Cuando los científicos descubrieron que la desaparición del pasto en el fondo del océano estaba dejando a los peces jóvenes sin uno de sus principales refugios, probaron una solución tan llamativa como artificial. Construyeron pequeñas praderas submarinas con plantas de plástico y las instalaron en un estuario de Nueva Zelanda.
Pusieron pasto marino de plástico en el fondo del océano y más de 19 especies de peces comenzaron a refugiarse allí
La perdida de pastos marinos, vitales para el refugio de peces juveniles, impulsó la creación de estructuras artificiales de plástico en Nueva Zelanda, demostrando su efectividad como hábitat alternativo.
El experimento se realizó en Whangapoua Harbour, en la región de Coromandel, donde investigadores de NIWA estudiaban qué características del pasto marino atraían a los peces juveniles. Las estructuras imitaban distintas densidades de vegetación, desde sectores poco cubiertos hasta auténticas "praderas" artificiales para instalar en el fondo del mar.
Pusieron pasto marino de plástico en el fondo del océano: más de 19 especies de peces comenzaron a refugiarse allí
Las plantas no eran simplemente plástico colocado al azar. En experimentos posteriores, cada unidad estaba formada por una estructura metálica sobre la que se fijaban plantas artificiales con tallos rígidos y hojas de unos 30 centímetros, creando una superficie que imitaba la estructura tridimensional del pasto marino natural. Y los peces respondieron.
Los investigadores registraron más de 19 especies utilizando las estructuras de plástico, entre ellas numerosos juveniles de pargo y trevally. Las zonas con mayor densidad de hojas tendían a concentrar más peces, lo que indicaba que la estructura vegetal funcionaba principalmente como protección frente a los depredadores y como zona de refugio en el océano.
Plástico en el océano: la innovadora solución que atrae peces en Nueva Zelanda
La imagen era tan particular que los propios científicos compararon las estructuras con una especie de césped artificial para peces. Una investigación publicada posteriormente llegó a desplegar 60 unidades de pasto marino artificial en 10 sitios de Whangapoua Harbour para estudiar cómo la disponibilidad de hábitat influía en la presencia de peces juveniles.
Se debe tener en cuenta que el pasto marino de plástico no reemplaza a una pradera natural. El verdadero pasto marino aporta oxígeno, retiene sedimentos y sostiene una red mucho más amplia de organismos. NIWA señala que las estructuras artificiales pueden proporcionar refugio, pero son un sustituto pobre de los ecosistemas naturales.
Por eso, el objetivo del experimento no era llenar los estuarios de plástico, sino entender por qué los peces necesitan estas estructuras y qué características hacen que un hábitat sea útil para ellos. La experiencia ayudó a demostrar hasta qué punto la pérdida de pastos marinos puede afectar a las comunidades de peces que dependen de ellos durante sus primeras etapas de vida.
En pocas palabras
- Pasto artificial: Científicos crearon praderas de plástico en el océano para observar la reacción de peces juveniles.
- Refugio efectivo: Más de 19 especies, incluyendo juveniles de pargo, usaron las estructuras plásticas como refugio ante depredadores.
- Limitación: El pasto de plástico no reemplaza ecosistemas naturales, pero ayuda a entender la importancia del hábitat para los peces.

