Los hijos de Pietro crecieron y fueron formando sus familias, que se hicieron muy numerosas. Primo, que era el mayor, se casó en 1930 con Guillermina Cremaschi, oriunda de Godoy Cruz y prima del enólogo Víctor Cremaschi que vivió en General Alvear. El matrimonio de Primo tuvo 3 hijos: Ernesto, enólogo, quien se casó con Haydeé Juri; Carlos, que falleció con sólo un año y medio de vida; y Elena, quien contrajo enlace con Oscar Moretti.
Por su parte Armando (el segundo de los 3 hijos de Pietro) en 1928 contrajo matrimonio con Juanita García, hija de Pascasio García, y del matrimonio nacieron dos hijas: Iris, quien contrajo matrimonio con Enrique Zavatieri, y Amanda, casada con José Mora.
Lino, el menor de los hijos nacidos en Italia, se casó con Ángela Giordano en 1935 y sus hijos fueron Gladys, que se casó con Reneé Francheti; Graciela, que contrajo enlace con Roberto Stornini; y Pedro, casado con Mariel Andrés.
Félix (el cuarto de los 6 hijos y el primero nacido en Argentina) permaneció soltero, sus deseos de ingresar a la Escuela Militar se vieron frustrados cuando fue dado de baja porque tenía várices.
Emilia (el quinto hijo de Pietro) se casó en 1941 con Esteban Vargas y no tuvieron hijos. La última hija, María, se casó en 1946 con Juan Meca, matrimonio del que nacieron 3 hijos: María Palmira, quien es doctora en Química; María Isabel, escribana, falleció con 49 años; y Juan Carlos, también escribano, que está casado con Iris Traballoni.
Teresa Panelli, hermana de Pedro, llegó de Italia unos años después con su esposo Luis Cetti y no tuvieron hijos. Se instalaron en San Rafael a principios de la década de 1920.
Cetti, que traía algo de dinero, integró una sociedad con Albino Antonello y Valentín Bianchi, dedicándose a la venta de automóviles importados de las marcas Overland, Whippet y Willys (precursores de los Jeep). La concesionaria estaba ubicada sobre Mitre al 300. Esta fue la época en que los vehículos de tracción a sangre, el clásico Charré tirado por caballos, fue reemplazado por los automóviles importados.
Entre 1925 y 1927, Primo y Armando trabajaron con ellos. Primo lo hizo como chofer junto a Esteban Pessano.
Armando aprendió a manejar y conducía un camioncito Overland, que era de la firma y con el cual enseñaba a los compradores a manejar los autos.
La venta de coches era muy ventajosa, viajaba periódicamente a Monte Comán, pues en ese tiempo gracias al ferrocarril el distrito era un gran emporio económico. Don Armando conoció a Juanita García, a quien le enseñó a conducir un auto, que le había comprado su padre Pascacio García. Los jóvenes se enamoraron pero el padre se oponía al principio porque quería que el esposo de su hija fuera español, pero una vez que lo conoció a Armando lo aceptó y los jóvenes pudieron casarse.
Armando, mientras trabajaba en el concesionario, se ocupó de aprender sobre enología, tenía como maestro a Ugo Pilati, cuñado de Bianchi, quien durante el día le enseñaba en forma práctica y por la noche se dedicaban a la parte teórica.
Trabajó gratis con tal de aprender, y lo hizo en la bodega Jensen, donde era enólogo Ugo Pilati.
Debido a problemas financieros la concesionaria cerró sus puertas y los Cetti se trasladaron a Palermo, en Capital Federal, donde instalaron un depósito para la venta de vinos en bordelesas con las marcas “Vía Libre” y “La Regalona”, la que había sido registrada en 1912.
Pascacio García, quien era español, había construido una bodega en Las Paredes.
Al casarse su hija le entregó la bodega al matrimonio bajo el sistema de Renta Onerosa de Contrato Vitalicio, lo que significaba que mientras él viviera tenía todos los derechos sobre la propiedad y debían pagarle una suma anual vitalicia.
Armando, con la ayuda de dos empleados, abrió la bodega en 1927 y la llamó “La Juanita”, en honor a su esposa. Puso en ella todo su esfuerzo, los vinos los registró con las marcas “El Distraído”, “La Naturaleza” y “La Regalona”, esta última marca se la había transferido su tío Luis Cetti en 1928. Trabajó vinos de mesa: Tinto- clarete- criollo viejo- Moscatel rosado- semillón.
Llegó a elaborar 300.000 litros en esa pequeña bodega y en su evolución alquiló dos bodegas para guardar vino. Al comienzo vendía vino en bordelesas a través del ferrocarril y con un pequeño camión, que él mismo manejaba, atendía los pedidos locales.
Don Armando trabajó la bodega “La Juanita” durante 6 años, hasta que cansado del sistema que le había impuesto su suegro, en 1933, le dijo: “¿Cuánto vale la bodega?”.
-Yo se la voy a pagar y terminamos con este sistema que no me agrada.
Firmó tres pagarés hipotecarios y los pagó puntualmente, convirtiéndose en propietario de la bodega y de ocho hectáreas plantadas con cepas de Verdot sobre pie americano.



