Crecimiento notable

Cómo lo hizo: China se convirtió en pocas décadas en la segunda economía del mundo

Allá por 1990, cuando la economía china venía registrando un crecimiento del 9 % en los últimos 10 años, muchos expertos no creían que ese impulso podría continuar por mucho tiempo, recordaba el economista Justin Yifu Lin en un discurso de 2011.

Sin embargo, China continuó creciendo a un ritmo similar por otras tres décadas y su tasa media de crecimiento del PBI alcanzó un 9,4 % de 1978 a 2018, el más rápido del mundo.

Hoy nadie niega que ese logro destacado pueda atribuirse al impulso de apertura y reforma del país, lanzado a fines de la década del 70; pero antes de realizar esa maniobra histórica, el país había tenido que hacer un gran esfuerzo para buscar la manera de salir de la pobreza y el subdesarrollo después de la fundación de la República Popular China en 1949.

En ese entonces, el país era pobre y económicamente subdesarrollado, con una gran cantidad de personas viviendo en la miseria. La producción económica de China estuvo prácticamente estancada de 1913 a 1950, con un crecimiento medio del PBI de un -0,02 %, comparado con el promedio global de 1,82 %.

Para erradicar la pobreza y alcanzar un desarrollo rápido, la República Popular China recientemente fundada optó por construir un sistema regulatorio económico planeado de forma central. Aunque el sistema terminó ahogando la vitalidad del trabajo y la producción y no pudo distribuir los recursos de una forma eficaz, China logró alcanzar un crecimiento mucho más rápido y construyó un sistema industrial relativamente integral que creó las bases para su despegue económico a principios de la década del 80.

De 1952 a 1978, el crecimiento del PBI anual de China promedió el 4,4 %, ligeramente menor que el promedio global de 4,6 %.
Para fines de los 70, los legisladores estaban plenamente conscientes de los defectos del sistema económico planeado y el daño de las maniobras políticas anteriores, que afectaron seriamente la actividad económica normal. Como resultado, cambiaron el foco al desarrollo económico y se embarcaron hacia un nuevo camino, una reforma orientada por el mercado, en un intento por acelerar el crecimiento.

El camino demostró ser irregular, pero dio sus frutos. Al alentar a los agricultores a aumentar la producción agrícola a través del sistema de responsabilidad doméstica, liberalizando gradualmente el sector estatal y dando lugar al crecimiento de las empresas privadas y la entrada de inversores extranjeros, China pudo alcanzar un crecimiento del PBI del 9,4 % anual de 1978 a 2018. “El crecimiento sin precedentes permitió que China se recuperara en 40 años”, señaló Cai Fang, economista y subdirector de la Academia de Ciencias Sociales de China.

Por su parte, Martin Raiser, director del Banco Mundial para China, sostuvo: “El crecimiento de China se destaca por la velocidad y por la duración de su fase de alto crecimiento. Ningún otro país ha crecido tan rápido por tanto tiempo”.

Ahora, el país es la segunda economía más importante del mundo, el exportador más grande de bienes y el segundo inversor global más importante en términos de valor de inversión directa. También es el contribuyente más grande al crecimiento global, representando aproximadamente el 30% de la expansión anual de la economía del mundo.
Además, China ha reducido la cantidad de personas pobres que vivían en su territorio en 740 millones durante las últimas cuatro décadas.

La importancia del éxito económico de China no solo se relaciona con su contribución al crecimiento global o la causa de la reducción de la pobreza: “Tal vez la mejor lección que los países pueden aprender de China es que no hay modelos de desarrollo de un solo tipo que sean apropiados para todos”, señaló Raiser. “Cada país debería estudiar cuidadosamente la experiencia disponible y adaptar las políticas a sus propias necesidades”. Continuó diciendo que otros países pueden no tener las mismas condiciones para el crecimiento económico que posee China, como las tasas de ahorro altas y un stock sólido de recursos humanos y, por lo tanto, no pueden copiar ciegamente su modelo.

Lin, ex economista en jefe del Banco Mundial, consideró que la forma de China de lidiar con la reforma era un “enfoque pragmático”. “El resultado era alcanzar la transición sin lágrimas”, señaló. “Se basó en el reconocimiento por parte del gobierno de que las reformas detonantes podrían ser contraproducentes. Era necesario dejar que las empresas privadas prosperaran donde fuera posible y continuar apoyando a las empresas estatales mientras se las reformaba gradualmente”.

Cai sostuvo que las experiencias de reforma, apertura y desarrollo de China y sus sugerencias constructivas para el gobierno y la creación de normas orientadas al desarrollo global fueron una contribución de recursos públicos al mundo. “China no busca hegemonía ni exporta su modelo de desarrollo, pero su evolución, sabiduría y plan son muy importantes para el mundo”, señaló.

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