Musica Miércoles, 27 de junio de 2018

La ciudad liberada que habita Fito

El cantante rosarino presenta su nuevo disco y en esta entrevista habló absolutamente de todo sin ningún tipo de reparo

El músico rosarino detalló los sentimientos que inspiraron el disco La ciudad liberada. Fito Páez llega a la nota y abre el juego con un abrazo cálido. Se sienta en un mullido sillón de un hotel céntrico de Rosario, en donde se presentará el sábado, y mientras se oye el click de la Nikon del reportero gráfico del diario, Páez habla sin red. En esta entrevista irá de la Toma de la Bastilla hasta Lawrence de Arabia; de Néstor Perlongher a Sándor Márai; de Karl Marx a Batato Barea; de Sarmiento a Rosario Central, y de Lévi-Strauss a Jean Paul Gatier.

Pero también hablará de la efervescencia de las ciudades liberadas, del momento feliz en lo familiar que atravesó la creación de su nuevo disco, de la defensa de las utopías, de seguir creyendo "más en el beso, en el polvo, en el abrazo, en la mirada, en estar cuando hay que estar". La ciudad liberada es quizá su mejor trabajo de nuevas canciones de la última década, al que Lucrecia Martel, la realizadora de Zama, calificó como "un disco alegre en una época triste". Un, dos, tres, probando, en el aire: Fito Páez.—¿Existe la ciudad liberada?—A ver... No, no, es una ciudad utópica, posiblemente haya existido en algún momento. Me imagino la Toma de la Bastilla en París o cuando en Buenos Aires sacan a los ingleses, o cuando Lawrence (de Arabia) entra a Damasco y ve todo aquel quilombo, ¿no? Una ciudad liberada es una ciudad que arde también. Hay un clima anárquico de libertad en ese momento. Me acuerdo también de una escena muy hermosa que cuenta Sándor Márai en La mujer justa porque él ahí habla en otros términos, porque habla de la guerra, ahora te lo voy a pegar esto con una frase de Perlongher (Néstor, poeta y escritor, uno de los fundadores del Frente de Liberación Homosexual en Argentina). Márai dice "la gente caminaba como zombies en medio de Budapest bombardeada". Y un poco Perlongher lo nombra cuando dice "vivir y amar en una ciudad liberada".—Ahí tomaste ese concepto y cayó justo para el título del disco...—Claro, y además hay algo hermoso ahí. Y también ¿sabés qué me recuerdo? La ciudad del Buenos Aires del '83 al '87, la llegada de la democracia. Inevitablemente tengo que decir que esa ciudad, si bien te nombré la otras antes, fue la que en un sentido cuando leo la frase de Perlongher me llevó a un aroma que no se fue nunca más del álbum. Verlo a Batato Barea besando a un policía en la puerta de Bolivia, que era un bar de Buenos Aires, y ahora están todos descubriendo a las lesbianas y los transexuales (risas), mirá vos. Nos divertíamos muchísimo en aquellos años, besándonos todos, era una ciudad liberada de verdad, muy hermosa. Y de alguna forma creo que el álbum evoca esa escena, no nostálgicamente, pero con una idea de un posible futuro, utópico si querés, bueno, la utopía no se puede realizar nunca pero si no peleamos por ellas tampoco las vamos a poder lograr, ¿no?—En "Nuevo mundo" aparece lo de las nuevas grandes utopías. ¿Las hay o no las hay?—Eso es otro tema, me parece que van a existir, las coyunturas a veces son anteojeras, ¿viste? Porque si decís ahora está pasando este y se pelea con el otro, y viene j, k, h, m, y son todas boludeces en un sentido porque el mundo sigue avanzando, el mundo no se detiene, hasta que lo hagamos estallar en mil pedazos va a seguir andando. Y la historia nunca se repite de la misma manera también, si bien hay situaciones atávicas, la condición humana, creo que van a aparecer nuevas utopías. Yo recuerdo algunas lecturas de mi juventud, Tristes trópicos, de Lévi-Strauss, cuando él habla de sociedades calientes y las frías, y cómo eso se va moviendo en la historia de las tribus y los pueblos. Entonces simplemente es dejar que las cosas avancen, en un momento va a suceder algo. Porque ¿cuáles son las dos grandes teorías?: la ley de la selva, la del liberalismo, o el marxismo, aunque poca gente habrá leído El capital de Marx para saber de qué se trata. Pero creo que para traerlo más a la casa, sería una suerte más solidaria y más cristiana de repartir la torta. En esos dos grandes ejes se ha basado la historia del mundo. Y se han generado guerras, tensiones y muertes por esas dos ideas que después tienen un montón de reflejos en otras escenas. Siempre están Facundo y está Sarmiento, están Newell's y Central (risas). Es que es así la vida, también, hay una dicotomía. Tampoco hay que pensar el mundo en binario, hay grises y hay colores, muchos colores, hay híbridos hermosos. Entonces creo que una ciudad liberada se trataría un poco de todo eso, ¿no?, que al final de la noche nos vayamos a dormir con un beso.—Cada disco evoca sensaciones y en este material de 72 minutos se nota a un tipo feliz, enamorado, comprometido con el caos social del mundo, que reclama por las causas injustas, que ama la música y la vida y que sueña por una ciudad liberada. ¿Este es tu presente?—(risas) es muy loco, pero sí siento eso. Yo estaba en Salta y mi amiga Lucrecia Martel me llamó al mes que salió el disco y me dijo: "Chango, hiciste un disco alegre en una época triste". Al grano (risas), ella es todo ese mundo delirante y sofisticado que ves en sus películas pero también es muy criollita, al pan pan y al vino vino. Me pareció que fue genial cómo resumió el álbum. El disco me tocó en un momento familiar hermoso de la vida, pero a la vez tu jaula, cápsula, o tu nave espacial blindada no significa nada si no ves lo que pasa afuera. Yo por suerte me escapo mucho de la jaula, me salgo mucho y estoy de una u otra manera, siempre estoy en los arrabales, estoy ocupado de estar allí, porque en los márgenes está sucediendo todo lo que sucede de verdad. Posiblemente otros tipos de estratos de sociedad me interesan un poco menos. Siempre en los márgenes se encuentra allí pasión, amor, libertad, salvajura, despojo.—¿Esto responde al chico amateur que vos decís que sos en un tema?—De alguna forma sí, aparte el bienpensantismo es una máquina muy hija de puta, ¿sabés? Todo te lleva allí, es una máquina de controlar tus palabras, el mundo y de ordenar tus ideas para que no te pases de la raya. Bueno, la tarea es mantenerte niño y seguir jugando y seguir haciendo barbaridades, y seguir diciendo barbaridades, porque alguien tiene que hacerlo también, ¿entendés? De lo contrario vamos a terminar como una especie de animalitos de manada, viste. Orwel no estaba tan errado cuando hablaba de esto en 1984, un librazo.—¿La tapa de La ciudad liberada con el cuerpo de una mujer, tu pareja, y tu cara tiende a provocar?—¿Sabés que no? Nos divertimos mucho haciéndola con Ros (Mariano, responsable de la dirección de tapa) y con Nora Lezano (fotos). Esa tapa hubiera sido provocadora en los '80, ponele. Ahora fue algo light, un chiste casi. En todo el mundo están los artistas haciendo fotos de los tipos barbudos con cuerpo de mina o trans, trans chic decía Jean Paul Gatier en una muestra en Buenos Aires. Me parece que es algo que está por suerte bien visibilizado. Señora, ¿no le gusta que haya un chico que le gusten los chicos y que se vista de mujer? Bueno, es así ahora, lo siento (risas).—"Las palabras me hacen falta" decías en tu disco Moda y pueblo, cuya tapa era una dualidad con Susana y vos. Ahora en La ciudad liberada también hay dualidad en la tapa. ¿Hay un mensaje que vos liberás en los textos de estas canciones?—Yo intento que los textos sean lo más abiertos posible, salvo que haya que narrar algo muy específico. Me pasó cuando escribí aquella canción que vos citás, creo que fue en 2005 y se llama Las palabras, que cada vez me escapo más de la literalidad. Le tengo más desconfianza a las palabras, sigo creyendo más en el beso, en el polvo, en el abrazo, en la mirada, en estar cuando hay que estar. Lo otro es el show de los literatos, es el show de la filosofía, me encanta también ¿eh?, lo leo, estoy allí, escribo ahora también, y estoy escribiendo ahora más que nunca, pero posiblemente por eso que, al venir del vientre de la música, le tengo más desconfianza a las palabras, siempre hay algo ingenioso que hay que demostrar o en todo caso llegar al hueso de lo valedero y del honor. Ay, ay, ay, dame un beso, boludo (se levanta del sillón y besa a este cronista). (Risas) Al final sí, ahora estamos acá re cool, viste, lo lindo es el momento cuando estamos con el vino acá, y todos brindamos y nos abrazamos, en cualquier barrio del mundo, en cualquier estrato social, hay que animarse a eso también porque ahí está la vida, ¿no?Menos bla bla bla"Este es un álbum político porque todo lo que hacemos es político. Tomar la decisión de construir un álbum es una actitud política. Menos bla bla bla y más construcción"Fuente: La Capital de Rosario.