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Fiestas clandestinas: ¡Coronavirus, basura, vos sos la dictadura!

Hay un frenesí por las fiestas clandestinas, como si estuviéramos a las puertas del Apocalipsis. ¿Se puede ser clandestino y después mostrar todo en las redes?

El tema son las fiestas. Uno se pregunta: ¿hay un frenesí por estar enfiestados a raíz de la cuarentena? En principio pareciera ser una nueva forma de resistencia civil contra la dictadura sanitaria. Si se hace un recuento de la enorme cantidad de fiestas clandestinas que han sido desactivadas en el país en estos meses, habrá que convenir que las festicholas son un artículo de primera necesidad.

La fiesta, la "que fantástica, fantástica esta fiesta", es como la libertad o como respirar. O como la necesidad de provocación que instauraron Adan y Eva en el comienzo de los tiempos cuando le dieron duro y parejo a la ingesta de manzanas, algo que esos cosos sabían que estaba recontra prohibido.

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Si no estamos enfiestados, parece ser que morimos. Evita nos legó que "donde hay una necesidad hay un derecho" y ahora todos estos guachos revisitan la frase y le dan una vuelta de tuerca con la misma pasión que un bebé se prende a la teta.

El huevo o la gallina

Ahora bien, quien esto escribe no tiene muy claro si lo más importante son las fiestas en sí, lo cual vendría a ser como dejarse llevar por un un mandato ancestral de los humanos, o si lo urgente es -en realidad- la febril necesidad de que los participantes difundan esas fiestas en las redes sociales para que todo el mundo hable de ellos como unos rebeldes de la gran siete.

Si jugás a ser clandestino, ¿para qué ponés la trucha ante el primer celular que aparezca? ¿Para qué viralizás tu jeta o tu traste. Decilo. Porque te fascina ser el centro de comentarios entre tus relaciones, porque necesitás que hablen de vos, porque te debe faltar autoestima, porque morís por hacer tuyos los 15 minutos de supuesta fama sobre los que advirtió Andy Warhol.

El mundo ya no son las noticias reales, lo-que-pasa-en-el-mundo de en serio, sino lo que vos generás en las redes creyendo que el orbe está ansioso por verte o por enterarse del asado que te comiste hoy en el piedemonte con 30 amigos que tomaban cerveza del pico.

"Jame e' joder"

Ya sabemos que ante cualquier ley seca sobreviene la necesidad de mojar el garguero. Y de nada sirve que a vos te digan que están prohibidas las reuniones de más de 10 personas y que hay que guardar la distancia y respetar todos los cuidados mínimos que señala la ciencia.

Vos sos un sub-30, sabés que si te agarra el virus zafás porque seguro serás asintomático. ¿Pero qué pasa con tu madre, con tu padre, tu abuela, o tus tíos, o los que trabajan o tienen trato con vos y curten más de 50 años y enfermedades previas?

A los de la la fiesta acuática de El Carrizal, convertido en una especie de Ibiza del subdesarrollo, hay que reconocerles una cierta originalidad, ponele. Hicieron algo distinto a lo del Gordo Maxi (¿qué fue de la vida de aquel visionario llamado también "el caso 98"?) o de la comerciante de Maipú, o la de los hijos de varios políticos, o de los motoqueros pitucos de Agua de las Avispas, o de los de la partusa con DJ en el piedemonte, o de los más gasoleros de las playas del río Mendoza.

Imaginemos, finalmente, a todos estos rebeldes y libertos de la web, corear a viva voz y con los puños apretados: "Corona, basura, vos sos la dictadura".