Esa manía de convertir las instituciones en empresas familiares hizo eclosión en San Juan, donde José Luis Gioja se prueba el traje de “eterno”.

Fiero destape de los hermanitos

Shakespeare ha sido regurgitado en San Juan. Una historia de fiera pasión por el poder se ha desatado entre hermanos en la tierra de los Gioja y de las chinas del Albardón.

El gobernador José Luis Gioja ha sido acusado por su hermano, el senador nacional César Gioja, de alzarse contra las leyes para modificar la Constitución a su antojo con el solo fin de acceder a un tercer mandato, hoy vedado.

Lo que César no dice es que, siguiendo ese particular y antidemocrático reparto de cargos que practican muchas familias políticas, ahora la Gobernación le debía tocar a él.

Dejé la leche en el fuego

Pero José Luis Gioja, quien ya lleva dos gobernaciones seguidas y es master en avivadas, parecería querer dejar a su fratello en la estacada, porque, según dice, a él todavía le queda mucho tiempo para terminar su obra. Y si para eso hay que meterse con la Constitución, qué problema hay.

Es la civilidad la que debería poner en caja estas movidas que se registran en diversas partes del país con esos políticos que están convirtiendo en empresas familiares algunas instituciones democráticas.

Las sabias leyes republicanas ordenan la alternancia en el poder y no el traspaso de cargos entre familiares de sangre. Hace dos siglos que este país se expresó en contra de la monarquía y del traspaso de canonjías y tronos entre parientes. La única excepción monárquica que aceptamos es la elección de la reina de la Vendimia.

Digo lo que quiero

El disparate central en el que se basa Gioja para reclamar la modificación de la Constitución sanjuanina es, decíamos, que el gobernador afirma que necesita mucho más tiempo para “profundizar el modelo”, como le enseñaron los kirchneristas.

Gioja, por ejemplo, parece decirnos que no necesita que nadie le venga a revisar su política minera. Así esa actividad sanjuanina sea la mejor y la más moderna del mundo, la minería, como la mujer del César (la del histórico romano, no la del senador), no sólo debe ser decente, sino parecerlo, es decir, estar dispuesta a controles científicos regulares y rigurosos a fin de evitar caer en la contraparte de quienes niegan cualquier tipo de minería.

Mi lucha

Sería una pena y un castigo para los sanjuaninos, cree el gobernador Gioja, si él tuviera que dejar la gobernación por haber cumplido sólo los dos mandatos que le permite la tacaña Constitución. Ese es el centro del espiche del avispado mandatario.

¡Ah, tigre, qué pena no poder admitir la verdad! En realidad, todo parece indicar que si él no se queda en el poder, lo que realmente no se completarán son ciertos proyectos propios.

Sabiamente, la concepción republicana asienta en los partidos políticos y no en los apellidos la posibilidad de continuar gobernando.

Si Gioja cree que él ha hecho un gobierno excelente, es su partido el que debe continuar esa obra, previo discutir con sus afiliados si efectivamente ésa es la política que el Estado sanjuanino necesita. Eso es democracia. Lo que propone Gioja es personalismo. Es empresa privada, que tiene otras reglas.

Caín y Abel SA

Lo de San Juan nos debe poner en alerta en Mendoza. Debemos estar muy atentos a lo que ocurre en ciertos municipios en los que los familiares de sangre insisten en heredar los cargos. O en esos otros organismos en los que el resto de familiares ocupan puestos públicos sin ningún pudor, avalados sólo por el dedo de ese funcionario que cree tener derechos para conchabar parentela a destajo con plata ajena.

Si alguien es electo por el voto popular, ello no lo faculta para que lleve a su mujer al rol de funcionaria y a sus hijos y cuñados de asesores y secretarios, como hacen muchos en los poderes provinciales, comunales y en el Legislativo.

Con esa extendida costumbre, muchas de dichas familias (sin contar lo que se va en amantes o novias, porque esas vienen “en planilla adjunta”) se levantan una interesantísima suma de dinero mensual sin que ningún jefe molesto los controle ni tengan que rendir examen alguno de admisión ante un gerente de recursos humanos.

Pero no sólo eso, sino que esas familias pasan a manejar todos los hilos del entramado de una repartición tan importante como un municipio, desde las compras hasta el reparto de los planes sociales. Es decir, manejan la caja.

Rajá, control

Una de las características salientes de los gobiernos de familias, aquí y en la China, es que degradan los órganos de control, los que ya de por sí vienen muy devaluados, en especial los concejos deliberantes en los que “no hay nada más oficialista que un concejal de la oposición”.

Lo llamativo en el caso de José Luis Gioja, y que su hermano César se lo ha enrostrado sin ambages, es que el habilidoso gobernador se cansó de criticar el gobierno “eterno” de los hermanos Rodríguez Saá en San Luis.

El PRI, cerquita

La dupla puntana del Alberto y el Adolfo ha burilado una dictadura casi perfecta, envuelta en ropaje democrático, que los habitantes de ese “otro país” sostienen bajo el pretexto de que “roban, pero hacen”. Algo parecido a lo que sostuvieron durante décadas los mexicanos con el PRI, bajo el pretexto de que eran los guardianes de la Revolución.

San Luis es una formidable empresa de los hermanos Rodríguez Saá que controla, como un gran hermano, todos los negocios y contratos del gobierno sin que a ningún órgano de control, juez o fiscal se le ocurra meter las narices.

¿Y la prensa puntana, dirá usted? El Alberto y el Adolfo también son propietarios de los principales medios.

Pero la culpa nunca es sólo del cerdo. Si en 30 años en que los Rodríguez Saá han manejado a destajo la hacienda pública puntana no se ha generado en San Luis una oposición sensata y auditadora, pues entonces eso no habla muy bien del estado de la civilidad en ese Estado vecino.

Family ¿in?

Las familias manejando el poder es algo de temer. La Constitución mendocina, que no permite la reelección del gobernador, nos viene salvando de esos estropicios que estamos viendo en San Luis y San Juan.

En la actual sociedad, la familia viene cada vez más con características novedosas: hoy la familia tradicional comparte con la familia ensamblada, con familias disfuncionales e incluso ahora con la familia de personas del mismo sexo.

Todas ellas son la expresión de la realidad y de la necesidad de seguir manteniendo ese ancestral núcleo social.

Pero cuídese de las familias políticas. Y muchísimo más si están en el poder y sin atisbos de respetar la alternancia de cargos. Esas, sin ninguna duda, meten miedo.