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Análisis y opinión

Argentina quedó para el diván tras una semana estrambótica

En lugar de generar confianza y decisión tras la derrota en las PASO, el Gobierno nacional optó por lanzar un tembladeral de dudas y desconfianzas sobre los argentinos 

Uno ha visto cosas raras en la política. Pero que la segunda autoridad de un país le ordene al presidente de esa nación lo que debe hacer, es una anomalía chirriante y, por lo alocado, otro argentinismo para el diván .

Y mucho más estrambótico es que muchas de esas órdenes han sido dadas mediante una nueva carta abierta al país , de la que el primer mandatario se enteró junto con el resto de los argentinos.

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"A mí, por las buenas, me sacan todo. Pero no acepto decidir bajo presión", dijo Alberto Fernándezhablando como si no fuera abogado y profesor en la Facultad de Derecho de la UBA . Esa frase se la puede entender en boca de un padre con relación a sus hijos, o de un abuelo ante los pedidos de sus nietos, pero un presidente no se puede dejar "sacar todo" porque en ese "todo" está, por ejemplo, el capital contante y sonante que a diario aportan los contribuyentes.

Comando simple

En su encíclica urbe et orbi dada a conocer cuatro días después de la "catástrofe política" de las PASO (el textual es de Cristina ), la vicepresidenta le exigió al Presidente "que honre la voluntad del pueblo argentino" expresada en la elección presidencial de 2019.

Veamos: la voluntad del pueblo argentino fue clarísima: Alberto Fernández fue ungido presidente de la Nación en 2019 y Cristina Kirchner fue elegida vicepresidenta . En ningún lugar del mundo con democracias republicanas la figura vicepresidencial tiene más poder real o simbólico que la institución llamada Presidente de la Nación, que es unipersonal y no de doble comando.

Si existiera un acuerdo no blanqueado ante la sociedad por el cual ellos dos hubiesen acordado en secreto un "Alberto al Gobierno, Cristina al Poder", eso sería nulo. La Carta Magna de los argentinos establece claramente cuales son las prerrogativas de uno y de otro cargo. Quien toma las decisiones y tiene la última palabra es la persona que ocupa la primera magistratura.

No se trata de presiones buenas o de presiones malas. La Constitución no acepta que el rol del vicepresidente tenga más poder de decisión o posibilidad de veto frente a quien haya sido elegido para presidir el país.

¿Quién lo hizo?

Cristina no lo hizo presidente a Alberto Fernández. Lo ungió, sí, como candidato presidencial del Frente de Todos. Cristina sabía muy bien que si ella encabezaba la fórmula, nunca iba a ganar. El 48% de los votos que la fórmula Alberto-Cristina logró en 2019 lo puso la ciudadanía . Lo aportaron peronistas republicanos, independientes, desencantados de Macri y, claro, kirchneristas.

Alberto Fernández es la cabeza del Poder Ejecutivo y Cristina Kirchner está al tope del Poder Legislativo, más concretamente del Senado nacional. Y, como bien es sabido, la concepción democrática y republicana ordena la independencia de los poderes del Estado . El prefijo "vice" indica, sin lugar a dudas, que la vicepresidenta es la segunda autoridad del país y que no tiene más poder que el presidente.

Ha demostrado que eso de que "Cristina es la dueña de los votos del Frente de Todos" es una falacia. Claramente fue ratificado en las elecciones primarias del pasado domingo 12 de septiembre cuyos resultados desfavorables para el Gobierno nos han sumido a todos los argentinos, por obra y gracia de una coalición de sectores del peronismo, en una de las semanas políticamente más densas del nuevo siglo .

País Bicéfalo

El tire y afloje entre Alberto y Cristina, con las órdenes de ella por un lado y las indecisiones presidenciales por el otro, han generado una desgastante tensión en el país que, aparentemente, comenzó a ser saldada en la noche del viernes pasado, 17 de septiembre, un favor de la Vicepresidenta.

Cristina ha logrado que el Presidente haya dispuesto finalmente un nuevo gabinete que respeta casi todas las principales advertencias de la jefa del Senado .

Permítanos, lector / a, una pregunta para concluir: ¿ Cómo vamos a bajar la pobreza y estimular la economía y la generación de empleo genuino en un país que ya tiene todo tipo de regulaciones, controles de cambio, congelamientos de tarifas o prohibiciones para exportar , si encima el mundo viene tomando nota de que ese país llamado Argentina (de argentum, plata), insiste en desconocer, en nombre del populismo, no sólo las leyes básicas de una economía sana, sino que además su gobierno se permite generar un tembladeral político de dudas y desconfianzas por haber perdido una elección primaria de medio término?