La tristemente célebre Noche de los Bastones Largos fue uno de los peores acontecimientos a nivel intelectual de la historia de Argentina. El 29 de julio de 1966, hace 54 años, cinco facultades de la Universidad de Buenos Aires (UBA) fueron desalojadas violentamente a manos de la Policía Federal.
Aquella noche circuló el rumor de que varios grupos de estudiantes habían tomado algunas facultades, dispuestos a resistir la intervención de la dictadura de Juan Carlos Onganía en las universidades, cuando un cuerpo especializado de la Guardia de Infantería de la Policía Federal, armado con bastones largos irrumpió a golpes en la sede de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA que funcionaba en la “Manzana de las Luces”, en calle Perú 222 de la Ciudad de Buenos Aires.
A un mes del golpe de Estado contra el presidente radical Arturo Illia, el Consejo Superior de la Universidad había tratado el decreto oficial del dictador Onganía y había decidido rechazar el nuevo status impuesto y ocupar de manera pacífica las facultades.
El decreto ley firmado por el general Onganía anulaba el gobierno tripartito y subordinaba a las autoridades -rectores y decanos– de las ocho universidades nacionales al Ministerio de Educación transformándolos en meros interventores.
Una represión brutal
Ese viernes 29, autoridades, docentes y estudiantes confluyeron en las sedes de las facultades de Ciencias Exactas, Filosofía y Letras, Medicina, Arquitectura e Ingeniería para decidir medidas de resistencia al decreto que violaba la autonomía universitaria.
Las tropas del general Fonseca marcharon hacia esos mismos lugares, pero la "Operación Escarmiento", como la bautizó, tuvo su epicentro en la Manzana de las Luces.
“Salgan comunistas de mierda, judíos hijos de puta”, gritaban los policías dirigiéndose a los docentes y estudiantes que estaban en el edificio que ocupaba la Facultad de Ciencias Exactas.
“Los hicieron desfilar con los brazos en alto, y los molieron a palos antes de llevárselos detenidos, y heridos. Los profesores y alumnos no pensaban que la intervención sería con una policía a golpes y bastonazos, porque eso no había ocurrido nunca”, contó Sergio Morero, cronista del ya desaparecido semanario Primera Plana que fue testigo directo.
