La primavera tiene una curiosa capacidad para hacernos mirar de otra manera nuestro propio cuerpo. Suben las temperaturas, empiezan a quedar atrás los abrigos y, casi como un ritual, reaparecen los gimnasios llenos, la actividad física, las rutinas exprés y las promesas de llegar al verano con un cuerpo completamente diferente. También reaparecen, claro, los consejos que se multiplican en las redes sociales: entrenamientos de pocos minutos, ejercicios que supuestamente eliminan la grasa de un lugar específico, ayunos que prometen resultados extraordinarios y frases como aquella de “si no duele, no sirve”.
El problema es que no todo lo que se vuelve viral tiene sustento y, en materia de actividad física, seguir una tendencia sin saber para quién fue pensada puede ser bastante más que una pérdida de tiempo.
Para separar el mito de aquello que realmente funciona, la consulta fue para alguien que lleva casi tres décadas dedicado a la actividad física, la salud y el bienestar. Juan Carlos Villalobos tiene 47 años, es profesor de Educación Física, licenciado en Educación, magíster en Educación y Gestión y también estudió Derecho Laboral en Chile, su país de origen. Fue profesor del programa Spinning durante 20 años, del programa TRX durante 15, cuenta con certificación CrossFit 1, fue integrante del seleccionado chileno de taekwondo y además se desempeña como rescatista de montaña.
Gimnasios repletos y las respuestas que todos quieren saber
El recorrido del profesor Villalobos le permite mirar con bastante distancia el fenómeno del fitness que hoy domina buena parte de las redes. Y su primera advertencia apunta justamente a quienes vuelven al gimnasio después de meses de inactividad. “El error más común es querer pasar de un estado al otro de manera muy abrupta”, explica.
Después de meses sin ejercicio, pretender recuperar rápidamente el estado físico perdido puede terminar en lesiones, frustración y abandono. Para Villalobos, la clave está en algo bastante menos espectacular que las rutinas virales: establecer una frecuencia moderada y sostenida y aprender a escuchar al propio cuerpo. A partir de ahí, estas son las preguntas que responde el especialista y ayudan a separar la realidad del verso fitness.
¿Se puede elegir de dónde perder grasa?
Es uno de los grandes clásicos de las redes: ejercicios para “quemar la grasa abdominal”, reducir la cintura o eliminar la grasa de determinadas zonas. Villalobos explica que la pérdida localizada puede existir, pero no es algo tan sencillo como repetir un ejercicio y esperar que la grasa desaparezca exactamente de allí. Intervienen múltiples factores y, entre ellos, la edad, el sexo, la geografía, el tiempo y la motivación. La promesa de que unos pocos ejercicios específicos van a transformar una zona del cuerpo merece, por eso, bastante desconfianza.
¿Cuanto más transpiramos, más grasa quemamos?
No. Sudar no es una medida de cuánta grasa está utilizando el organismo. La transpiración forma parte del mecanismo de termorregulación mediante el cual el cuerpo intenta mantener su temperatura. Por eso, terminar empapado no significa necesariamente haber realizado un mejor entrenamiento. El agua que se pierde al transpirar se recupera, justamente, al hidratarse. “Transpiras y se recupera tomando agua”, resume Villalobos.
¿Si al día siguiente no duele todo, entrenamos mal?
Otro mito instalado. El dolor muscular posterior no es una especie de certificado que demuestra que el entrenamiento funcionó. Si el cuerpo queda tan dolorido que cuesta realizar las actividades cotidianas, puede ser una señal de que la carga no estuvo adecuadamente planificada. “Si duele, ok, pero debe doler muy moderado”, explica. La idea es sentir que los músculos trabajaron, no quedar incapacitado para moverse al día siguiente. Un buen entrenamiento debería estar organizado y sistematizado de acuerdo con el objetivo y las características de cada persona.
¿Las mujeres que hacen pesas terminan demasiado musculosas?
Para Villalobos, es parte del folclore del entrenamiento. El trabajo de fuerza favorece el desarrollo muscular, pero pensar que levantar pesas hará que cualquier mujer se vuelva automáticamente “demasiado musculosa” es una simplificación. El desarrollo depende de la planificación, la carga, la frecuencia, la alimentación y otros factores.
En realidad, el entrenamiento de fuerza es una herramienta importante para la salud y no debería quedar asociado únicamente a la búsqueda de grandes músculos.
¿Entrenar en ayunas hace perder más grasa?
La respuesta del profesor es bastante menos contundente que la que suelen ofrecer las redes: está sobrevalorado y mal informado. Entrenar requiere energía y, si no se ingieren alimentos, el organismo debe obtenerla de alguna fuente.
Villalobos advierte especialmente sobre la pérdida de masa muscular cuando se realizan estrategias de este tipo sin planificación. Existen métodos para trabajar objetivos específicos, pero considera que no deberían seguirse simplemente porque se convirtieron en tendencia. “Mi consejo es: asesórate con profesionales de la actividad física y salud”, plantea.
¿Las pesas se vuelven más importantes con los años?
Sí. Y en este punto el especialista es categórico. Con el paso del tiempo se pierde fuerza y masa muscular, por lo que el entrenamiento de fuerza adquiere una importancia cada vez mayor. No significa abandonar caminar, correr o hacer ejercicios aeróbicos, sino incorporar diferentes formas de trabajo físico. Para Villalobos, una rutina completa puede combinar ejercicios de fuerza anaeróbica, aeróbica y mixtos.
¿Una rutina de 10 o 15 minutos puede realmente funcionar?
Puede. Pero depende muchísimo de quién la haga. Una persona entrenada que conoce su cuerpo y dispone de poco tiempo puede obtener beneficios de una rutina breve. El problema aparece cuando una rutina pensada para alguien con determinada condición física se presenta en redes como si sirviera para cualquiera.
No todas las personas tienen el mismo punto de partida: hay personas con sobrepeso, adultos mayores, personas en recuperación posoperatoria, mujeres en el período posparto, hipertensos o personas con discapacidad. “Las redes no piensan en una rutina para personas normales que hacen ejercicios suaves”, advierte Villalobos.
¿El fitness de Instagram muestra una realidad posible para cualquiera?
Para el profesor, este es uno de los grandes problemas actuales. Las redes muestran personas altamente entrenadas, seleccionadas precisamente porque representan un determinado ideal físico. El usuario mira ese resultado final sin conocer necesariamente los años de entrenamiento, la alimentación, la genética, el descanso o las condiciones particulares que existen detrás de esa imagen. Por eso, una rutina que parece sencilla puede no ser adecuada para quien recién comienza.
¿Cuál es el peor mito que circula en redes?
Villalobos se ríe antes de responder: “Todos en general”. Su crítica apunta especialmente a que suelen ser contenidos selectivos y poco inclusivos. El problema no es solamente que exista información incorrecta, sino que muchas veces se construye una única idea de cuerpo entrenado y exitoso.
Para alguien que recién comienza, esa imagen puede convertirse en una comparación permanente y terminar generando frustración antes que ganas de moverse.
¿Qué consejo debería escuchar alguien que quiere empezar a entrenar?
Probablemente sea el consejo menos espectacular y, justamente por eso, uno de los más importantes: elegir un lugar donde haya profesionales preparados, serios y comprometidos. El entrenador debería conocer las dudas de la persona, entender sus características y hacerla sentir segura. “Tenés que tener tiempo para entender que es tu cuerpo y merece un trato perfecto, excepcional”, sostiene. La motivación no debería construirse desde la exigencia permanente, sino desde la seguridad y la confianza. “El profesor debe hacerte sentir que podés más con profesionalismo, seguridad y amor por lo que está haciendo”, agrega.
¿Qué diferencia a quien entrena para sentirse mejor de quien lo hace solamente por una moda?
Para Villalobos, la primera diferencia aparece en la motivación. Quien llega porque entiende que necesita incorporar ejercicio a su vida suele construir un vínculo más sostenido con la actividad. Quien llega solamente persiguiendo el cuerpo que vio en una red social puede frustrarse más rápido si el resultado no aparece en pocas semanas. Incluso pone un ejemplo sencillo: las flexiones de brazos. Con el tiempo, dice, la persona que entrena por salud va incorporando capacidades y logra avances que antes parecían difíciles. El entrenamiento se convierte en un proceso. La diferencia está en entender que el cuerpo no cambia por seguir una tendencia durante unos días, sino por sostener hábitos.
La primavera, entonces, puede ser un buen momento para volver a moverse, pero quizás no por las razones que suelen aparecer en las redes. No hace falta llegar al gimnasio con la urgencia de corregir el cuerpo antes del verano ni perseguir resultados imposibles en pocas semanas. Después de casi 30 años trabajando con personas y actividad física, Villalobos propone algo bastante más sencillo: frecuencia, planificación, paciencia y acompañamiento profesional. Porque si hay un mito que atraviesa a todos los demás es creer que existe una fórmula rápida que funciona igual para todos. El cuerpo no es una tendencia de Instagram. Y entrenarlo bien tampoco debería serlo.
En pocas palabras
- Primavera y fitness: un profesor desmiente mitos de redes sociales sobre entrenamiento y ejercicios milagrosos.
- Mitos comunes: se aclara que la pérdida de grasa localizada y el dolor post-entrenamiento no son indicadores directos de efectividad.
- Consejo profesional: la clave está en la constancia, planificación y asesoramiento de expertos, no en fórmulas rápidas.












