Diario Uno > UNO Di·Vino > Vinos

Vinos: mucho más que Carménère

Si bien es su cepa de bandera, Chile sorprende por la abundancia de sus propuestas en vinos blancos y tintos ligeros.

Un recorrido enoturístico para conocer lo mejor de los vinos de Chile en cuatro días a puro mar y montaña. La primera etapa de este circuito de degustación de vinos blancos y tintos ligeros chilenos se puede empezar parando un par de noches en Santiago de Chile. En mi caso, tuve la opción de contar con una experimentada guía local: Marlene Salinas. Pero para los que no cuentan con esa opción, esta nota los podrá ayudar a poder armar el circuito por sí solos.

Día 1

Te puede interesar...

Lo mejor para el primer día es arrancar visitando una bodega accesible en subte desde el centro de Santiago: Cousiño Macul. Desde donde se encuentre, se debe tomar la línea 4 del Metro y bajarse en la estación Quilín en el barrio de Peñalolén. De allí, son como unos 2 km. derecho por la avenida Quilín hasta el Parque Cousiño Macul, donde se encuentra la viña que lleva el mismo nombre. Lo ideal es reservar con anticipación y mi consejo es tomar el Tour Tradicional, que dura un poco más de una hora y tiene un valor de US$18. Recomiendo este tour, dado que es el más económico y corto, y es suficiente para degustar los vinos ligeros que propone la bodega, objetivo de este recorrido. El mismo incluye una copa de bienvenida, que en mi caso, fue el Riesling de la línea Isidora, una opción refrescante para la tarde de verano u otoñal: dada su alta acidez, sus notas de manzana verde, pomelos, flores de acacia y un toque de fruta tropical. Para entender la historia de esta familia que compró tierras en este lugar del Valle del Maipo hace 500 años, copa de rosado en mano, nada como disfrutar de las viñas escuchando el relato de los Cousiño Macul. Mientras disfrutaba las notas de pomelo rosado, ciruela roja y frambuesa así como la textura sedosa de este rosado de Merlot, el guía nos fue acompañando hasta llegar a la bodega, para visitar y entender sobre las técnicas de vinificación. El recorrido terminó sentados en una mesa bajo un parral, degustando diversos vinos de la histórica bodega.

thumbnail_7BD8ED8E-961E-4573-B1F8-4AAEC96DD5F8.jpg

Día 2

Para el segundo día, el plan, ya con auto alquilado, es ir hasta la bodega Santa Rita, que se encuentra a solo 45 minutos de auto de Santiago, en la zona de Alto Jahuel. Si tiene un presupuesto holgado, recomiendo quedarse en el hotel Casa Real, que se encuentra entre las viñas, y tomar alguno de los 15 recorridos eno-turísticos que propone la bodega (van desde 18 a 48 dólares). Puede elegir entre un tour en el pedal bar “pedaleando” en grupo en un bar ambulante, hacer un picnic en las viñas, tomar un curso especializado en Carménère, y terminar almorzando en el restaurante Doña Paula. De otro modo, si se tiene uno presupuesto mas apretado, un paseo de un día es suficiente para conocer el lugar y degustar varios vinos de forma libre. Para esta propuesta no hay que hacer reserva previa y está abierto de 10 a 18 horas. Luego de dejar el vehículo en el estacionamiento, hay que tomar un mini bus interno y bajar al final, en la tienda, la cual tiene un patio con mesas que funciona tipo bar de vinos y donde se pueden comprar flights de degustación y tomarlos sentados en las mesas del jardín interno. Dado que Santa Rita produce vinos de distintas cepas y regiones de Chile, puede ser una ocasión para hacer un viaje enológico de Norte a Sur sentado a la sombra del patio histórico de la bodega. En ese sentido, recomiendo empezar por al Chardonnay de la línea Casa Real Gran Reserva, el cual viene de la región norteña de Coquimbo. A mi modo de ver, los Chardonnay más elegantes de Chile se producen en este región fresca, la cual se encuentra a solo 30 kilómetros del la costa del Océano Pacífico, y recibe así una fuerte influencia de las brisas frescas del océano acompañadas con nieblas matinales. Cabe señalar que el clima se mantiene siempre fresco; no hay que olvidar que una tarde de pleno enero aquí suele hacer no más de 20º C. Estos factores naturales, como noches y mañanas frescas, inciden en la buena acidez del vino, sus notas de cítricos y casi salinas, en tanto que las tardes secas y soleadas harán desarrollar algunos indicios de fruta tropical. En caso que estén tentados por un tinto un poco más estructurado, recomiendo el Syrah de la misma línea, proveniente de las terrazas del Valle de Limarí, el cual los va a sorprender por su buena acidez, mucha fruta negra fresca y crocante, especias y textura sedosa, con una madera elegantemente integrada que aporta aún más especias. Este es un excelente ejemplo de los llamados “Syrah de clima frío”, los cuales se caracterizan por su lado especiado y mineral, y que Chile está apuntando a elaborar cada vez más. A veces se los compara con los vinos a base de Syrah del norte del Valle del Ródano en Francia, por su perfil mineral y especiado, pero quizás los chilenos presentan fruta más viva.

En la región de Coquimbo, se elaboran los Chardonnay más elegantes de Chile, la cual se encuentra a solo 30 kilómetros del la costa del Pacífico y recibe una fuerte influencia de las brisas del océano acompañadas con nieblas matinales.

Día 3

Los dos próximos días serán para conocer los Valles de Casablanca y San Antonio, parando una noche en el pueblo pesquero de La Boca, para descansar en la playa y disfrutar las vistas de los acantilados. El Valle de Casablanca está a unos 80km de Santiago, y a unos 25km del océano. Aquí se registran más precipitaciones si lo comparamos con Limarí, los viñedos están plantados a unos 500 metros sobre el nivel del mar, y las temperaturas son bajas (13,4°C promedio anual), lo que genera riesgos de heladas. Por otro lado, puede haber una amplitud térmica de 20°C, lo que genera vinos con excelente acidez y estructura refrescante. En Casablanca haremos dos paradas: la primera a unos 45 minutos de auto de Santiago, en Viña Emiliana, casi en la entrada del Valle, y la segunda, casi al final del Valle, en Viña Kingston. Emiliana, quien produce solo vinos orgánicos y biodinámicas, posee un antiguo casco con bar de vinos, en donde se pueden también comprar diferentes flights de degustación acompañados de tablas de quesos de producción local. Si se quiere hacer un tour, se requiere reserva previa y tienen un valor de a partir de los US$ 30. Es una formato parecido al de Santa Rita, descubrir sus vinos en las mesas del patio a la sombra, en donde una se siente literalmente en pleno campo, ya qué hay gallinas y otros animales deambulando entre las mesas. Mi primera recomendación es el Viognier, de la línea Novas, Gran Reserva. Un vino exótico, con notas de litchis, papaya y damascos, y una estructura cremosa que viene de su bâtonage de 5 meses de las lías mientras el vino está en barricas y tanques de acero. Mi otra sugerencia, de la misma línea, es el Riesling, que con sus notas de peras y membrillos se maridará muy bien con su tabla de quesos. Como siempre, para el que necesita algo más de color, pueden probar el GSM (Garnacha-Syrah-Mourvèdre) de la línea Signos y dejarse seducir por la fruta fresca como cerezas y ciruelas, y su base mineral, herbácea y especiada.

thumbnail_9371D268-7A52-4872-AB76-0A0DE75DF1F4.jpg

La próxima parada, viña Kingston, es un buen punto para descansar y admirar las vistas del valle un poco antes de la hora del cierre, dado que tiene un gran bar de vinos en versión ultramoderno y minimalista, con una espléndida terraza con vista panorámica a todo el valle. Una opción, es terminar con una copa de Sauvignon Blanc de la bodega, con carácter salino y herbáceo; y la otra sería probar el sedoso y aclamado Alazan Pinot Noir, con sus notas de frutillas secas y sensación terrosa en el paladar.

Para la noche, una opción es dormir en Valparaíso (a media hora de auto del Valle de Casablanca), si es que no conocen esa localidad, otra sería dormir en algún hotel alrededor del Valle si están muy cansados, como por ejemplo el Hotel Spa & Wine Casablanca; o bien, la tercera y elegida por nosotros, y la que creo quizás la más original, es parar en alguno de los hoteles boutique más hacia la zona del Valle de San Antonio, alrededor de los pueblos de La Boca, Matanzas o Navidad. En efecto, se pueden encontrar cabañas de diseño con vista al mar, lo que podrá convertirse en la cereza de la torta de este wine week chileno. Al día siguiente, se puede visitar alguna bodega por Leyda, Valle de San Antonio, ya de regreso a Santiago, o bien se puede alargar su estadía y tomarse un dia de relax en playa de la zona de Navidad. Pero atención que el agua es muy fría y el clima no es propicio para el baño: en nuestro caso, tuvimos que usar calefacción por la noche en pleno verano.

Día 4

Y como siempre me gusta terminar con algo festivo, en la sub-zona de Leyda, en el Valle de San Antonio a solo 14km del océano, se encuentra la bodega de mis espumantes chilenos favoritos: Viña Undurraga. Su espumante Extra-Brut, con 65% de Chardonnay y 35% de Pinot Noir de la zona de Leyda, producido a base de método tradicional (con un año de envejecimiento sobre lías), tiene una burbuja extremadamente integrada y fina, notas críticas, excelente acidez y aromas tostados, lo que hacen de este espumante de lo mas sofisticado del continente. Para visitar la bodega, hay que hacer reserva previa.

Quedan muchos vinos aún por probar, pero por ahora nos detenemos aquí con estas muestras de vinos de Chile con mañanas neblinosas y noches frías, el cual nos propone vinos blancos refrescantes, herbáceos y salinos, espumosos elegantes y vinos tintos ligeros y frutados para tardes o noches de verano, bien acompañados de pescados o comidas ligeras o, bien, para el aperitivo en toda época del año.

En este wine week chileno, la recomendación para las noches es descansar en alguno de los hoteles boutique con vista al mar de la zona del Valle de San Antonio.

Por Emiliano Stratico

* Profesor y Sommelier de Vinos de Jerez / Profesor WSET / French Wine Scholar (FWS) / Cognac Educator / @tasting_wine