Muchas veces el “pudor” se torna en una sensación paralizante que toma el control de las demás emociones y limita las decisiones. Cómo afrontarlo según los expertos

Cómo afecta la vergüenza al amor y la creatividad

Por UNO

Para algunas personas, expresiones como: "¿Qué te pasa?", "Así nunca vas a tener éxito", "¿No podés hacer nada bien?", fueron moneda corriente durante su infancia o adolescencia, justo en esas etapas claves para la construcción de la personalidad que inevitablemente significan cambios en comportamientos futuros.La timidez, la soledad o la marginalización están estrechamente relacionados con este sentimiento que paraliza y que estuvo mucho tiempo ignorado por los especialistas porque, la vergüenza, era un campo de estudio olvidado dentro de la psicología. En la actualidad, sin embargo, se ha vuelto cada vez más evidente cómo la vergüenza tóxica ahoga el autoestima, la intimidad y la creatividad.

 

Vergüenza sana y vergüenza tóxica

Dentro de los avances en el estudio de la vergüenza, uno fundamental es la distinción que realizan muchos psicólogos y autores sobre la vergüenza sana y la vergüenza tóxica.

Lo que podría entenderse como "vergüenza sana" es la sensación de arrepentimiento o culpa por haber hecho algo que va en contra de los propios valores y creencias, mientras que la vergüenza tóxica describe lo que experimenta una persona cuando se siente imperfecta o defectuosa y que, por lo tanto, no merece amor ni respeto. Básicamente la diferencia entre "hice algo malo" y "soy malo".

Cuando estos conceptos están claramente definidos y entendidos, es muy útil para un análisis aunque naturalmente, resulta difícil para una persona poder distinguir cual de las dos siente o si incluso, oscila entre ambos.

Thomas Scheff, sociólogo de la Universidad de California en Santa Bárbara, identificó la vergüenza como la "emoción principal" (o master emotion en inglés) porque es reguladora de otros sentimientos. "Cada vez que la vergüenza entra en escena, inhibimos la libre expresión de la emoción, con excepción de la ira. La vergüenza es la emoción más difícil de admitir y descargar", explicó. 

Esta emoción principal contamina la capacidad de sentir y expresar otras emociones; "es una cuota de frialdad a nuestra vida repleta de sentimientos", describen los expertos. Al momento que el cuerpo es invadido por la tristeza o el miedo, la vergüenza actúa indicando que no está bien ser vulnerable o mostrar debilidad y se activa automáticamente una preocupación por la perspectiva de otras personas.

Cuando alguien sufre una pena profundamente retenida, es una sensación íntima muy difícil de manejar que además cuesta reconocer. Es esa sensación persistente de que algo anda mal, que se puede ser imperfecto, defectuoso, indigno o menos valioso y que puede dañar paulatinamente el autoestima y desembocar en una profunda depresión.

Como resultado de la influencia de la vergüenza tóxica, todas las acciones se ven influenciadas por el temor de recibir críticas y ser marginados. En ese momento comienza la creación de un "falso self" (o un "falso yo", como lo describe el célebre psicoanalista inglés Donald Woods Winnicott) que se produce con la esperanza de ser aceptado y querido.

Lamentablemente, durante ese proceso de creación de una falsa versión de uno mismo, la personalidad real se aleja cada vez más de la personalidad inventada privando a la persona de disfrutar lo que realmente desea. Por esta razón, la expresión propia está absolutamente limitada y la apertura hacia otras personas también, generando un conflicto en el ámbito social.

¿La vergüenza debe curarse?

La vergüenza se cura cuando se reconoce cómo se siente. "Cuando estamos a punto de expresar algo que es verdad para nosotros y sentimos que se endurece el estómago o que no podemos respirar, probablemente esa sea la vergüenza. Tal vez nos damos cuenta cuando oímos la voz de nuestro 'crítico interno' que intenta frenarnos para evitar sentirnos mal o tontos", señaló John Amodeo, erapista familiar, autor de varios libros sobre relaciones humanas y familiares.

Y añadió: "Un paso importante es no avergonzarse de nuestra vergüenza. Experimentar vergüenza es simplemente parte del ser humano e incluso tiene un lado positivo, nos dice cuando hemos violado los límites de nuestra propia integridad o cuando hemos lastimado a alguien debido a la falta de sensibilidad. Los sociópatas son desvergonzados, porque no sienten ningún tipo de vergüenza". 

Con el tiempo, es importante poder identificar los momentos en que se siente vergüenza para tomar distancia de ella y evitar que sea tan abrumadora y paralizante. "No hay que identificarse con ella: tenemos vergüenza pero no somos la vergüenza", explicó Amodeo.