Domó un caballo, pero no la conciencia

Por UNO

Noelia Ponce se consagró bicampeona del Festival de Jesús María, luego de una competencia que se extendió por tres jornadas, días atrás. Sabe, pero no le gusta cocinar. No lo hace como demostración de amor, como muchos insisten en calificarlo. Lo hace porque no le queda otra, como tantas otras mujeres que tienen a cargo el quehacer doméstico, por el cual encima no tienen ningún tipo de remuneración.

Es santafesina. Vive junto a su pareja y su hijo de 5 años y heredó de su padre, Juan Ponce, la destreza de montar a caballo. Es una de las únicas nueve mujeres que compitieron (había representantes de Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires, una de Brasil y otra de Chile). Montaron tres noches. Noelia ganó la categoría Criolla Argentina, que se incorporó al famoso festival recién en 2015. Para la prueba, deben permanecer al menos ocho segundos arriba del caballo.

Es la segunda vez que se lleva a su casa una cocina. "Cocino por obligación", expresó momentos después de recibir el premio. Además del artefacto, en el Festival de Jesús María le dieron 25.000 pesos y una medalla de plata. Mucho menos que los 45.000 pesos que embolsó el ganador masculino y la medalla de oro que se llevó a su hogar.

Más allá de lo tradicional de las domas y jineteadas, mucho hay por analizar sobre el maltrato que los animales reciben en este tipo de espectáculos, y no será en la columna de hoy.

No es fácil para una mujer trabajar en el campo, y mucho menos abrirse paso y ocupar un lugar preponderante. El machismo, arraigado en muchos estamentos de la sociedad hace mella con fuerza en el sector rural. Los festivales de doma y jineteada son espacios en los que el "campo" se expresa, y tal vez por eso, aunque cause asombro la falta de tacto de los organizadores, no sorprende tanto la decisión del regalo, porque simboliza el pensamiento y accionar de muchos.

El mensaje es claro, más allá de que ahora los organizadores le atribuyan la decisión de regalar una cocina a sus sponsors. En un ambiente de machos, la paisana deberá recoger sus glorias, agradecer los aplausos y replegarse en el lugar del que nunca debió salir.

Vaya a saber cuántas burlas debió soportar hasta hoy Noelia para llegar a donde está. El hombre y su caballo son figuras centrales en las jineteadas, las mujeres con sus animales para muchos probablemente sean un adorno, incluso serán más rigurosos a la hora de analizar una falla, una caída antes de tiempo o algún olvido.

El desafío para Noelia, sus pares domadoras y para las mujeres en general será ya no domar caballos, sino domar conciencias. El revuelo que se armó ante la entrega del artefacto indica que hay una cultura patriarcal, sostenida por siglos y siglos, que de a poco se va abandonando. Pero falta mucho más, por ejemplo que alguien de la organización levante la voz para que la participación de la mujer siga creciendo, y sobre todo que se analice el rol de la mujer en el espectáculo, la igualdad de riesgos y de destreza con el hombre a la hora de subirse al caballo y su preparación para la ocasión.

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