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Juan Nasio: "Es muy desagradable psicológicamente este clima de distancia social y de persecución"

El psicólogo y psiquiatra Juan David Nasio llegó hace medio siglo a París y nunca la abandonó. Fue discípulo y luego traductor de Jacques Lacan

París, haciendo honor a su bien ganado título de Ciudad Luz, ha sido un poderoso foco de atención para personalidades de todo el mundo. Los argentinos se encuentran entre los más devotos. Julio Cortázar o Astor Piazzolla son dos ejemplos notables.

Siguiendo esa estela brillante, el psicólogo y psiquiatra Juan David Nasio llegó hace medio siglo a la capital francesa y ya nunca la abandonó. Fue discípulo y luego traductor de Jacques Lacan. Hoy, él mismo ostenta el título maestro y referente en el ámbito internacional. Es uno de los fundadores de Séminaires Psychanalytiques de Paris y su obra publicada supera la treintena de títulos.

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Con un optimismo desbordante, este argentino de casi ochenta años anuncia la salida de su nuevo libro y festeja, muy especialmente, la incorporación de Lionel Messi al Paris Saint-Germain.

Se siente hermanado con la Pulga porque ambos son oriundos de Rosario, lo mismo que Ángel Di María y Mauro Icardi.

Recién llegado de unas vacaciones por Italia en el verano europeo, disfrutamos de un precioso diálogo con don Juan junto a Marcelo Furlano en el programa Primeras Voces de Radio.

-Buen día, doctor. Qué bueno encontrarlo de vuelta en París, esa ciudad hoy tan alborotada.

-Contento de conocerlo, Andrés; contento de conocer a los oyentes de Radio Nihuil. Estoy en París, ahora. Ya de vuelta. Hay que empezar el trabajo.

-Usted ha sido discípulo de Lacan. Experiencias como estas lo marcan a uno de por vida, ¿no?

-Lo marca a uno, sí. Pero uno va creciendo y hoy puedo decir que soy discípulo de muchos maestros maravillosos. Y llega un momento en que uno mismo es maestro, como me ocurre a mí ahora, que ya voy a tener 80 años y tengo muchos discípulos. Entonces, evidentemente, están las dos cosas: el honor de haber sido discípulo de Lacan y el placer y el orgullo de ser argentino acá en Francia y tener tantos discípulos yo también.

-¿Cuál es el secreto psicológico, cultural, existencial, para derrochar tamaña energía a esta altura de su vida y de su carrera? Perdone el atrevimiento, pero parece un péndex con toda la onda y la polenta que transmite.

- (Ríe) ¿Sabe lo que pasa? Se va a reír, pero… ¡soy argentino! Nací en Argentina y vine acá con la fuerza de los abuelos nuestros. Usted se llama Andrés Gabrielli, ¿no?

-Sí, señor.

-Muy bien. Gabrielli debe ser un nombre italiano, seguramente.

-Italiano de la Toscana.

-Los abuelos suyos y los bisabuelos, igual que los míos; como yo en Francia, hemos luchado para poder conquistar el país. Entonces, eso es lo que me da fuerza: ser argentino y tratar de conquistar la Francia, que es un país que amo profundamente y en donde él formó a toda mi familia.

-¿Todos son de ahí?

-Mis hijos, mis nietos, son franceses. Pero realmente es un placer. Yo me comparo con un agricultor de abuelos italianos o judíos que iban a la Argentina y subían en el tractor. Yo digo siempre que tengo un tractor y lo subo todos los días. Trabajo la tierra, trabajo la tierra, trabajo la tierra y así resulta lo que usted me dice: “Doctor Nasio, ¿cómo puede ser que tenga esta polenta?”.

-Si. ¿Cómo puede ser?

-Esa polenta es la polenta de la ambición y de la lucha por conquistar.

-Usted lleva casi medio siglo en París. ¿Dónde se funda nuestro amor por esa ciudad como dejaron testimoniado, entre tantos otros, Cortázar, Piazzolla? ...

-Lo conocí a Piazzolla en París. Hemos cenado juntos. Tuvo esa suerte. He conocido a Cortázar, en el tren, cuando viajaba a Bélgica. París es una ciudad maravillosa, centro cultural desde hace tantos años. La han llamado la Ciudad Luz .

-¿Por qué?

-Porque es la ciudad de la luz de la inteligencia.

-¿Y cómo está hoy, París?

-Hay muchos defectos, muchas fallas. La Francia no tiene la misma fuerza que tenía hace algunos años, es verdad. Pero París sigue siendo la ciudad de la cultura y del sol. Un sol que brilla.

-¿Cómo ponemos eso en relación con nuestro país?

-La Argentina es un país cosmopolita. Es decir, hay muchos pueblos que han emigrado, como los españoles, los italianos; muchas culturas. París también es una ciudad cosmopolita donde hay muchas fuentes, mucha gente de gran valor. Así como usted mencionaba a Cortázar, todos los grandes escritores y pintores han pasado por aquí.

-Y Atahualpa Yupanqui, Susana Rinaldi, Jairo… La lista es infinita.

-He tenido la suerte, también, de conocerla a Mercedes Sosa. Fue una anécdota muy linda. ¿Tengo tiempo?

-¡Claro! Cuéntenos.

-Yo era jovencito. Recién llegaba a París con mi señora. Tenía 26 o 27 años. Entonces mi señora, como le gusta el folclore, me dice: “¡Ay! A mí me encantaría escucharla a Mercedes Sosa ”.

-Un deseo que valía más que una orden. ¿Usted qué hizo?

-¡Et voilá! Justo descubro que ese año -debía ser 1970- Mercedes Sosa viene a hacer su primer recital en París. Entonces le digo a mi señora, como sorpresa, que íbamos a ir a verla al Théâtre de la Ville.

-¿Y cómo sigue la experiencia?

-El teatro está lleno de argentinos, de latinoamericanos. Repleto. Entonces Mercedes sube al escenario y tose. Dice: “Por favor, discúlpenme. Tengo la garganta mal ”.

-¿Estaba realmente enferma?

-Yo, como psiquiatra, sabía que no era la garganta. Era la angustia. La angustia de Mercedes por cantar allí por primera vez.

-¿Qué hizo usted, entonces?

-Aquí viene la anécdota. Al terminar el concierto se me ocurre una idea. Estamos en la puerta del teatro y le digo a mi mujer: “Esperame acá, no te muevas”. Y me voy al camarín de Mercedes Sosa, donde había una cola enorme.

-¿Cómo se las arregló? ¿No me va decir que se coló?

-A le persona que estaba cuidando para que no entrara la gente le digo: “Mire, yo soy médico. Y como vi que la señora Sosa tiene algo en la garganta, ella necesita de mí ”. La misma Mercedes me hizo entrar.

-Bingo. Talento criollo.

-Ese fue el momento más emocionante de mi vida. Entro, la veo a Mercedes, la saludo y le ofrezco mis servicios. Entonces Mercedes Sosa abre la boca, tira la cabeza para atrás y me dice: “Mire cómo estoy de la garganta”. Por supuesto que no tenía nada. Pero no me estaba dando cuenta, en ese momento, de que estaba viendo la garganta de una de las más grandes cantantes de América Latina. ¡Era una maravilla!

-¿Y qué pasó con su mujer, que adoraba a Mercedes?

-Salgo corriendo a la puerta del teatro, la agarro a mi señora y le digo: “Vamos, que te tengo una sorpresa”. La llevé al camarín y le presenté a Mercedes Sosa. Fue un momento de intensa emoción. Ahora mismo siento emoción contándole esta historia porque fue una hermosísima anécdota del sinvergüenza que era. Yo, como psiquiatra, ¡qué iba a saber de garganta!

-Un típico argentino, usted.

- (Ríe) Exactamente. Era el momento en que se usaba el gamulán, ese tapado de cuero con piel en el interior del que los jóvenes hoy ni saben en la Argentina.

-La cuestión es que usted le ha sacado partido a esa gran ciudad.

-En París tenemos la suerte de cruzar a gente de gran valor como es el caso, hoy, de Messi, por ejemplo.

-¿Cómo ha impactado emocionalmente la llegada de Messi a París, una ciudad históricamente no tan apasionada por el fútbol?

-Hay que recordar, primero, una cosa importante. Francia redescubre el fútbol cuando son campeones. Hoy son, justamente, los campeones de 2018, no hay que olvidarse. Entonces, los franceses están mucho más sensibles a todo lo que es fútbol.

-De ahí el impacto que causó la contratación del PSG, ¿no?

-Cuando se supo que Messi venía hubo un fervor extraordinario, no solamente entre los especialistas sino también entre la gente común. A veces los ómnibus tenían que salirse, change the route, por la muchedumbre que había. Algo fuera de lo común. En una o dos horas se vendieron más de treinta mil camisetas.

-Si. Llamó mucho la atención ese impacto en la Ciudad Luz.

-En una palabra, para la Francia recibir a Messi represent un gran honor.

-Y para usted también, doctor, que es rosarino.

-Claro, soy rosarino, como Messi. Y hay otro futbolista , otro futbolista rosarino acá, Di María.

-¡Claro! El Fideo . De Rosario Central.

-Seguramente Messi debe haber hablado con Di María, que está acá en París desde hace muchos años, para pedirle consejos sobre cómo poner a los chicos en la escuela y otros problemas familiares.

-También Icardi es rosarino, doctor.

-¡Icardi, por supuesto! Yo me siento muy contento con todo esto. Yo recibo en consulta a chicos, padres y familias. Y el otro día vino a verme uno de esos chicos, de ocho años, que traía una camiseta de fútbol que atrás decía “Messi”.

-¿Y qué pasó en la sesión?

-Al principio, el chico no me hablaba mucho. Entonces, en un momento, le digo: “Mirá, hay una cosa que te quiero contar. Vos llevás una camiseta de Messi, que es un jugador de fútbol. Y quiero que sepas que yo nací en la misma ciudad que ese jugador ”. El chico se rio ya partir de ahí la sesión comenzó.

-A propósito de los chicos, le consultamos por un tema que usted ha trabajado muy bien. Dicen que la pandemia nos va a dejar otra pandemia de problemas psicológicos y psiquiátricos. ¿Qué nos espera, Juan?

-Le agradezco la pregunta porque este es un tema que me resulta muy actual. Yo soy muy sensible. Todo esto que se está haciendo para evitar la pandemia, es decir, todo este movimiento de alejamiento social, de distanciamiento social, de máscaras para esconder la cara, etcétera, no me gusta.

-¿Por qué? ¿Adónde nos lleva?

-Es lo opuesto a lo que yo siento, a lo que yo soy como persona, a lo que aprendí como argentino. Según espero -y estoy seguro de que va a ser así- esto se va a terminar. Pero es muy desagradable psicológicamente todo este clima de distancia social y de persecución.

-¿Ha tenido alguna mala experiencia personal?

-Tengo a mi propia nuera que no se quiere vacunar.

-¿Y cómo lo toma usted?

-Bueno… la respeto. Pero, además de no quererse vacunar, está todo el tiempo preocupada con que yo no me acerque a los chicos, ¡a mis nietos! Está como perseguida. Le cuento esto para decirle hasta qué punto me es personal esta reacción que tengo frente a las diferentes medidas que se han tomado.

-Medidas, muchas, que era imposible evitar, ¿no?

-La mayor parte de las medidas son totalmente necesarias, lo reconozco. Pero son negativas desde el punto de vista social, humano. Lo fundamental es el amor.

-Usted está tocando el punto fundamental…

-Si usted me pregunta: “Doctor Nasio, ¿puede decirme una cosa que le importe?”. ¡Si! Sí hay una cosa que me importa: amar y sentirse amado. Ese es el punto mismo de la felicidad, la base de toda la felicidad humana.

-¿Entonces?

-Necesitamos estar cerca. ¡¿Cómo no vamos a estar cerca ?! Yo no puedo no estar cerca de mis nietos. Es absurdo. Pero es así. Respeto a mi nuera porque, bueno… ella me lo ha pedido. Qué le vamos a hacer.

-Un gusto haber charlado con usted, doctor. Sabemos que allá usted prueba los mejores vinos franceses, pero cuando se dé una vueltita por acá le hacemos probar los nuestros. No les vamos en zaga, los mendocinos.

-¡Por favor! Además, vamos a volver a hablarnos porque saco mi libro en noviembre, aproximadamente. En Editorial Paidós.

-¿Sobre qué tema?

-Sobre la depresión. Ahí volveremos a hablar del amor. Pero del amor que, cuando se lo pierde, uno se pone triste.

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