El debate contemporáneo sobre el proceso de desinflación en la Argentina suele empantanarse en la lectura ciega de los agregados estadísticos. El reciente informe del INDEC que sitúa la inflación general de septiembre de 2026 en un 1,9% mensual (33,4% interanual) y la inflación núcleo (core) en un 1,7% mensual (20,4% interanual) es recibido por la burocracia económica como la verdad definitiva del comportamiento del mercado. Sin embargo, para la ciencia económica fundamentada en la praxeología, estos índices adolecen de un vicio metodológico de raíz: asumen que el consumidor es un agente pasivo atrapado en una canasta de gastos fija y artificial.
La verdadera inflación minorista está más cerca de 1 que de 2
Bien medido, hay una consolidación en la baja de los precios minoristas en números cada vez más bajos, y el desafío será poder ver cifras todavía más bajas

La economía real tiene matices que a veces las estadísticas oficiales no muestran. Imagen ilustrativa.
Si analizamos la realidad bajo el prisma metodológico del IPC Austríaco Puro, el cual computa las transacciones reales en el momento exacto del intercambio voluntario y la capacidad dinámica de adaptación de los agentes, los vectores cambian de manera drástica. La inflación real general de la calle se ubicó en un 1,4% mensual (con un arrastre interanual del 21,2%).
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Más contundente aún es la radiografía del mercado de bienes puramente desregulados: desvestido el índice de la coacción tarifaria del Estado, el IPC Austríaco Core se posicionó en un 1,0% mensual, arrastrando la tasa interanual subyacente a un 12,6%. La brecha de más de siete puntos porcentuales en el dato núcleo anual revela que la pérdida del poder adquisitivo de la moneda viaja a una velocidad significativamente menor de la que el termómetro oficial pretende medir, lo cual, como lo hemos dicho en otras ocasiones, no es un problema del INDEC, sino de todas las agencias de estadísticas del mundo que miden los precios con visiones neoclásico-keynesianas, lo cual obviamente es un error científico importante.
La falacia de la canasta fija y la utilidad marginal
La teoría económica convencional opera bajo el supuesto analítico del ceteris paribus, construyendo un consumidor robótico. Las agencias de estadísticas asumen que, si un rubro específico experimenta un salto de precios -como ocurrió en septiembre con los componentes estacionales y los servicios regulados-, los hogares continúan adquiriendo exactamente las mismas cantidades relativas de dichos bienes, absorbiendo un empobrecimiento lineal y matemático.
Desde la perspectiva de Carl Menger y Ludwig von Mises, este enfoque ignora que el valor es una apreciación subjetiva y que las escalas de preferencia de los individuos son esencialmente dinámicas. Ante la alteración de los precios relativos en el mercado, los actores económicos ejercen de forma inmediata la Acción Humana: reordenan sus prioridades.
La elevación de un precio de lista genera una respuesta praxeológica de autodefensa. El agente libre desvía su demanda hacia bienes sustitutos (el ejemplo típico de hoy es el aumento del consumo de pollo y cerdo y la caída del consumo de carne vacuna), altera sus canales de abastecimiento hacia formatos directos de fábrica o mayoristas y suspende de manera deliberada la convalidación de los valores de pizarra en sectores no esenciales. Al modificar dinámicamente la estructura de sus consumos, los individuos le quitan los “picos” inflacionarios al promedio estadístico estatal. No hay un “nivel general de precios”; hay estructura de precios relativos y los agentes económicos actúan alterando sus valoraciones marginales en busca de un nuevo equilibrio en su presupuesto.
El sendero de la inflación anual móvil general
La tendencia de fondo del nivel general expone de forma directa el impacto acumulado de los últimos 12 meses móviles. La distancia entre ambas curvas mide la ganancia de eficiencia que los individuos libres capturan en sus transacciones en comparación con la rigidez teórica del índice gubernamental.
Arbitraje de medios de pago y el valor marginal de la liquidez
El segundo gran punto ciego de la metodología de todas las agencias de estadísticas radica en la homogeneización de la moneda. Para el encuestador oficial, un peso es un peso, independientemente del circuito en el que se realiza la transacción. En la economía real, sin embargo, la forma en que se liquida un intercambio voluntario determina la utilidad marginal de la unidad monetaria.
Durante el mes de septiembre, los mercados de bienes desregulados (como indumentaria, calzado y bienes de consumo durable) profundizaron una dinámica de segmentación de precios según el medio de pago. Ante la estabilidad del tipo de cambio y la necesidad de los comercios de mantener liquidez corriente, las transacciones liquidadas mediante dinero físico o “símil billete” (como pagar con “alias”, transferencias, etc.) capturaron descuentos estructurales feroces en el circuito independiente, eludiendo la carga tributaria e inflacionaria de la intermediación financiera formal.
A este fenómeno se suma el arbitraje digital masivo: la utilización de billeteras virtuales y aplicaciones bancarias con sistemas de reintegro inmediato y topes semanales de devolución actúa como un subsidio privado cruzado directo sobre el ticket final. El consumidor óptimo maximiza el rendimiento de sus saldos de caja operando exclusivamente en las ventanas temporales y de plataforma donde la moneda adquiere un poder adquisitivo artificialmente superior. Es este arbitraje praxeológico en el medio de pago lo que explica por qué el IPC Austríaco Core (1,0%) perforó la inercia del indicador core oficial (1,7%).
La purga definitiva del mercado libre (inflación núcleo móvil)
Al extraer del cálculo la distorsión del cuadro tarifario político y los choques estacionales de la naturaleza, la inflación núcleo anual móvil expone el verdadero estado del valor de cambio de la moneda. La pendiente demuestra la velocidad a la que el mercado libre se sanea cuando se apaga la expansión monetaria en un alto porcentaje.
La física del dinero: extinción del descalce Cantillon-Hume
Más allá de la microeconomía del comportamiento, la convergencia actual de los cuatro indicadores hacia la zona del 1% mensual responde a una estricta ley monetaria. La inflación es, siempre y en todo lugar, un fenómeno monetario derivado de la expansión de la oferta de dinero en tiempo real por encima de su demanda subjetiva en el mismo momento. El aumento de precios en las góndolas es simplemente su efecto tardío; es decir, en realidad, ningún IPC es inflación: es simplemente una forma de intentar medir variaciones de precios, muy mala si es la tradicional neoclásico-keynesiana, correcta si es praxeológico-austríaca.
Durante el ciclo económico precedente, la Argentina operó bajo un severo rezago temporal (el descalce Cantillon-Hume). El Banco Central emitía dinero espurio de forma primaria para financiar el déficit fiscal y de forma secundaria mediante el interés compuesto de sus pasivos remunerados. Ese dinero nuevo entraba al sistema de forma desigual, beneficiando primero a los primeros receptores y distorsionando las señales de precios relativos. Al destruirse la confianza institucional, la demanda de dinero se desplomó y la velocidad de circulación se multiplicó, forzando la violenta purga hiperbólica que experimentamos a comienzos de 2024, cuando los precios corrieron muy por encima de la emisión del momento para licuar el stock sobrante de pesos.
En septiembre de 2026, el rezago monetario latente se ha reducido enormemente. Bajo un esquema de superávit fiscal financiero inquebrantable y con el balance del Banco Central casi completamente saneado de pases y puestas cambiarias, la emisión espuria ha dejado de existir, y hoy sólo queda la que se hace para compras de reservas. Por lo tanto, la leve aceleración del IPC general del INDEC al 1,9% (explicada por la suba del 3,1% en el rubro Vivienda y servicios públicos) no representa una degradación del valor intrínseco del peso. Es una corrección necesaria de precios relativos regulados que se encontraban políticamente atrasados. En el mercado libre desregulado, la escasez real y la utilidad marginal mandan, y allí el dinero va recuperando su función soberana de reserva de valor.
Los riesgos por el lado de la demanda de dinero ante el menor susto de volver al pasado siguen estando por el historial argentino. Claramente, el proceso es día a día.
En pocas palabras
- Inflación minorista: según el autor, se consolida en cifras mensuales cercanas al 1% en el mercado libre, de acuerdo al IPC Austríaco Puro.
- Metodología: El INDEC publica cifras oficiales (1.9% general, 1.7% núcleo) que no consideran la adaptación del consumidor ni el arbitraje de medios de pago.
- Perspectiva: La verdadera dinámica inflacionaria se observa en bienes desregulados (1.0% core) por la adaptación del consumidor y descuentos en pagos físicos.