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La Sexta Cámara del Crimen halló culpable a Cristian Ochoa de asesinar a Carlos Berdasco en febrero de 2010. Un cómplice recibió 13 años de prisión.

La Justicia condenó a prisión perpetua al acusado de matar al dueño de Puro Mármol

La Sexta Cámara del Crimen le dio prisión perpetua a Cristian Ochoa Flores, acusado de dar muerte al dueño de Puro Mármol, Carlos Berdasco, mientras que le dio 13 años a su cómplice, apodado “el tombino”.

El fallo del tribunal compuesto por Liliana de Paolis de Aymerich, e integrado por Marcelo Gutiérrez del Barrio y Alejandro Gullé, provocó diversas escenas entre los familiares de las partes e incluso una mujer allegada a Ochoa sufrió un desmayo tras escuchar la sentencia.

La prisión perpetua para Ochoa fue lo mismo que había solicitado el fiscal Daniel Carniello, mientras que en el caso de “el tombino” se habían solicitado 15 años de prisión, debido a que cuando ocurrió el crimen, este era menor de edad y la Corte Suprema de la Nación sostiene que no se puede aplicar la condena de prisión perpetua a los menores.

En tanto, los representantes de la familia Berdasco habían adherido al pedido del fiscal.

El caso

Julián Pérez es uno de los empresarios que estaba con Berdasco el día del crimen. Viajó desde Buenos Aires para atestiguar en el juicio y relató que en la siesta del 17 de febrero de 2010 él y otro socio, Fernando Bogado, habían ido a la fábrica de Puro Mármol, ubicada en la zona de La Favorita, para comprar unas piedras para decorar columnas de una construcción que hacían.

Los tres subieron una loma donde estaba el material que buscaban. Mientras el propietario de la marmolería les mostraba las piedras, repentinamente escucharon que de atrás llegaban personas. Esto, debido al ruido que hace el ripio cuando se camina sobre él.

Se dieron vuelta vieron que había dos sujetos: uno le apuntaba a Pérez, a la vez que les advertían que “el que hace algo, lo matamos”, y les ordenaron que “tiraran todo”, refiriéndose a las pertenencias que llevaban consigo. Uno de los delincuentes le advirtió al otro “guarda, me parece que este tiene un fierro (en referencia a un arma de fuego)”.

“Yo tiré al suelo mi celular –siguió Pérez– y la billetera, mientras mi compañero arrojó la cámara de fotos. Enseguida exigieron que nos arrojáramos al piso. Yo lo hice boca abajo, al igual que Fernando. Simultáneamente escuchamos ruidos como de forcejeo entre Carlos y uno de los que nos atacaban. Luego se escuchó el disparo, y lo único que sentí fue un quejido y que los asaltantes escapaban. A Berdasco le robaron $2.000, dos cheques y un Nextel”.

“Yo le tomé el pulso a Carlos, que estaba acostado sobre el brazo izquierdo, y pedí a los gritos una ambulancia. Lo miré y lo vi con los ojos abiertos, el rostro y la camisa bañados de sangre. Ya no jadeaba. Lo toqué y vi que no se movía; allí me percaté de que ya había muerto”, declaró Pérez.

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