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Fue inaugurada ayer y pertenece a la Agencia Espacial Europea la antena DSA3 de Malargüe. Comenzará a operar el 6 de enero. Será manejada desde Alemania y tendrá contacto con similares en España y Australia. Galería de fotos.

Una puerta al universo

Por Alejandro Gameroagamero@diariouno.net.ar

“Con esta antena lo que estamos haciendo es abrir una puerta al universo, porque con ella vamos a obtener los datos de los satélites que tenemos lejos de la Tierra, que no están en órbita alrededor del planeta sino que van a otros cuerpos celestes o que van más allá, desde los cuales se pueden hacer observaciones astronómicas precisas. Para eso necesitamos una antena potente, una antena muy eficiente como la que estamos inaugurando aquí”.

Así, Álvaro Giménez, director de Ciencia de la Agencia Espacial Europea (ESA es su sigla en inglés), propietaria de la gigantesca parabólica DSA3 inaugurada ayer aquí y que estará operativa el 6 de enero, resumió la importancia de la que es hoy la antena más moderna del mundo que lee el universo.

El corte de cintas del imponente aparato de 45 metros de alto, cuyo plato es de 35 metros de diámetro, se realizó ayer en el paraje La Batra, camino a la laguna Llancanelo, a 45 kilómetros de la villa cabecera, donde la única marca de la civilización existente allí hasta hace poco era la estropeada ruta con algo de asfalto y la mayoría de tierra.

La elección del emplazamiento no es caprichosa, ya que la DSA3 trabajará junto con otras dos en España y Australia, lo que le asegura a la ESA la cobertura del espacio durante las 24 horas.La presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en teleconferencia desde la Casa Rosada; las máximas autoridades de la ESA, con su director Vuelos Espaciales y Operaciones presente, el alemán Thomas Reiter; el ministro de Planificación de la Nación, Julio de Vido, y el gobernador Francisco Pérez –todos ellos en el lugar– se encargaron de poner en marcha el gran proyecto.

El titular de la Comisión Nacional Aero Espacial (CONAE), Conrado Varotto, y el intendente de Malargüe, Juan Antonio Agulles, completaron la mesa académica.

En el lugar, el castellano local se mezclaba con el de Castilla, así como con el inglés, el francés y el alemán. El encuentro era a todas luces de alto rango internacional.

La llegada de tecnología espacial a un páramo casi virgen de la civilización pareció no gustarle a la naturaleza. El viento sopló con fuerza la mayor parte del día, al punto de hacer casi imposible permanecer afuera de las carpas instaladas y poniendo en análisis un par de veces la suspensión del acto.

El complejo, a 1.500 metros sobre el nivel del mar, tiene un edificio de una planta en el que trabajan diez argentinos que están siendo capacitados por sus pares europeos para controlar y monitorear la antena, la que será operada por control remoto desde la sede central de la ESA, en Alemania.

El gerente de proyecto, el italiano Roberto Maddé, explicó: “Elegimos este lugar porque tenía una altitud buena, lo que significa pequeños problemas en la propagación de otras ondas electromagnéticas de aparatos electrónicos que ensucian el aire, y un clima desértico que es mejor, porque en estos proyectos queremos estar lejos de la civilización”.

El ministro De Vido destacó: “Este acontecimiento tiene mucha importancia, porque Argentina en el corto plazo está decidida a avanzar fuertemente en el acceso al espacio exterior como país. Así que creo que este proyecto sinergiza esta idea. Vamos a avanzar mucho en los próximos tres años”, señaló ante los asistentes en el predio. 

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