Pocos autores han sido tan enjundiosos como Octavio Paz. Aquel que se haya acercado a ese complejo ensayo suyo titulado Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, que es, entre muchas otras cosas, un magnífico fresco de la historia mexicana del siglo XVII, seguramente habrá comprendido con rapidez el estridente cortocircuito producido por el presidente argentino Alberto Fernández cuando le endilgó al premio Nobel mexicano algo que este jamás había escrito.
El Presidente, Octavio Paz, Litto Nebbia y cómo meterse en un merengue innecesario
La fallida frase presidencial sobre indios, selvas y barcos ("los mexicanos vienen de los indios, los brasileños de la selva y los argentinos de los barcos") que nuestro mandatario le atribuyó a Octavio Paz al hablar en una ceremonia de bienvenida al presidente español Pedro Sánchez, en realidad nunca fue dicha de esa manera y mucho menos escrita.
Quien sí escribió sobre el asunto fue otro mexicano notable, Carlos Fuentes, quien afirmó haberle escuchado decir a Paz, como una humorada entre amigos, que "los mexicanos descienden de los aztecas, los peruanos de los incas y los argentinos de los barcos". Lo cual es bien distinto.
En realidad, Fernández lo explicó después, cuando debió salir a pedir disculpas. Contó entonces que se había basado -para decir lo que dijo- en una canción de su amigo Lito Nebbia llamada Venimos de los barcos, compuesta durante el exilio de ese cantante y compositor en México en la última dictadura argentina y que, efectivamente, habla de indios, selvas y brasileños.
Ese "complejo"
En esta época de forzado lenguaje inclusivo (me refiero a ese invento que tiene mucho más de ridículas imposturas que de naturales cambios del hablante), no es lo mismo decir indios que aztecas, como tampoco confundir Perú y sus incas con Brasil y sus selvas. Octavio Paz jamás mencionó en su supuesta frase sarcástica a la selva amazónica como el sitio de donde habrían salido los brasileños. El finado Paz tenía un exquisito conocimiento acerca de cómo se habían conformado los países latinoamericanos.
Cuando las palabras de Alberto Fernández se reprodujeron en la prensa, un reguero de pólvora ardió en buena parte de Latinoamérica y algunos países de Europa. Bolsonaro, guarango consuetudinario, se hizo un festín criticando al argentino por su dislate.
En México, el presidente López Obrador remarcó la equivocación de su par argentino aunque trató de no cargar las tintas, pero en cambio un ex mandatario de esa nación, Felipe Calderón, fue categórico en su repudio y puso de manifiesto la soberbia y el desconocimiento como una marca de los argentinos. ¿"Esto de creerse europeos será un complejo?, se preguntó, para luego agregar que el episodio le parecía un chiste de Cantinflas.
De cualquier manera lo peor para Fernández fue que aquí lo haya salido a defender un personaje como Victoria Donda, la titular nacional del Inadi. Esa señora agrandada y con aires de suficiencia es la menos indicada para abrir la boca después de lo que le hizo a la empleada que tenía en negro en su casa.
Jodida impronta
Los presidentes no pueden confiar ciegamente en su impronta oral. A Menem le aguantaban y le festejaban sus disparates verbales porque estaba en vigencia el peligroso "uno a uno", porque la inflación estaba soterrada aunque vivita, y porque se podían comprar electrodomésticos y viajar al exterior. Pero sobre todo porque una ladina coincidencia simulaba no ver los actos de corrupción del menemato.
A los pocos días de asumir, a fines de diciembre de 2019, Fernández ya había cometido un recordado error respecto de otro maestro de las letras, Jorge Luis Borges. En un acto a favor de la lectura, el mandatario alabó "las novelas de Borges", género en el que este autor jamás incursionó. El creador de El Aleph escribió cuentos, poemas, ensayos, prólogos, pero jamás una novela.
Estos sucesos (nimios en algunos casos, graves en otros) en los que viene incurriendo el mandatario se podrían solucionar si el Presidente tuviera buenos asesores y desconfiara más de su vehemencia. ¿Para qué está el ministro de Cultura, un funcionario clave a los que muchos mandatarios tienen entre sus principales consejeros? Basta recordar la provechosa ligazón que formaron Charles De Gaulle y André Malraux (La condición humana, Antimemorias, entre otras obras) tanto en el gobierno provisional posterior al fin de la Segunda Guerra Mundial como en el período 1958-1969.
Nocturnidades
Al ministro de Cultura argentino, el cineasta Tristán Bauer, prácticamente no se lo recuerda en una foto con el Presidente, sí en cambio con la vicepresidenta Cristina Kirchner y con la militancia del Instituto Patria.
A esas gaffes, que quizás desaparecerían si tuviera mejor cobertura política de su equipo, hay que sumar sus conocidas y reiteradas metidas de pata que le han generado algunos de sus paseos de madrugada por Twitter y otras redes sociales, nocturnidades en las que no sólo suele opinar de asuntos nimios sino que retuitea comentarios y videos de algunos conocidos, como si él fuera una persona común. Es cierto que luego no tiene problemas en pedir disculpas.
El Presidente no puede ser un ocurrente ni decir lo primero que se le venga a la cabeza. En el afán de ser su propio propagandista, suele salir mal parado. Deberían cuidarlo mejor.



