Hay imágenes que se convierten en parte de la historia de un país. Una de ellas muestra a Charly García suspendido en el aire, después de lanzarse desde el balcón del noveno piso del hotel Aconcagua, en pleno centro de Mendoza. Ocurrió el 3 de marzo de 2000 y el músico, que este 23 de octubre cumple 75 años, protagonizó una escena tan temeraria como inolvidable. El camarógrafo Daniel Raquela, de El Siete, capturó el instante del salto, una imagen que al día siguiente llegó a la portada de Diario UNO.
Los 75 de Charly: así contó Diario UNO el día en que el ídolo se tiró desde la terraza del hotel Aconcagua
Por los 75 años de Charly García, Diario UNO recupera las crónicas y fotos del día en que el músico saltó del noveno piso de un hotel de Mendoza
Aquel sábado 4 de marzo, el diario tituló “Charly voló desde el 9º piso a la pileta” y dedicó las páginas 12 y 13 a reconstruir lo ocurrido. Bajo el título “Charly no teme a las alturas”, el periodista Damián Weizman narró los detalles de una jornada que había comenzado con el músico envuelto en problemas judiciales y terminó con una multitud conmocionada frente al hotel. En tanto, se registraba un motín en la cárcel. Días calientes.
A 26 años de aquel episodio, recuperamos del archivo esas crónicas originales, que permiten volver a contar una de las historias más extraordinarias que dejó el paso del rock argentino por Mendoza.
A continuación, los textos del archivo de Diario UNO.
Charly no teme a las alturas (por Damián Weizman)
Los periodistas y fanáticos que esperaban a Charly García en la mañana de ayer en el hotel Aconcagua se enteraron de que el músico iba a darse un refrescante baño en la piscina del lugar. Lo que nadie se imaginó es que este saltaría desde la terraza -a nueve pisos de altura- hasta la pileta, ubicada en el segundo nivel. El momento de la caída, que fue captado en exclusiva por la cámara de El Siete, recorrió el país.
A las 16.20, Charly tomó un avión y voló rumbo a Buenos Aires. Como en otras dos oportunidades, la estadía en Mendoza le dejó un sabor amargo. El músico actuó junto a Mercedes Sosa en el espectáculo “Argentina en vivo”, que se realizó en la noche del miércoles en el estadio Mundialista. Todo se había desarrollado con total normalidad, hasta que el símbolo del rock nacional decidió divertirse en un boliche de calle Rivadavia. En ese lugar, vivió un confuso episodio en el que le arrojaron un vaso por la cabeza y fue acusado de lanzarle una silla a una joven. Ese hecho le costó una visita a los tribunales.
Cuando todos esperaban que el músico dejara el hotel, y apenas finalizada una conferencia de prensa brindada por el ministro de Trabajo de la Nación, Alberto Flamarique, Charly “voló” a lo largo de siete pisos, es decir, más de 20 metros de altura. Cayó desde el tope del edificio y se sumergió en la piscina, cuya profundidad máxima es de 2,50 metros. Tras la inmersión, salió nadando y luego habló con la prensa con total tranquilidad. Lo que el tampoco esperaba, pero sucedió, es que los directivos del hotel cuatro estrellas reprobaron el clavado, hasta el punto de pedirle que deje el lugar.
Enseguida abandonó el hotel y alcanzó la calle San Lorenzo, donde fue abordado por sus seguidores. Mientras pronunciaba incoherencias, o dignas palabras de un genio -desde otro punto de vista-, caminó hasta un quiosco al otro lado de la calle. Rodeado de gente, alcanzó la heladera, extrajo una lata de gaseosa y, luego de cruzar una mirada de complicidad con el dueño del local, se fue sin pagar.
Un taxi, que según dicen tampoco pagó, lo dejó en el aeropuerto. Allí también fue perseguido por la empleada de un refinado local donde dejó una deuda de 200 pesos, por un pañuelo y un par de anteojos para sol. Finalmente, su manager canceló la deuda.
“Lo hice muchas veces. La sensación es al vacío, y después se siente el agua muy bien”, contestó literalmente el ídolo del rock, a la pregunta de qué sintió en su caída libre, mientras la mitad de su cuerpo permanecía en el agua. Agregó que en Acapulco enfrentó un reto mayor.
Definió el salto como una disciplina: “clavadismo”; y confesó que sintió un poco de miedo. “Si no, no tiene gracia”, dijo, y entonces mantuvo un sintético diálogo con periodistas, que concluía con sus insólitas respuestas.
-¿Te gustaría quedarte hasta el domingo para tocar con Fito Páez en la repetición del acto de la Fiesta de la Vendimia?
-Nos podríamos tirar juntos a la pileta. Pero me tengo que ir a Buenos Aires, para seguir con los preparativos de la sinfonía.
-¿Vas a regresar a Mendoza?
-En la gira voy a volver por acá. El proyecto está casi terminado (...) La fecha de esta gira es a mitad de mayo.
-¿Cómo terminó el incidente con la gente del boliche?
-¿Qué incidente? Eso fue un gaje del oficio, una cuestión de atuendo. Si hubiese venido de esmóking, no me habría tirado un vaso, sino un féretro.
Todo mojado, y con sus uñas, rostro y manos impregnados con restos de pintura, se dirigió a los pasillos. Se cambió, dejó el hotel y terminó sentado en el cordón de la vereda.
Allí esbozó una crítica artística de la habitación que le dieron en el octavo piso: "Era horrible. Parecía de una estudiante de segundo año de comercial".
"No tuve tiempo de decorarla de nuevo", confesó, aunque los restos de pintura en su cuerpo sembraron dudas sobre si puso un toque de color en la suite del hotel.
"Te amo, te odio, dame más", por Alejandro Parigi
Y la novela de Charly continuó. El flaco y espigado cantante-ídolo y gurú del rock nacional siguió haciendo de las suyas. Ayer, alrededor de las 10, hizo una recorrida céntrica. En calle San Martín, ingresó a una cadena nacional de venta de música. Allí compró dos trípodes para cámaras fotográficas, un reproductor de CD y varias pilas. Por supuesto que él no pagó.
Charly no usa ni billetera, ni relojes. Se desplaza únicamente con su vestimenta sencilla: remera negra, pantalón a cuadros y zapatillas. Pero hay un detalle, todas estas prendas lucen pintadas por la mano del músico y su fuerte adicción a los aerosoles. Es así que el mítico fundador de Sui Generis es como un muestrario de colores. Su cabeza lucía en partes un plateado intenso, mezclado con un verde y un azul, dejando ver en algunos mechones un rojo profundo. Esta combinación de tinturas puede provocar la envidia del propio Roberto Giordano.
Luego de esta excursión por las calles mendocinas, se instaló en el hotel. Allí continuó con su tarea pictórica; decoró su pieza y, aerosol en mano, dejó su legado en esas paredes. Terminó esa tarea y Charly le dio paso a su baño matinal. Obviamente que darse una ducha es algo natural para todos los mortales. Pero para él bañarse significó colocarse su malla, abrir la ventana de su habitación y, luego de tirar una caja con compactos, imitó la andanza del querido Olmedo: García no tuvo mejor idea que saltar desde la ventana de su habitación hasta la pileta, que estaba siete pisos más abajo. Tensa calma. En la piscina lo esperaba un agua azul y muy clara, y se sintió como pez en el agua. Los desesperados fans y cronistas llegaron hasta el lugar y vieron lo que vieron.
Una más, y van... A las 13.15 aparece por la puerta un tal Charly García. A los 15 segundos ya se encontraba acompañado por una fauna compuesta por fanáticos y fanáticas, policías, periodistas, un cafetero, una señora gorda que no entendía nada y un perro que lo seguía de cerca. El prócer del rock cruzó la calle sin mirar y los autos tuvieron que frenar para no atropellarlo. Entró a un minimercado y sacó una lata de gaseosa. Charly -como dijimos más arriba- no pagó. Él no paga nada. Ese trámite lo realiza su prima, que se llama Adriana y que se encarga de esas tareas menores.
El tipo, seguido como un gurú, se aposentó, latita en mano, en el cordón de la vereda. Y desde ese proscenio se dispuso a responder todas las preguntas. Firmó todos los autógrafos que le pidieron y no se mostró irascible en ningún momento. (Cabe aclarar que no había sillas en ese sector). Todo lo contrario, sus silencios eran compartidos por la treintena de curiosos y periodistas que se acercaron hasta el lugar.
“El problema de Mendoza es el vino”; “yo no voy a batir el récord Guinness, sino el récord de los giles” (por tirarse desde las alturas a la pileta) y, cuando rompió la latita, también dijo: “Yo sí soy un genio Andy Warhol, ¿no?”. Frases sueltas de una miniconferencia de prensa con tintes decididamente surrealistas.
Pasaron unos 20 minutos y Charly paró un taxi que era manejado por Jorge, quien no entendía nada. Destino: aeropuerto. Él no viaja en tren, viaja en avión, porque no necesita a nadie alrededor. Únicamente a su prima Adriana, para que pague las cuentas. Y así se fue Charly, como todas las personas, como todos los ídolos y como los políticos y como usted. Se tomó un taxi y luego un avión. Su paso dejó un recuerdo imborrable en todos los mendocinos, y muy especialmente en las paredes de esa habitación. Y así se fue el último inmortal del rock: demoliendo hoteles.
En pocas palabras
- Charly García celebra hoy 75 años de una vida intensa, polémica y creativa.
- El día en que se tiró del noveno piso: Diario UNO reconstruyó el evento del 2000 con fotos y textos originales, detallando las insólitas declaraciones del artista.
- Episodios paralelos: la jornada incluyó un confuso incidente en un boliche, deudas y un motín en la cárcel de Mendoza.



