Por Javier Polvani
Felipe González estudia en uno de los liceos dependientes de la Universidad de Chile. Se animó a un cara a cara con nuestro portal y asumió: “No me importa perder el año, estoy jugado con la causa de los estudiantes que busca un sistema educativ
Diario UNO entrevistó en las calles de Chile a uno de los voceros de la protesta

Felipe González es estudiante de cuarto año del Liceo dependiente de la Universidad de Chile y se encarga de las relaciones públicas del movimiento estudiantil que mantiene tomada la casa de estudios desde hace más de dos meses. “No me importa perder el año, estoy jugado con la causa de los estudiantes que busca un sistema educativo más democrático para nuestro país”, señaló a diariouno.com.ar dentro del instituto secundario tomado.
Felipe se especializa como biólogo en su educación media y planea seguir medicina en la Universidad. Sin embargo, dice: “Mi papá es mecánico y no puede hacer frente al costo de la carrera, para poder estudiar tendría que pedir un crédito que después se hace imposible de pagar para una familia trabajadora”, contó el joven, hijo de un mecánico de autos.
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“En Chile sólo el 1% de los estudiantes universitarios pueden hacer su carrera con beca completa del Estado, el resto tiene que pagar”, relató el joven que decidió tomar las banderas de la dirigencia estudiantil “para cambiar esta realidad”, explicó. Para estudiar Medicina Felipe aseguró que su familia tendría que disponer unos 25.000 pesos argentinos por cada uno de los ocho años que tiene el plan de estudios de la carrera.
“Costear una carrera universitaria en Chile cuesta lo mismo que comprarse una casa, es imposible para los hijos de trabajadores”, consideró el estudiante secundario, quien remarcó que el sueldo básico de ingreso a la vida laboral en el país trasandino es equivalente a poco más de 2.500 pesos argentinos.
“Los estudiantes estamos dispuestos a mantener la lucha hasta que el Gobierno decida producir los cambios que necesita el sistema educativo para que todos los chilenos tengan la posibilidad de estudiar”, aseveró el adolescente entre bancos un montó de bancos rotos apilados en la entrada del Nacional, una muestra de estado de abandono que presentan las instalaciones de uno los más prestigiosos colegios públicos de la capital trasandina.