A una semana de la revancha copera entre River y Boca, el sentimiento del hincha está a flor de piel; como siempre, más que nunca.

El líder de la envidia

Por UNO

Por Victoria Fabrizi, hincha de River

(Desde Australia)

Pasó una semana después de la igualdad. El gesto del líder desde el balcón genera envidia, les molesta y da qué hablar. Los medios encaran las portadas de los diarios a modo de espectáculo farandulero y parece que les gusta, mientras ganan rating los programas televisivos sumergidos en la crítica de la ignorancia. Sucesivamente la gente que se acerca a saludarlo, se conglomera a cantar y a brindarle compañía después de varios días en los que lo quisieron destronar. Porque la igualdad en el resultado no se festeja, no es para los "grandes", entonces al no serlo, esta especie de revolución está en el foco de la cuestión.

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Nadie saluda un día antes al del cumpleaños porque es de mala suerte. Si gritás un gol antes que entre, lo quemaste. O hacer uso de la trampa en un juego muchas veces te hace perderlo. Todas supersticiones, que en el fútbol, hasta los más escépticos creen. Entonces... ¿qué festejamos los hinchas de River después de un empate de visitante que profesa un resultado abierto? Ahora sí, al técnico "se le escapó la tortuga" o mostró la hilacha. Esto no está bien, no se hace. Si la primera regla de un juego es no festejar antes de tiempo, cómo un gran estratega quien durante años permaneció bajo el emblema de la humildad y el trabajo puede hacerlo ahora, en vísperas de Trafalgar. Evidentemente desconocen, se deslizan en la línea de la mediocridad.

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Existe en River, desde hace 4 años, un tridente indisoluble entre el cuerpo técnico, los jugadores y su gente. Es como una especie de poder que se construyó durante ese período luego de tiempos de vacas flacas en los que sufrimos más de lo que festejamos. Una nueva historia se escribe a partir del campeonato 2014 con Ramón Díaz en su dirección. Pero su inminente partida, luego de la coronación, fue un hecho y el sueño de los hinchas se desvanecía una vez más en el abismo de la incertidumbre.

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En este panorama llega, como caído del cielo, Marcelo Gallardo, quien desde sus comienzos en el club se distinguió por no subestimar rivales, esforzándose en cada entrenamiento, primando el sacrificio y aplicando, por supuesto, estrategias futbolísticas bajo el profesionalismo. De allí debe su apodo de Napoleón.

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En base a esos 4 años en los que consiguió títulos internacionales, ganarle a su eterno rival, sacarlo de las Copas, demostrar una actitud ganadora en cualquier frente, creer que se puede cambiar lo imposible y, por sobre todo, confiar en tiempos turbulentos, construyó una atmósfera de paz, después de tanta revolución. Asimismo, envalentonando un equipo con caudillos como Maidana y Ponzio, que remontaron la historia del descenso, que conocen todo desde adentro y que están preparados para cualquier batalla: revertir un resultado, mantener la diferencia o lograr la gloria eterna.

Por lo tanto, no se molesten si festejamos. No gasten palabras ni traten de entenderlo. No se estresen antes de que juguemos. No le den importancia, presten atención al juego. ¿O acaso la motivación de jugar en el Monumental la final de la Libertadores no es suficiente? ¿Por qué están preocupados por nuestro festejo? No busquen respuestas a esta identificación esplendorosamente de ida y vuelta, que se retroalimenta y que trasciende dentro de River que tiene a la unión como estandarte.

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Ahora bien, dentro de ese festejo, subliminalmente, también se esconde algún mensaje para ellos: el de callarlos un momento, dejarlos en "standby" durante estos días en los que no hemos dormido bien, donde la ciclotimia es algo recurrente y nuestra cabeza desorbitada no es buena compañía. Por eso, este resultado fue resguardarnos por un tiempo para darnos un poco de tranquilidad en esta ansiada espera final.

Nunca subestimamos rivales, mucho menos ahora, esa no es nuestra esencia.

Serán los días más difíciles de afrontar, con un resultado abierto en el Monumental. Ojalá llueva... es el presagio de buenos tiempos. Todo empieza otra vez. Y ahora el estratega debe idear el plan para una batalla más, porque está decidido a dar el golpe ante la constante intromisión en sus planes de dominio continental. Como en la historia, parece épico al explicar y eso conmueve aún más.

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En su estirpe altivo natural de puño cerrado, destilando bronca y desahogándose, nos transmite confianza, nos hace creer. Y nosotros formamos parte, somos la flota naval para conquistar territorio, somos el caballo de Troya para permear a los soldados a buscar la victoria, para respaldar la gloria. Porque el coraje no se puede simular, es una virtud que escapa a la hipocresía, decía Bonaparte. Por una hazaña más, por todo lo que significa, porque siempre vamos a estar y nunca, pero nunca vamos abandonar. ¡Dale River!

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