios para los más necesitados, donde la picardía no sólo los hace ingresar al mundo de los ricos, sino también empezar a saborear sus privilegios. Pero en un momento determinado de la película un suceso da un vuelco a todo lo que hemos visto: las sonrisas y la empatía que acompañaban al clan de Kim Ki-taek comienzan a borrarse. El director maneja a partir de ese momento los códigos de un thriller atrapante, que no dará respiro.
La narración, los escenarios, el impecable elenco (cada uno de los personajes está interpretado con ajustada precisión) hacen de Parasite una bocanada de originalidad en todos los sentidos posibles. Bong Joon-ho no sólo arriesga a mostrar las diferencias de clases, sino que su estética lo marca desde el inicio: la ventana del departamento de Kim Ki-taek da a una calle oscura, sucia, donde los borrachos van a orinar; en tanto que el ventanal del hogar de los Park da a un parque de un verde impecable. Cuando la lluvia sólo molesta los planes de los ricos, inunda por completo el hogar de sus empleados. Todo es diferente para estas familias unidas por azar.
Entre los temas recurrentes de Bong Joon-ho están las criaturas extraordinarias, que pueden infundir ternura (Okja) o terror (El huésped). En Parasite el director posa su mirada en las más temibles de todas ellas: los seres humanos. Y vale la pena acompañarlos en este fascinante viaje.


