Alicia Morales (64) sufrió en carne propia el terror que se desató a partir del 24 de marzo de 1976 cuando los militares, apoyados por civiles, dieron el golpe que terminó con el gobierno constitucional de Isabel Perón.
Es que Alicia, estudiante en esa época, estaba casada con Juan José Galamba (desaparecido en mayo de 1978), fue "chupada" por primera vez el 12 de junio de ese año cuando esperaba en su casa, junto a sus dos hijos, a su esposo que fue a comprar una pizza.
Allí empezó una negra historia que incluyó dos secuestros, la desaparición de Juan José y cuatro años separada de sus dos pequeños que fueron cuidados por sus padres.
El primer secuestro duró hasta noviembre del mismo año cuando las autoridades de la Cárcel de Devoto la dejaron en libertad y como pudo, con la ayuda de otros "compañeros", regresó a San Rafael. Pero tres días más tarde la volvieron a secuestrar y regresó a Devoto donde cumplió una "condena" de cuatro años y medio que le fijó un Consejo de Guerra. Su "delito" fue militar en la Juventud Universitaria Peronista y tener bibliografía a fin a esa idea partidaria.
"Fue muy duro todo, a mis hijos los veía cuando me venían con mi papá a visitarme a Devoto. No los podía tocar ni abrazar, sólo los miraba a través de un blindex", dijo Alicia y agregó que "a mi esposo, con el que nos casamos en 1974, lo vi por última vez esa noche que salió a comprar una pizza".
Juan José, según el rompecabezas que pudo reconstruir Alicia, pasó a la clandestinidad y se fue a trabajar a unos hornos de ladrillo en la frontera entre Mendoza y San Juan. Luego lo secuestraron el 26 de mayo de 1978 cuando los militares allanaron ilegalmente una vivienda ubicada en Guaymallén. "El silencio de los militares juzgados aún nos impide saber dónde está su cuerpo", dijo.
Durante el último juicio de delitos de lesa humanidad, cuyos alegatos empezarán el 10 de abril, se pudo reconstruir parte de la historia, señaló con la voz quebrada.
Lo único que queda de Juan José en la historia de Alicia son los recuerdos, algunas fotos y una carta que le escribió después del secuestro y que recién 20 años después llegó a las manos de su mujer e hijos.
"Esta es la verdadera historia que muchos no se animaron a contar y qué tanto sufrimiento le costó al pueblo argentino. Por eso es importante mantener la memoria, no olvidar ni perdonar, sólo pedir justicia por los crímenes que cometieron los militares con complicidad de muchos civiles", añadió quien es hoy la mamá de la concejal por el Frente para la Victoria, Natalia Galamba.
Alicia recordó a su esposo como un hombre alegre, honesto, que amaba profundamente a sus hijos y que estudiaba ingeniería electrónica en la Universidad Tecnológica Nacional. "Sus amigos siempre lo recuerdan con un profundo respeto. Él tenía una relación muy especial con nuestra hija mayor a la que sólo disfrutó más de un año", mencionó Alicia, que cuando fue secuestrada estudiaba diseño gráfico.
Se conocieron en Mendoza por intermedio de unos amigos de la facultad. "Cuando lo vi supe que iba a ser el padre de mis hijos", recordó Alicia y añadió que "no me volví a casar, trabajé duro para ayudar a mis hijos de los que estoy muy orgullosa".
El recuerdo de Juan José para la sociedad está plasmado en la Plaza de la Memoria, pero para Alicia y sus hijos sigue viviendo en el corazón y en el alma. "Para nosotros Juan José no ha muerto, lo sentimos vivo en nuestros hijos y en nuestros nietos que son lo más importante en mi vida", remarcó.
El "delito" fue militar en un partido político
Alicia Morales fue "condenada" en un Consejo de Guerra por sus ideas políticas y por tener en su casa libros como "La Razón de Mi Vida" de Eva Perón. Ella tuvo la suerte de no desaparecer, en cambio el "error" de Juan José Galamba fue haber sido secretario de actas del Centro de Estudiantes de la Universidad Tecnológica Nacional.
Ambos militaban en la Juventud Universitaria Peronista y quizás ese fue el peor "pecado" que cometieron y que a Juan José inexplicablemente le costó la vida.
Durante los dos allanamientos que sufrió Alicia, el primero en Mendoza y el segundo en calle Vicente López y Planes en San Rafael, los policías y militares realizaron un operativo comando, con cierres de calles al mejor estilo "SWAT", recordó Alicia.
"Fui golpeada, torturada psicológicamente y humillada durante mi estadía en la D2 en la capital de la provincia", mencionó.
Y agregó que "lo peor que pasé fue cuando mis hijos me venían a visitar a Devoto y no los podía ni siquiera abrazar. Ellos se iban y quedaba destrozada junto a otras 4.000 madres que compartíamos ese maldito encierro".
El apoyo de sus padres que desde un principio viajaron a Mendoza a buscarla fue uno de los alicientes que le permitió a Alicia seguir con vida. Es que ellos criaron a sus hijos hasta que en 1980 recuperó la libertad.
"No pude llevar a mi hija al jardín, ni amantar a mi bebé durante años", señaló con melancolía, y "por suerte ellos crecieron y se pudieron desarrollar sin odio, pero con el reclamo de justicia".


