Estaba cantado. No nos iban a perdonar las filminas de la cuarentena. Hablo de aquellos gráficos en los que, hace unos meses, Alberto Fernández mostraba a la Argentina con un rendimiento sanitario mejor al que registraba Chile ante la pandemia. Quizás hubiese sido más productivo que ellos nos hubiesen contestado con sus propias filminas, sobre todo ahora que algunos números parecen favorecerlos. Pero no. Prefirieron echar sal en la herida.
Los chilenos no nos perdonan las filminas
La venganza trasandina tomó la forma de un spot propagandístico que la derecha dura chilena pergeñó con vistas a la elección constituyente del 25 de octubre y que ya se ve en los canales de TV del país de al lado. Ese día los chilenos decidirán si aceptan o rechazan que se reforme la Constitución, que data de la época del dictador Pinochet.
¿Y qué hizo este sector de la política chilena para argumentar el voto por el NO a la reforma? La fácil. Eligieron poner a la Argentina como ejemplo de todo lo malo que les ocurrirá a ellos si insisten en cambiar la Constitución. No retrocedamos, no seamos Argentina, es la enseñanza que deja la propaganda. ¡Un poco más de imaginación, momios! ¡No se le pega al contrincante estando en el piso!
¡Qué ganas de joder la pava! Y todo para que las redes sociales ardan con lo peor del nacionalismo de uno y otro lado y para darle servido en bandeja un tema a los programas de la tele con panelistas. Le cuentoPor si no la vio, en la propaganda, una pareja de chilenos, de visita en Buenos Aires, sube a un taxi y pide ir al obelisco. Ahí entra en acción uno que hace de tachero porteño (pero al que lo "vende" la chilenidad) que nomás sentirles la tonada empieza a hacerles preguntas y a alabar la estabilidad trasandina en contraposición con las crisis argentinas.
"Ustedes siempre estuvieron mejor", les dice el taxista argento. Los pasajeros intentan hacerle ver que ha habido un proceso de protestas que pide cambios y que eso debe ser atendido, pero el "nuestro" no da el brazo a torcer y les zampa esta perorata: “Ustedes no pasaron hambre, no tuvieron cinco presidentes en una semana, la inflación suya alcanzó el 3 o 4% anual como mucho, mientras que nosotros tuvimos 50% en un año”. Y la remata con este consejo: “Cuídense, no vayan a retroceder”.
El spot concluye con una voz en off que cuenta las diferencias entre la pobreza y el desempleo de ambos países. Y entre la estabilidad y el despelote. Y pide a los chilenos que rechacen la reforma constitucional que sólo los llevará...a la Argentina.
De bien y de mal
Suponemos que los chilenos de la centro derecha, de centro y de centro izquierda, la mayoría de los cuales van a votar "SI", no nos van a tomar también para el churrete. Creemos que el voto mayoritario de octubre va a tener la particularidad que ha tenido la protesta que comenzó en octubre de 2019 en las calles de todas ciudades chilenas.
Una movida social que sigue exigiendo un mejor reparto de la riqueza, pero sin romper con el modelo, sino dentro de un liberalismo social más atento a las necesidades del conjunto. Chile ha ampliado su clase media, pero no ha dado más posibilidades para que los hijos de éstos puedan ir a la universidad, de que tengan una escuela pública de mayor calidad, o una salud menos restrictiva, o mejores jubilaciones. El grueso de los chilenos no pide revolución sino evolución.
Escuchame, pibe
Estos hablan como si nosotros no supiéramos que difícilmente la Argentina sea un ejemplo a seguir. Como si ya no tuviéramos bastante con que desde nuestro propio Gobierno nos digan que hay "argentinos de bien" y de los otros, de mal, y que éstos últimos tienen la costumbre de criticar.
Como si no supiéramos cómo nos ha ido con ciertas ideologías que necesitan, como dice Santiago Kovadloff "reducir la riqueza de los conceptos a creencias que ya están instituidas y a saberes que ya están establecidos". Como si no supiéramos que el subdesarrollo es estancarnos en un presente eterno de reiterado fracaso.
Pero, joder hombre, tampoco es para tomarselo tan a pecho. Tomémoslo mejor con soda. Los chilensis están en su derecho a hacer la propaganda que quieran. Y nosotros, en la obligación de preguntarnos por qué será que afuera tienen tan jodidas opiniones de nosotros.



