En menos de 24 horas, las autoridades comenzaron a cerrar el círculo investigativo por el crimen en Guaymallén donde fue víctima un joven de 31 años. Tres integrantes de la familia Puebla, los principales sospechosos, ya se encuentran detenidos.

Desde el primer instante en que Rodrigo Oliva Morales fue baleado en su casa del barrio Nebot, en Colonia Segovia, la familia Puebla fue apuntada por las personas que declararon en la investigación. Se trata de un clan que residen al lado de la casa de la víctima fatal y con quien tenía problemas de vieja data.

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Tal es así que el lunes, en horas del mediodía y a plena luz del sol, se perpetró un ataque armado contra Rodrigo Oliva, quien terminó con un disparo en el pecho que le quitó la vida a los pocos minutos tras set internado en el Microhospital de Puente de Hierro.

Con los primeros datos investigativos, la fiscal de Homicidios Claudia Ríos ordenó una serie de allanamientos en busca de detener a la familia Puebla. Así fueron capturados el padre, Roberto Armando (64), y uno de sus hijos, José Armando (23). Pero faltaba atrapar a otro hijo más.

Cerca de las 2.30 de este jueves, Gabriel Armando Puebla (36) se presentó en una dependencia policial cercana. Fuentes policiales indicaron que aseguró que sabía que lo estaban buscando porque le contaron sus familiares pero que no tenía nada que ver con el crimen en Guaymallén.

Los tres integrantes de la familia Puebla quedaron detenidos y en las próximas horas la fiscal definirá si existen pruebas suficientes para acusarlos formalmente por el asesinato de Rodrigo Oliva.