El Sillón del Diablo pasaría desapercibido en la sala 14 del Museo de Valladolid, entre el resto del mobiliario del siglo XVI, si no fuera por la leyenda maldita que se sienta sobre él. Hoy una cinta de seda disuade a los visitantes de descansar en él, pero en otro tiempo llegó a estar colgado en un rincón de la sacristía de la Capilla Universitaria, fijado a la pared a una respetable altura y boca abajo, para que nadie cometiera la misma imprudencia que los dos infelices bedeles que aparecieron muertos entre sus brazos.Así al menos lo contó Saturnino Rivera Manescau en las "Tradiciones Universitarias (Historias y Fantasías)" que publicó en 1948. El investigador y profesor universitario recogió la terrorífica historia que ronda a este sillón frailero, llamado así por ser habitual en ambientes monásticos y religiosos.
Una cinta disuade a los visitantes del Museo de Valladolid de sentarse en esta silla del siglo XVI sobre la que pesa una maldición: quien reposa en ella obtiene el saber o pierde la vida.
La leyenda de "El Sillón del Diablo"
