Los papás de Bruno Angélica, detenidos por su muerte y luego liberados, sólo podrán visitarlos. Los menores, de 5, 4 y 2 años, salieron del Notti el viernes.

La abuela se quedó con los hermanos del bebé muerto por bron­coas­pi­ra­ción

Por UNO

Lo que em­pe­zó co­mo una su­pues­ta y os­cu­ra his­to­ria de mal­tra­to in­fan­til conde­ri­va­cio­nes es­pe­luz­nan­tes

ter­mi­nó tra­tán­do­se de un ca­so de cri­sis fa­mi­liar y po­bre­za

ex­tre­ma.

Ése fue el abrup­to re­co­rri­do que tran­si­ta­ron Cin­tia Pé­rez y Pa­blo An­gé­li­ca, los

pa­dres de Bru­no, el be­bé de dos me­ses que fa­lle­ció por una bron­coas­pi­ra­ción, pe­ro que

ini­cial­men­te se cre­yó que ha­bía si­do por mal­tra­to y aban­do­no.

Aun­que la pa­re­ja es­tu­vo de­te­ni­da y re­cu­pe­ró la li­ber­tad y se ha­ya

com­pro­ba­do que no son res­pon­sa­bles de la muer­te del be­bé, no re­cu­pe­ra­rán en el

me­dia­no pla­zo a sus otros tres hi­jos, de 5, 4 y 2 años.

"Los ni­ños ya sa­lie­ron del Not­ti ayer por la tar­de (por el viernes) y es­tá de­ci­di­do

y con­sen­sua­do que que­den ba­jo la guar­da y tu­te­la de la abue­la ma­ter­na. No vi­vi­rán con

sus pa­dres, pe­ro és­tos no tie­nen pro­hi­bi­ción de acer­ca­mien­to".

Do­ra Mar­tí­nez, di­rec­to­ra de la DI­NAF, con­fir­mó ayer la no­ve­dad a Dia­rio UNO. El

da­to más re­le­van­te de es­te ca­so, tras la in­ter­ven­ción de to­dos los ór­ga­nos

pro­fe­sio­na­les de con­trol, es que "no sur­gió ni se de­tec­tó que los me­no­res ha­yan si­do

víc­ti­mas de mal­tra­tos fí­si­cos por par­te de sus pa­dres", acla­ró la fun­cio­na­ria a Dia­rio

UNO.

¿Có­mo en­ton­ces las sos­pe­chas de los mé­di­cos del Not­ti y de la Jus­ti­cia pue­den

ha­ber tran­si­ta­do ex­tre­mos tan di­fe­ren­tes? Sin du­da las he­ri­das cau­sa­das por la

es­ca­bio­sis (sar­na) que los ni­ños pa­de­cían (y tam­bién sus pa­dres) con­fun­die­ron a los

pro­fe­sio­na­les al pun­to de sos­pe­char que es­ta­ban an­te mal­tra­tos vio­len­tos,

que­ma­du­ras de ci­ga­rri­llos y mor­de­du­ras de ra­tas.

Pre­sun­cio­nes que fi­nal­men­te fue­ron de­se­cha­das por el in­for­me del Cuer­po Mé­di­co

Fo­ren­se res­pec­to de Bru­no An­gé­li­ca, el be­bé fa­lle­ci­do, y de igual mo­do por los

es­pe­cia­lis­tas del Not­ti, una vez que sus tres her­ma­nos fue­ron re­vi­sa­dos y

mo­ni­to­rea­dos en el no­so­co­mio.

La ra­zón pa­ra en­tre­gar los chi­qui­tos a la abue­la ma­ter­na co­mo guar­da­do­ra es sin

du­da el es­ta­do de des­cui­do y aban­do­no que los ni­ños pa­de­cían en su nú­cleo fa­mi­liar.

Es­ta­do que fue cons­ta­ta­do no so­lo por las de­nun­cias de ve­ci­nos y los tes­ti­mo­nios

de alle­ga­dos a los pa­pás si­no tam­bién por una ins­pec­ción ocu­lar que rea­li­zó al

do­mi­ci­lio de los me­no­res, en el ba­rrio Suá­rez de Go­doy Cruz, la fis­cal es­pe­cial Clau­dia

Ríos Or­tiz.

En esa me­di­da, los de­tec­ti­ves y la fis­cal que­bra­ron los lí­mi­tes del asom­bro al

com­pro­bar que to­da la fa­mi­lia dor­mía so­bre col­cho­nes re­ple­tos de cu­ca­ra­chas, que el

pi­so es­ta­ba con de­po­si­cio­nes de los chi­qui­tos que no se lim­pia­ban y que el ba­ño no

fun­cio­na­ba pe­ro igual­men­te era uti­li­za­do.

Otras ave­ri­gua­cio­nes con­fir­ma­ron que los her­ma­ni­tos pa­sa­ban la ma­yor par­te del

día so­los y llo­ra­ban gran par­te va­rias ho­ras sin que na­die los asis­tie­ra; que el me­nor de

cin­co años prác­ti­ca­men­te no ha­bla y que dos de los cua­tro me­no­res ni si­quie­ra es­ta­ban

ano­ta­dos en el Re­gis­tro Ci­vil.

La ti­tu­lar de la DI­NAF des­cri­bió ese con­tex­to fa­mi­liar co­mo "una si­tua­ción muy

com­ple­ja que tie­ne que ver con las his­to­rias per­so­na­les de los pa­dres y no só­lo con una

cues­tión de po­bre­za, y que ha he­cho que se de­bi­li­ten los la­zos fa­mi­lia­res".

No es de­fi­ni­ti­vo

Do­ra Mar­tí­nez ex­pli­có que "en es­te tiem­po se abor­dó al en­tor­no fa­mi­liar, a las

abue­las, a los tíos y por aho­ra se que­da­rán con la abue­la ma­ter­na".

Va­le de­cir, los pa­pás no pier­den de­fi­ni­ti­va­men­te el de­re­cho de re­cu­pe­rar a los

ni­ños, aun­que eso no quie­re de­cir que ten­gan po­si­bi­li­dad de vol­ver a te­ner­los pron­to

con ellos.

Mar­tí­nez se­ña­ló que "siem­pre los ni­ños tie­nen de­re­cho de cre­cer con su fa­mi­lia y

con quien quie­ra te­ner­los, y en es­te ca­so la per­so­na efec­ti­va­men­te es­tá".

Así ex­pli­ca­ba por qué se ha­bía de­ci­di­do que los me­no­res que­den con la abue­la

ma­ter­na.

De to­dos mo­dos es re­gla en la DI­NAF, en la Jus­ti­cia de fa­mi­lia y en­tre los

es­pe­cia­lis­tas de las pro­ble­má­ti­cas que los me­no­res en si­tua­ción de ries­go que son

se­pa­ra­dos de sus pa­dres sean de­ri­va­dos a al­gún fa­mi­liar cer­ca­no que ga­ran­ti­ce su

res­pon­sa­bi­li­dad co­mo guar­da­dor.

Una vez que se des­car­ta la po­si­bi­li­dad de que un pa­rien­te pue­da dar­les la aten­ción

que ne­ce­si­tan, en­ton­ces re­cién en­tran en el cir­cui­to de las fa­mi­lias cui­da­do­ras

tem­po­ra­les o en el de adop­cio­nes.