Asistimos por estos días a un "tira y afloje" entre gremios y el gobierno de la provincia de Buenos Aires y el nacional con la educación como tema debatido. Al válido reclamo de mejores sueldos para los docentes, se ha sumado uno que en años anteriores no se pedía tanto: la paritaria nacional.
En la masiva marcha que se hizo, donde algunos oradores dejaron ver su interés partidario cantando "vamos a volver" (típico latiguillo kirchnerista), muchos docentes se hicieron presentes en esa marcha federal. En mi opinión es una pena que un reclamo genuino sea teñido de tantos intereses. Apoyado en esto, el gobierno se mantuvo firme en la decisión del no a una paritaria nacional.
En este espacio he escrito varias veces que el gran tema que no se discute en serio en este país es la educación. Así como docentes mejores pagos, Argentina necesita un cambio en su modelo educativo, que aún enseña con formas y contenidos de hace 40 años. Al mismo tiempo que hay que defender la escuela pública, hay que defender también que la calidad educativa mejore y que quienes se paren frente a un grado estén bien pagos, bien defendidos y bien formados.
Un maestro o profesor tiene que ser de las mejores cabezas de una sociedad, como ocurre en otros países, donde sólo los mejores promedios de las escuelas pueden aspirar a estos puestos. Son personas muy preparadas, profesionales, y, claro, bien pagadas. En nuestro país no se ha avanzado en la formación docente, se han deteriorado los sueldos, aplastados (como muchos otros sueldos) por años de inflación constante y devaluaciones.
Y como si fuera poco, la deteriorada sociedad argentina hizo que los docentes quedaran expuestos a agresiones e irrespeto. Antes era impensado que si un maestro te reprobaba o te retaba al otro día el padre fuera a buscarlo para pedirle explicaciones. Las explicaciones se les pedían a los alumnos. Una muestra del deterioro social que viene desde la década del '90 y que se profundizó en la década pasada. Los argentinos nos debemos un debate en serio sobre educación. Siempre nos vemos sumergidos en debates en campañas electorales, donde no se resuelve nada, se promete todo y así ¿eternamente?
