“Estamos creando una nueva era llamada glocalización. La tecnología cero emisiones de esta tercera revolución será tan barata que nos permitirá crear nuestras propias cooperativas y nuestros propios negocios tanto física como virtualmente. Las grandes compañías desaparecerán” (Jeremy Rifkin) 

En la barca, mar adentro 

La pandemia provocada por el COVID-19 viene acompañada de una crisis económica sin precedentes, que afecta tanto a la oferta como a la demanda, a los sectores financieros como a la economía real, y es más producida por una mala resolución de la crisis del 2008 que por la propia pandemia. Aquellos países que decidieron aferrarse a un mercado que autorregule la crisis y la resuelva por sí sola, no sólo parecen estar fracasando en el intento sino que también exacerbaron, en sus países, la expansión de la enfermedad producida por el virus y, con ello, las cifras de enfermos y muertos. Nos encontramos ante el choque de “tres placas tectónicas”, a saber, la tecnológica hacia sociedades 4G, la transición demográfica hacia sociedades más envejecidas, y el cambio climático con su camino hacia formas productivas más sostenibles, ahora también atravesado por la doble crisis sanitaria y económica (1). 

En este escenario global, con los distintos matices que presenta cada país, más allá de la acción de la RSE, las ONGs y las dádivas filantrópicas, como en la crisis del ´30, lo que aparece y sobresale es la figura del Estado como un gran actor esencial que gestiona, articula y ejecuta las políticas públicas necesarias para salvaguardar la vida de sus ciudadanos y atenuar la caída del ciclo económico producido por una gran recesión. Reaparece el valor de lo público y aflora, además, una sociedad de la solidaridad y del cuidado, que se expresa en la construcción y el despliegue de un poder infraestructural que se alinea con el poder político para la resolución de los problemas, como sostiene García Delgado (2) . En Argentina, por otro lado, esto es posible gracias al liderazgo político y la capacidad estratégica del actual presidente argentino, Alberto Fernández. 

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Tanto a nivel global como localmente, asistimos a una experiencia de aislamiento, incertidumbre y sociedad del control, que se expresa con distintos matices y de diferentes modos. La posmodernidad neoliberal ya nos había acostumbrado a la incertidumbre en diversos órdenes de la vida aunque ahora también afecta a los grandes agentes económicos. Los recientes toques de queda latinoamericanos, como un recuerdo al pasar de las viejas dictaduras setentistas, parecerían haber sido el preámbulo de las cuarentenas del encierro sanitario, mientras que el control digital de la pandemia a través de la utilización de instrumentos de la inteligencia artificial y de la tecnología de la información y las comunicaciones en los países orientales asusta a más de un occidental no acostumbrado a esas pautas culturales. 

El gran interrogante es si, cuando finalice la pandemia, el planeta seguirá por allí, profundizándose hacia una sociedad poscapitalista altamente autoritaria, aislada, insegura y controlada, con una mayor concentración de la riqueza y una amplitud de la desigualdad económica, o si, por el contrario, seremos capaces de generar otra cosa. Por ejemplo, una sociedad con un Estado activo, con un proyecto de justicia social, con equidad distributiva y tributaria, camino hacia un desarrollo sostenible y un modelo productivo con agregado de valor, generación de empleo y mejora de la calidad de vida. 

¿Nos subimos al tren que viene? 

¿Qué viene entonces después de la pandemia? ¿Será acaso el fin de la globalización neoliberal y el modelo de financiarización de la economía, que rige desde 1973 con la crisis del petróleo y el golpe de Estado en Chile como primer experimento global? ¿Será quizás el paso a una sociedad con otra conciencia y valores, en torno de los vínculos y cuidados personales, de los bienes públicos, la solidaridad, el bienestar, la salud, la educación, el ambiente, el hábitat, el territorio? ¿Avanzaremos hacia una multilateralidad progresiva a nivel global, con acuerdos entre los principales líderes del Norte y -lo recalcamos- también del Sur? 

Nos preguntamos si podremos generar un Green New Deal, que aspire a desarrollar el planeta en base a energías limpias renovables, provistas por el sol y el viento e intercambiables entre los diferentes usuarios, con un modelo digital de cero emisiones, nuevas actividades y nuevos empleos, con “nuevas soluciones glocales para desarrollar las infraestructuras de energía, comunicaciones, transporte, logística” entre otras, como sostiene Jeremy Rifkin (3) . Sí, estamos seguros que los cambios laborales, derivados del uso de las nuevas tecnologías en tiempos de pandemia, han llegado para quedarse y eso influirá en las relaciones futuras entre capital y trabajo a nivel global y local. Se avizora una nueva era de la glocalización (4) , cuyos procesos partirán de la base de “pensar globalmente resolviendo localmente”, generando un nuevo orden social global, más igualitario y solidario, más humano, apoyado en las cercanías, en los territorios locales y en un desarrollo “desde dentro hacia afuera”, en línea con varios pensadores latinoamericanos (5) . 

En ese sentido, el gobierno nacional, de la mano de Matías Kulfas (6) , ha dado señales de adherir y promover al Green New Deal, fortaleciendo las cadenas de valor de los sectores vinculados a este nuevo modelo de desarrollo. En ese sentido, las pequeñas y medianas empresas junto al movimiento cooperativo, están llamados a ser los verdaderos protagonistas de esta nueva etapa de la historia económica global. Debemos ir hacia una economía de la solidaridad, con el ojo puesto en el cuidado de nuestra casa común mediante la implementación de una ecología integral, donde las cooperativas serán las empresas del futuro, como sostiene Joseph Stiglitz en línea con el Papa Francisco (7) . Asistiremos quizás al fin del hiperconsumismo posmoderno y al inicio de una nueva era del posdesarrollo, donde las teorías andinas del buen vivir, en comunión con nuestra Madre Tierra, cobran ahora nuevas fuerzas. 

Mendoza se encuentra en un estado crítico de situación social y económica, con un gran peso financiero producto del endeudamiento realizado en los últimos cuatro años, con una matriz productiva agotada, y con un necesario e impostergable replanteo de su modelo de desarrollo. Urge, por parte del Estado mendocino, tener una visión estratégica del territorio, apuntando hacia un modelo de desarrollo que permita acrecentar la recaudación provincial con recursos genuinos. Está, en nuestra dirigencia política fundamentalmente pero también en la dirigencia social y empresarial, la decisión de seguir estancados en el mismo pantano o, cuando termine la cuarentena y todos volvamos a la plena actividad, apuntar a un cambio en línea con lo que se viene a nivel nacional y global. Para ello, nuevamente, sostenemos que es fundamental actores y protagonistas que, más allá de su formación y la adhesión a una mirada estructural sobre el desarrollo económico, tengan liderazgo político, flexibilidad para el manejo de las situaciones, facilidad en la construcción de consensos y capacidad de visión estratégica territorial. 

* Martín Sánchez es consultor en sostenibilidad y desarrollo territorial, profesor titular de la cátedra de Urbanismo de la carrera de Arquitectura y profesor invitado de la maestría de Gestión Ambiental y Territorial en la Universidad de Congreso. 

CITAS

 1 Ver “El mundo ya no va ser igual (Parte 3): La sociedad del aislamiento, la incertidumbre y el control”, por Daniel García Delgado (Director del área Estado y Políticas Públicas de FLACSO Argentina) en: http://politicaspublicas.flacso.org.ar/2020/04/23/parte3/ 

2 Idem anterior. 

3 Ver “Jeremy Rifkin: Estamos ante la amenaza de una extinción y la gente ni siquiera lo sabe”, entrevista en: https://theconversation.com/jeremy-rifkin-estamos-ante-la-amenaza-de-una-extincion-y-la-genteni-siquiera-lo-sabe-136986 

4 Se refiere a un término atribuido a Roland Robertson y Ulrich Beck y acuñado por autores contemporáneos como Manuel Castells que remite a “pensar globalmente y actuar localmente”. 

5 En línea con muchos pensadores del estructuralismo latinoamericano como Osvaldo Sunkel o Martín Hopenhayn. 

6 Ver “La economía después de la grieta”, por Matías Kulfas (Ministro de Desarrollo Productivo de la Nación) en: http://revistaanfibia.com/ensayo/la-economia-despues-la-grieta/ 

7 Sobre el pensamiento del Nobel de Economía y la economía de Francisco ver: Francisco, P. (2013). Evangelii Gaudium: Sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual (1° ed.). Buenos Aires: Conferencia Episcopal Argentina - Oficina del Libro. 

Francisco, P. (2015). Laudato si: sobre el cuidado de la casa común (1° ed.). Buenos Aires: Conferencia Episcopal Argentina - Oficina del Libro. 

Francisco, P., & Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos. (2019). Amazonía: nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral (1° ed.). Buenos Aires: Ágape Libros. 

Stiglitz, J. (14 de Mayo de 2019). Papa Francisco: Mejorar la economía para evitar el suicidio de la humanidad. (P. Ynestroza, Ed.) Recuperado el 10 de Febrero de 2020, de Vatican News: https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2019-05/scholas-occurrentes-jovenes-papa-franciscoencuentro-economia.html 

Stiglitz, J. (4 de Octubre de 2017). Repercuten aún en el mundo los conceptos formulados por Joseph Stiglitz acerca del cooperativismo. (R. Molina, Ed.) Recuperado el 12 de Febrero de 2020, de Prensa Cooperativa: http://prensacooperativa.net/repercuten-aun-mundo-los-conceptos-formulados-josephstiglitz-acerca-del-cooperativismo/

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