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Hace trece años, 111 agricultores se unieron para salvar un río: hoy le da una lección a la comunidad

La comunidad inglesa demostró que es posible revertir años de degradación ambiental con la participación activa de los agricultores.

Durante décadas, el río Mease, un curso de agua de 27 kilómetros en Inglaterra, sufrió las consecuencias de la transformación de su cuenca. Más de un siglo de canalización, drenajes artificiales, pesticidas, fertilizantes y aguas residuales deterioraron progresivamente el ecosistema hasta poner en riesgo a especies nativas.

La recuperación parecía cada vez más difícil, hasta que 111 agricultores decidieron modificar la forma en que manejaban sus campos para ayudar a restaurar el río. La recuperación comenzó fuera del cauce, modificando la manera en que el agua circula por los campos para darle al río una nueva oportunidad de recuperar su naturaleza.

111 agricultores cambiaron sus campos para salvar un río de 17 kilómetros en Reino Unido

El problema se había agravado por una práctica extendida durante generaciones. Para evacuar rápidamente el agua de sus terrenos, los productores habían construido zanjas de drenaje rectas y profundas. Aunque estos canales permitían secar los campos con mayor rapidez, también aceleraban el flujo hacia el río. El agua arrastraba sedimentos y nutrientes provenientes de los campos, erosionaba el suelo y llevaba contaminantes directamente hasta el Mease.

El proyecto de restauración, impulsado por The Trent Rivers Trust junto con la Agencia Ambiental, buscó modificar esa dinámica. Los agricultores cedieron parte de sus terrenos para crear humedales artificiales capaces de retener y filtrar el agua antes de que llegara al río. También se intervinieron los canales de drenaje para recuperar, en determinados sectores, formas más naturales y sinuosas. Al disminuir la velocidad del agua, se redujo la erosión y se favoreció la retención de sedimentos y nutrientes.

Recuperaron un río y son ejemplo a seguir

La restauración también llegó al propio cauce. Los equipos incorporaron troncos y otros materiales leñosos y colocaron 220 toneladas de grava en el fondo del río. El objetivo era recuperar la diversidad física que se había perdido como consecuencia de décadas de dragado y modificación del cauce. Las piedras y los troncos permitieron crear rápidos, pozas y sectores con diferentes velocidades de corriente, lo que aumentó la variedad de hábitats disponibles para la fauna acuática.

La grava tuvo además una función especialmente importante para los peces. Los fondos de piedras limpias ofrecen superficies adecuadas para que determinadas especies depositen sus huevos, mientras que las zonas de corriente favorecen una mayor oxigenación del agua. De esta manera, la restauración no buscó únicamente limpiar el río, sino recuperar las condiciones físicas necesarias para que el ecosistema pudiera volver a funcionar.

En lugar de considerar al sector agrícola como parte del problema, el proyecto lo convirtió en uno de los protagonistas de la solución. Los productores aportaron terrenos y modificaron prácticas que habían formado parte del manejo de sus campos durante generaciones, con la expectativa de que una cuenca más saludable también pudiera sostener la producción de alimentos.

En mayo de 2026, el trabajo recibió el UK River Prize, otorgado por el River Restoration Centre en Newport, Gales. El reconocimiento destacó el proyecto como un ejemplo de cómo la restauración de los ríos puede desarrollarse junto con la actividad agrícola.

En pocas palabras

  • Restauración del río: 111 agricultores modificaron sus campos para salvar el río Mease, logrando recuperar su ecosistema.
  • Acciones realizadas: Creación de humedales artificiales y restauración del cauce con troncos y grava para diversificar hábitats.
  • Reconocimiento: El proyecto recibió el UK River Prize en 2026 como ejemplo de restauración fluvial y agricultura sostenible.
Resumen generado por Thinkindot AI

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