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Pizzi y la masa crítica universitaria se han llamado a silencio

El rector de la UNCuyo, Daniel Pizzi, debería expresarse sobre el apagón de la educación en la pandemia y acerca de la ausencia de sus pensadores

Sería muy interesante que el rector de la UNCuyo, Daniel Pizzi, explicara por qué la universidad nacional que conduce no se ha expresado de manera institucional sobre el apagón de la educación durante la pandemia.

Si la repartición que preside es efectivamente un caldero de pensamiento crítico (así lo dicen algunas gigantografías de promoción), Pizzi ya debería haber propiciado que sus académicos e investigadores se expresaran sobre el sistema educativo virtual.

Quienes denuncian que ha habido en el país una vulneración de esos derechos desde la llegada del Covid-19, remarcan además que los pensadores universitarios se han llamado a silencio de una manera preocupante. ¿Realmente no tienen nada que decir de una institución pública solventada por los contribuyentes y cuyo fin es investigar, pensar, enseñar y discutir ideas?

La corporación

En el caso de la UNCuyo, el Rectorado sólo se ha expedido una sola vez y por un asunto tangencial de defensa corporativa. Fue mediante una carta abierta en el reciente mes de mayo. Pizzi hizo ahí una defensa cerrada de la labor virtual de los docentes y cuestionó a quienes los habían criticado, en especial a los padres de alumnos de los colegios secundarios de la UNCuyo, quienes ven con preocupación cómo aquellos "colegios de excelencia" que buscaron para sus hijos ya no son lo que eran.

La carta de Pizzi se ha parecido más a un pronunciamiento sindical que a una posición político institucional del jefe de una universidad del Estado. En efecto, este funcionario apareció más como un dirigente gremial de la Fadiunc que como el referente político institucional de un centro vital del conocimiento.

Esto de hacerse los desentendidos ante sucesos de profunda gravitación, ha sido una característica de los últimos 50 años en la Universidad estatal argentina. ¿Cómo aceptar que no ofrezca opinión ni sea partícipe del fuerte debate que está instalado en la sociedad argentina sobre la necesidad de retomar la presencialidad educativa?

El cogobierno

Se ha podido comprobar que -otra vez- es la presión cívica la que está ocupando el lugar que abandona la política, en este caso la universitaria. La espuria ligazón entre funcionarios partidarios y sindicalistas de la educación, en la que estos últimos avanzan sobre decisiones política que exceden lo gremial, es una desembozada muestra de un ilícito cogobierno.

Eso se ha exacerbado durante la pandemia y en el ámbito de la educación ha alcanzado niveles alarmantes, sobre todo en la provincia de Buenos Aires, donde la mayoría de estos gremios tienen una fuerte vinculación con el kirchnerismo. No son los afiliados los que deciden, sino que la línea de acción se marca en otras instancias políticas, como el Instituto Patria.

En Mendoza hay que reconocer que fue Alfredo Cornejo el que se animó a romper esa especie de gobierno paralelo que ejercían los gremios estatales, pero en particular el sindicato docente, acostumbrados a utilizar las paritarias para contrabandear medidas políticas que iban mucho más allá de la defensa de los intereses laborales de sus asociados. Los gobiernos de Celso Jaque y Paco Pérez fueron ejemplos claros de esa subversión de valores republicanos.

Se borraron

La ausencia de iniciativa y de energía que ha demostrado la dirigencia política institucional de la UNCuyo ante la realidad pandémica ya era preocupante desde marzo del año pasado, pero ahora ya se ha tornado en otra cosa peor. Da vergüenza ajena.

De su Facultad de Educación, por ejemplo, no se han conocido pronunciamientos ni tampoco intenciones de generar un debate público para ver cómo se sale de la virtualidad. Tampoco ha sido pródiga en esclarecimientos su Facultad de Ciencias Médicas ni sus institutos de investigación. Los combativos centros de estudiantes han cerrado con candado y se han llamado a silencio y las agrupaciones estudiantiles no han mostrado ninguna desazón por la ausencia de clases presenciales. Todo lo contrario.

Héctor Ghiretti escribió en Infobae que "El sistema universitario argentino es ineficaz, obsoleto, hiper burocratizado y caro. Y va a peor". Podría agregarse a ese certero resumen, que dicho sistema produce gente acomodaticia y que se acostumbra rápidamente a que sean los funcionarios militantes y los sindicalistas quienes decidan, por ejemplo, sobre la suerte de las clases presenciales.

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