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Fue lo que eligieron los padres para contener al "Tachi" Flores hasta que se animó contar lo que vivió.

La mujer que pensó que su hijo había muerto en Malvinas

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El conflicto bélico en las Islas Malvinas sigue latente en el corazón y la memoria de los ex combatientes, que año tras año recuerdan a sus camaradas muertos y el horror que los tocó vivir cuando tenían tan sólo 18 años.

La mirada del soldado no se compara con la de una madre que creyó que su hijo estaba muerto y un llamado telefónico le cambió la vida cuando todo parecía perdido.

Elsa Savoia (78) es la mamá de Héctor Tachi Flores, que prestó servicios como meteorólogo en el crucero Belgrano que fue hundido por un submarino inglés.

"Tener un hijo que va a la guerra es una tragedia y una angustia que nadie se la imagina", recordó Elsa en el inicio de la conversación que la hizo retroceder 35 años, cuando los militares decidieron desembarcar en Malvinas para evitar la caída de la dictadura.

En ese entonces Elsa no sabía que uno de sus tres hijos, el del medio, Héctor, estaba embarcado en el buque General Belgrano. "Mi esposo y mis otros dos hijos no me lo quisieron contar, pero apenas estalló la guerra me enteré que Tachi estaba en ese buque".

El 2 de mayo de 1982 Elsa empezó a prepararle unos mates a su hijo mayor que estaba por dormir la siesta. En ese instante el locutor de una radio extranjera le dio la peor de las noticias: "el destructor Belgrano se hundió por el ataque de un submarino inglés".

Desesperada se lo contó a Daniel, su hijo mayor, y luego se subió a una moto y viajó hasta el taller donde trabajaba su esposo Coco, que falleció hace nueve meses, para darle la terrible noticia.

Las primeras informaciones que recibió fueron nefastas. Tachi, según los comunicados oficiales, "estaba desaparecido" luego del hundimiento.

A partir de ese momento el silencio, la angustia y las lágrimas invadieron la casa de la avenida Zapata 419 donde vivía la familia Flores.

En esa época no existían los celulares y la información brindada por los militares era poco confiable, sólo restaba esperar y resignarse a lo peor. "Todos creíamos que Héctor estaba muerto", recordó.

Hasta que unos días más tarde un llamado telefónico a la casa de un vecino despertó alguna esperanza en Elsa. "Atendí el teléfono y un amigo de Tachi que vivía en Bahía Blanca me dijo que mi hijo estaba vivo pero no le creí".

Pasaron unos días más y otro llamado confirmó que Héctor había sobrevivido al ataque. "Cuando atendí el teléfono, pedí que no me mintieran y mi hijo me respondió: 'soy yo, estoy de diez mamá'".

Esa frase fue determinante para que Elsa se diera cuenta que su hijo estaba vivo, era un código que manejaban ambos cuando Tachi la llamaba por teléfono o le contaba algo importante.

La noticia le devolvió la vida a esta madre que como muchas otras más vivió angustiada con la desesperación de no saber cómo estaba su hijo.

"Tuve una mezcla de dolor y rabia porque mandaron a la guerra a niños de 18 años cuando Galtieri descansaba en su cama calentito y con un vaso de whisky en la mano" y agregó que "estoy orgullosa de Héctor porque nunca se dio por vencido".

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