Hay privilegios que no se entienden y mucho menos se justifican.
Que un grupo de legisladores haya tenido que concurrir al Arzobispado para entrevistarse con monseñor Carlos Franzini a los efectos de interiorizarse sobre los tremendos casos del instituto en Luján es inaceptable.
Lo que correspondía era que, igual que cualquier ciudadano, el máximo referente de la Iglesia Católica se presentase en persona en la Casa de las Leyes para dar las explicaciones acordes con su función eclesiástica.
El escándalo que envuelve a esa milenaria institución obligó a que rompiera su habitual mutismo para expresar la conmoción interna que han causado los numerosos hechos de abusos que trascienden día a día en la provincia y que ya son vox populi en el mundo.
Frente al impacto que provocó en toda la sociedad la acción de los curas pedófilos, el Arzobispado de no puede responder con medidas tibias.
Hasta ahora el oficio comunicacional del padre Marcelo De Benedectis ha servicio para blindar la figura de Franzini, pero los reclamos se multiplican y hasta los legisladores fueron cuestionados por haber accedido a trasladarse al Arzobispado.
Familiares y allegados de las víctimas exigen una presencia más activa del Estado respecto de la protección de los chicos abusados en el instituto de Luján y ampliar el control en otros albergues de la provincia donde, de acuerdo con los padres autoconvocados, ocurrirían situaciones igualmente aberrantes.
Ante los representantes de las comisiones de Desarrollo Social (Diputados) y de Educación (Senado), la Iglesia local se comprometió a que los futuros sacerdotes y monjas que traten con niños o personas mayores tendrán que realizarse estudios psicológicos y psiquiátricos.
¿Y los que actualmente realizan esas mismas tareas quedan fuera de ese imprescindible control? Respuestas que, entre otras tantas, debería dar Franzini si hubiera una actitud de apertura sincera, como la que periódicamente reclama desde Roma el papa .
Jueces que no pagan Ganancias. Fiscal que vacaciona con parte de enferma. Jefes de la Iglesia que no asisten a la Legislatura.
Todos, miembros del club de los privilegiados.