Víctor Antonio Legrotaglie está considerado como el mejor futbolista mendocino de todos los tiempos. Y en homenaje a su cumpleaños (nació el 29 de mayo de 1937), reproducimos el texto Alma de Potrero, publicado en el libro que cuenta su vida.Prócer de Gimnasia y Esgrima y embajador del fútbol del interior, Víctor Antonio Legrotaglie, reinará por siempre en el imaginario colectivo como uno de los mejores jugadores mendocinos de todos los tiempos
El texto Alma de potrero, extracto del libro El Víctor de Mendoza, vida y anécdotas de Víctor A. Legrotaglie, homenaje al mayor símbolo del fútbol mendocino, escrito por el periodista Matías Soria.
ALMA DE POTREROHabía una vez un niño que nació con milagros en los pies. Le pusieron Víctor, y un día comenzó a andar. Desde ese momento, amasó en ilusiones aquellos milagros y los echó a volar. Altísimo, triunfal, fue su vuelo, casi tanto como sus sueños. Y, tan prodigioso que, los que tuvieron la dicha de verlo jugar, aferrados a su magia, aprendieron a volar con él. En la canchita del Club 5 de Octubre de sus inicios o en el césped del Feliciano Gambarte, en los baldíos de su Las Heras natal o en la majestuosidad del Monumental, en la mismísima Bombonera o en el estadio de su querido Gimnasia y Esgrima -que en la actualidad luce merecidamente el homenaje de su nombre-, sea cual fuere el escenario, el Víctor nunca perdió la esencia del potrero. Esa honesta y genuina alegría de jugar al fútbol libre de ataduras, por placer y con la espontánea convicción de entrar en una cancha solo para divertirse con el arte de una gambeta, la sutileza de un caño, el deleite de una pisada, el encanto de una rabona y la fascinación de un pase gol... La alta competencia, el dinero, la fama y la creciente profesionalización del deporte jamás pudieron cambiar su manera de sentir y vivir el fútbol. Un sentimiento que únicamente aquellos que aman de veras este deporte, y lo llevan bien adentro, pueden llegar a comprender. Protagonista excluyente de aquella bella etapa de los años '60 y '70 del balompié mendocino, son cuantiosas las historias que se cuentan de Legrotaglie como futbolista que ya son parte de la leyenda de un verdadero genio. Lamentablemente, de aquella época dorada de nuestro fútbol doméstico no existen registros televisivos -a excepción de algunos hallazgos del celuloide- que puedan reflejar un fiel testimonio visual de su paso por las canchas. Sin embargo, en las retinas y la memoria de cada hincha que atesora el deleite de haber presenciado sus pasos de danza, laten las imágenes -casi inmortales- del sortilegio de su fútbol. Así surge el mito popular que narra su deslumbrante habilidad y la carrera de un verdadero crack de quien se dice, según la versión de muchos, demostraba un talento comparable -en paralelos locales- al que fue el más grande de todos, Diego Maradona. Si de historia futbolística se trata, la del Víctor Legrotaglie no es muy diferente a la de tantísimos chicos de barrios argentinos que, desde que respiran, tienen una pelota como único juguete. Con la nobleza y picardía que da el potrero, dotado de virtuosas condiciones para el fútbol, desde purrete nomás se destacó por su facilidad de crear fantasías en los picados callejeros. Descubierto por el Mona García, recordado maestro del semillero, el destino del Víctor saltó -sin paracaídas y sin red- de los torneos infantiles de la Liga Lasherina, directamente a la Primera división del Club Atlético Gimnasia y Esgrima. Sin escalafón previo en divisiones inferiores, su debut oficial con la camiseta blanquinegra en la máxima categoría de la Liga Mendocina se produjo un 14 de abril de 1956, en un partido frente a Andes Talleres, por la 2ª fecha del campeonato local. El cotejo entre el Lobo y los Azulgranas terminó igualado 2-2 y el joven Legrotaglie, quien por entonces tenía noveles 18 años, ingresó como titular y anotó un gol. Por aquellos años, en el equipo mensana jugaban figuras representativas como el Panza Videla, Enrique Caram, el Negro Castro, Espejo, Pedro Grima, Felipe Vieyra, Juan Antonio Pérez y Jorge Abate. Entre sus tantos méritos, Legrotaglie fue un fenómeno pateando tiros libres por su exquisita pegada con la cara interna del pie izquierdo. Son memorables sus hermosos goles con remates desde fuera del área, como así también los chanfles que le daban una comba increíble a la pelota, convirtiendo el disparo en un misterio indescifrable para los arqueros rivales. Fue así que logró un récord con sus más de 12 goles olímpicos. Especialista en caños y gambetas, el Víctor todo lo hacía fácil con la pelota y, entre amagues y firuletes -daba la sensación de jugar en puntas de pie-, gracias a ese guante que tenía en el pie izquierdo, enviaba pases largos y cambios de frente sorpresivos con unos zurdazos teledirigidos que asombraban por su justeza y precisión. Por su condición de zurdo empedernido, solía recostarse por el sector izquierdo de la cancha, pero le gustaba moverse libremente por el campo de juego, buscando siempre desmarcarse de sus rivales y encontrar los espacios para darle mayor circulación al balón e hilvanar los ataques hacia el arco contrario. Cuando recibía la redonda en el mediocampo, podía armar las jugadas ofensivas con paredes y toques cortos, o bien metiendo pases de cuarenta metros de trayectoria que aterrizaban en el pecho, o en los cordones de las zapatillas de alguno de sus compañeros de equipo.
Un monstruo. Para alegría de los corazones mensanas, Legrotaglie alcanzó su momento de mayor esplendor jugando para Gimnasia y Esgrima en los viejos Campeonatos Nacionales de la década del '70, cuando la fama de su zurda hechizada trascendió las fronteras.Fue el máximo protagonista de aquellos inolvidables equipazos del Lobo mendocino, que durante tres temporadas logró hazañas memorables frente a los más grandes del fútbol argentino. Por aquellos años, la gente de Mendoza lo amaba y lo seguía para verlo jugar hasta en las prácticas. Cuando salía a comer, siempre aparecía alguien predispuesto a pagarle la cuenta y también sucedía que, por ejemplo, si el Víctor deseaba comprar un pantalón, el dueño del negocio se lo regalaba. Un ídolo. Además de la camiseta de Gimnasia y Esgrima, el Víctor también vistió los colores de Chacarita Juniors en la Primera B Metropolitana, equipo con el que entró en los anales del club al proclamarse campeón y lograr el ascenso a la Primera A de la AFA en la temporada 1959. Pese a jugar pocos partidos -nueve presencias y un gol-, en el Funebrero se ganó el cariño de los hinchas y el reconocimiento de la prensa nacional -llegó a ser tapa de la Revista El Gráfico, con los jugadores Doval y Balasannian, como "Los tres mejores de la Primera B"-Legrotaglie también incursionó en Atlético Juventud de San Juan, Américo Tesorieri de La Rioja y Atlético Argentino e Independiente Rivadavia de Mendoza. En cada club en que jugó, el Víctor dejó una huella indeleble de su especial talento y llegó a tal punto su trascendencia como notable jugador, que los clubes más importantes del país y del exterior vinieron a Mendoza con sus millones para intentar contratarlo, como River Plate, Real Madrid de España, Inter de Italia y Cosmos de Estados Unidos, en el que jugaba Pelé. Sin embargo, aquerenciado a su familia, sus amigos y sus costumbres, prefirió la paz y rescoldo de sus afectos antes que las mieles del dinero y reiteradamente regresó a los pagos mendocinos para volver a jugar en su querido Lobo, el club que lo adoró hasta el límite de la idolatría. Después de más de 20 años con la camiseta blanquinegra de Gimnasia sobre el pecho, de tres vueltas olímpicas festejando campeonatos, de cuatro Nacionales mostrando su zurda llena de música, de un título como Campeón Argentino de Clubes y de 15 años -ininterrumpidos- poniéndose el brazalete de capitán para el Lobo mendocino, el Víctor colgó los botines y dijo adiós a la práctica del fútbol profesional en la temporada de 1976 (última fecha de la 1° rueda; Gimnasia 1-Guaymallén 0, en cancha del Lobo), aunque después de su retiro, jugó algunos partidos aislados en torneos posteriores. La campaña del Maestro Legrotaglie ha sido reconocida por sus brillantes conquistas y presencias.Entre los muchos homenajes con los que ha sido galardonado a lo largo de su carrera, se puede destacar que fue elegido el Mejor Jugador del Siglo XX por la Liga Mendocina de Fútbol y designado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Mendoza. Fue tres veces tapa de la revista deportiva El Gráfico -récord para un deportista del interior del país-, que lo mencionó como el "Ídolo de su tierra" en una encuesta nacional. Y recibió el Premio Huarpe por parte de la Asociación de Periodistas Deportivos de Mendoza por su trayectoria deportiva.
Prócer de Gimnasia y Esgrima, embajador del fútbol del Interior del país y marca registrada del deporte provincial, Víctor Antonio Legrotaglie dejó su impronta de magnífico en el Olimpo los dioses futboleros del país y reinará por siempre en el imaginario colectivo del pueblo cuyano como uno de los mejores jugadores mendocinos de todos los tiempos. Sean eternos sus laureles. Los supo conseguir.



