Análisis y opinión

Un Estado bobo, telegramas de despido y gente indiferente a la orden del día

La misma noche en la que ganó, Javier Milei prometió "cambios profundos y drásticos”. Claro, hasta ese día las víctimas de esos cambios drásticos no tenían cara y ahora la tienen

¿Qué nos habrá convertido a los argentinos en súper indiferentes frente al dolor del otro? Apenas terminada la segunda Guerra Mundial, Argentina saltó a la fama por ser unos de los países más solidarios y empáticos del mundo al llenar barcos de alimentos para colaborar con la malaria en la que se sumieron la mayoría de las naciones que vivieron esa atrocidad bélica.

Nadie hizo después lo mismo con nosotros que vivimos endeudados con los de afuera, pero acá estamos hablando de lo buenos que éramos los argentinos. Ochenta años después, el mosquito del egoísmo parece haber picado fuerte en la argentinidad: imágenes de gente agarrando packs completos de repelentes dejando a los que vienen atrás sin nada son comunes y corrientes. Abundan las burlas y escarnios en redes sociales, es la moda.

A propósito de la guerra, el escritor y pensador español Javier Marías dijo alguna vez que si Joseph Gobbles, ministro de propaganda de Adolf Hitler, hubiese tenido internet, "hoy el mundo sería nazi y Hitler hubiera ganado la guerra”. Como para graficar la importancia de tener un ejército de trolls disparando, burlándose y afrentando 24/365, inclusive desde algunas oficinas del Estado en Casa Rosada, ¡con la tuya contribuyente!

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Movilización de ATE frente al Ministerio de Economía de la Nación en protesta por los despidos en el Estado.

Movilización de ATE frente al Ministerio de Economía de la Nación en protesta por los despidos en el Estado.

El rol de las redes sociales y del presidente Javier Milei

Las redes sociales permiten que la gente ande escondida detrás de nombres falsos o seudónimos indescifrables. Desde ese lugar se dispara munición gruesa, se subestima y se menosprecia con chances de que te retuitee el propio presidente Javier Milei. Hay que andar con las defensas altas para aguantar embates cuando se es víctima y cargado de epítetos punzantes cuando se es victimario.

En esta misma columna semanas atrás hemos descrito algunas cosas que tienen que ver con la época, como la virulencia televisiva a través de discursos rimbombantes y a los gritos en programas como Gran Hermano con participantes que generan amor y que son irreverentes, vulgares y crueles.

Las diatribas en las que los dirigentes se disparan de todo, políticos que ocupan cargos en el Estado electos o puestos a dedo pero que en definitiva cobran de la nuestra. La señora en la cola de ANSES esperando hacer un trámite y diciendo que si los echan “algo habrán hecho”. El Presidente burlándose de un gobernador fotoshopeando su cara con rasgos de un niño con síndrome de down. Y mil etcéteras más.

No olvidar tampoco que nuestro país se llama Argentina que viene del latín ‘argentum’ que significa ‘plata’, una de las cosas que más amamos les argentines (sorry Adorni, usé la ‘e’); de nada sirve engañarnos a esta altura, amamos amarrocar para nosotros y que el resto reviente.

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Trabajadores del Conicet Mendoza protestaron por los despidos impuestos por el gobierno de Javier Milei.

Trabajadores del Conicet Mendoza protestaron por los despidos impuestos por el gobierno de Javier Milei.

Mucha gente asume que el otro puede tener hambre sin drama, quedarse sin pagar el alquiler y que te desalojen sin problemas y pasar frío porque te cortaron el gas o la luz sin sobresaltos. Jodete, es tu problema no el mío.

¿Hay un culpable de estos desbarajustes que nos empujaron a la crueldad? La misma noche en la que ganó Javier Milei prometió "cambios profundos y drásticos”. Claro, hasta ese día las víctimas de esos cambios drásticos no tenían cara y ahora la tienen.

Cuatro meses después de haber asumido la primera magistratura, Milei ha mandado decenas de miles de telegramas de despido a domicilios tangibles a lo largo y ancho del país, vecinos tuyos, destinatarios de carne y hueso, dueños de un nombre y un apellido. Muchos de esos hoy exempleados del Estado, incluso y muy seguramente, votantes del mismísimo Milei que apostaron a “un cambio”. Víctimas del cambio que apoyaron, surreal.

Mala fama tiene el Estado, pobre. El propio Presidente cuando era candidato hizo campaña diciendo que “el principal enemigo de los argentinos es el Estado que no sirve para nada”. Y pensar que alguna vez fue el ‘Estado bobo’ quien nos dio una mano para subsidiarnos los servicios y llegar a fin de mes un poco más acomodados. ¿Era una ilusión óptica o lo hacía de bobo que es nomás?

¿Es entonces el Estado el culpable de todos nuestros males, de nuestra crueldad y de la falta de empatía con el dolor, los despidos y los padecimientos del otro? ¿Es además de ‘bobo’, malo? Como diría la pensadora contemporánea Karina Olga Jelinek: "Lo dejo a tu criterio”.

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