Víctor Antonio Legrotaglie está considerado como uno de los mejores futbolistas mendocinos de todos los tiempos. Y en homenaje a su cumpleaños (nació el 29 de mayo de 1937) , familiares y amigos organizaron en la noche del sábado una gran fiesta en Las Terrazas del Parque. El Víctor, prócer de Gimnasia y Esgrima y el mayor símbolo del fútbol de Mendoza, brindó pidiendo por el ascenso de su querido Lobo, y dijo: "A los pibes que sueñan con llegar a ser jugadores de fútbol, les pido que crean que esos sueños se pueden hacer realidad con esfuerzo, dedicación, voluntad y, sobre todo, si se juega por amor a la pelota. Se los dice alguien que siente el fútbol en el corazón, de igual manera que cuando niño ensayaba cientos de veces las mismas jugadas en la canchita de enfrente de su casa. Porque, en mi caso, parece que el tiempo se hubiera detenido: ya tengo 80 y todavía sigo yendo a jugar al potrero".La dedicatoria del Flaco Menotti para su amigo Hay jugadores que, cuando caminan por un campo de juego, imponen cierta autoridad, cierto respeto, cierto reconocimiento. En la pinta, en el andar, hasta podría decirse que, cualquier cosa que se pusieran, seguramente les quedaría bien. Tienen una presencia diferente, corren lo necesario, abruman con su técnica, manejan los tiempos y los espacios como si la cancha tuviese las medidas que ellos imponen a puro talento, a pura destreza. Hay en esta raza -desde el mundo imaginario- un culto a la belleza que nace en su creatividad. Son finos, virtuosos, simulan incluso con la cara, no sólo con el gesto hábil, viven engañando y hacen de este hermoso juego algo fácil. Regalan emociones en cada mueca de su rostro. Pareciera que tienen incorporados los misteriosos duendes, los que andan a la luz del día y también los que te estimulan a encontrar amigos por las noches. Legrotaglie, El Víctor, es patrimonio ilustre de esta raza y, por si fuera poco, referente de la cultura futbolística mendocina. Esa maravillosa Mendoza, la del vino, la cueca, la que parió grandes músicos y poetas, le puso a El Víctor en sus pies lo que le puso a Tito Francia en su guitarra o a Tejada Gómez en su poesía. Alguna vez escribí que cada hincha es el jugador que soñó con ser y se quedó en el camino. Cada jugador es la extensión de ese hombre que va a la cancha. Lo mismo sucede con la música. Cuando escucho a un bandoneonista y me gusta, soy él, me siento interpretado; todas las cosas que digo, que pienso y que no puedo traducir en música. En ese sentido, cada hincha mendocino es Legrotaglie... El Víctor jugó para la alegría de su querida Mendoza. Hoy estará en estas páginas como anda por la ciudad, caminando recuerdos con el mismo sentimiento con que jugaba. Mi reconocimiento, mi amistad, a este personaje. Cierro diciendo: "¡La puta, qué bien jugaba El Víctor!". Prólogo de César L. Menotti del libro El Víctor de Mendoza.
FOTOS: Luis Amieva (UNO)



