En los campos del interior argentino, donde el suelo es recurso y preocupación, un grupo de científicos decidió mirar al problema desde otra perspectiva y dieron con una solución perfecta para la agricultura.
Convierten un residuo común en fertilizante y mejoran la agricultura, según el INTA
Este ferlizante nuevo promete cambiarlo todo y revolucionar el mercado de la agricultura. Todos los detalles
No se trató de una idea abstracta sino de una respuesta concreta a la presión que sufren los suelos y a la necesidad de alternativas más sustentables para la producción agrícola. Y así nació Biopellet, una innovación que hoy promete mejorar la agricultura sin recurrir exclusivamente a insumos químicos tradicionales.
Convierten un residuo común en fertilizante y mejoran la agricultura, según el INTA
El proyecto fue desarrollado por investigadores del INTA, junto con especialistas del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), en el Parque de Tecnología Ambiental de San Juan. El objetivo de esta solución para la agricultura fue aprovechar compost local, convertido a partir de residuos orgánico, para transformarlo en un biofertilizante pelletizado.
Este insumo práctico, económico y de fácil aplicación en el campo. No es compost suelto ni estiércol sin tratamiento, sino pequeños pellets con materia orgánica, nutrientes esenciales y microorganismos benéficos que actúan sobre la dinámica del suelo.
El nuvo fertilizante que promete cambiarlo todo
Probado en ensayos a campo con cultivos como tomate, vid, forrajes y hortalizas, Biopellet demostró resultados alentadores. Los suelos tratados con este biofertilizante mejoraron su estructura, aumentando la disponibilidad de nutrientes y favoreciendo la productividad de los cultivos. Esto se traduce en un rendimiento más eficiente y potencialmente mayor producción por hectárea, sin que el productor tenga que depender únicamente de fertilizantes químicos costosos o difíciles de adquirir.
Más allá de su impacto agronómico, el desarrollo tiene un componente de economía circular. El residuo deja de ser un pasivo ambiental para convertirse en un insumo estratégico, generando empleo local y reforzando la competitividad de las regiones productivas. Según estimaciones del INTA, el mercado inicial donde este biofertilizante puede ser adoptado supera las 345.000 hectáreas en la región de Cuyo, con posibilidades de escalar aún más si se consolida la producción a gran escala.