Por Cecilia [email protected]
“Negra”, “burra”, “extranjera”, “adoptada”, “puta”, “tu pelo es como virulana”. La protagonista de esta historia tiene 10 años (se evita la identificación de la menor y de su familia para resguardarlas) y no se acostumbró a que continuamente la llamaran así en la escuela. Tampoco a que sus compañeras no la dejaran sentarse en los primeros bancos, porque ese era “el lugar para las inteligentes”, o que le dijeran que no pasaba a la Bandera porque no era argentina.
Incluso, alguna vez le pareció ridículo que, más allá de los problemas en su propio curso, “las chicas de séptimo” le hicieran pagar $2 para entrar al baño. También, varias veces mostró el disgusto porque no la invitaban a los cumpleaños. Un día, en una situación extraña, cayó al piso y se quebró el pie. Otro, le sacaron la cartuchera y, por la impotencia, contestó y lloró desconsolada. Esta nena concurrió hasta junio a la primaria de la escuela Patricias Mendocinas, donde, según cuenta su madre, de 41 años, fue “hostigada por sus pares (los del aula y de grados superiores)”. “Mamá, soy burra, no me entra en la cabeza”, le repitió su hija, quien, a pesar de tener una personalidad bien definida, por momentos intentó convencerse de las descalificaciones. Hace dos meses pensó en voz alta –entre lágrimas y frente a su mamá– que no vivir más podía ser la solución al conflicto: “Si vuelvo a la escuela, me mato”. Expresar esto con diez años fue el punto de quiebre. Entonces, su familia dijo que “logró unir varias de las situaciones que la menor manifestaba, concluyendo que el padecimiento venía desde segundo grado cuando, tras la muerte de sus abuelos, la cambiaron de turno”. A partir de allí, la madre interpretó que tanto las bajas notas como el desgano de la menor a la hora de asistir a clases eran señales de hostigamiento –acoso conocido como “bullying”– , del que luego hubo pruebas en la terapia a la que fue derivada la nena. A través de las redes sociales la historia llegó a Diario UNO. Antes de exponerlo, la madre habló con directivos y docentes pero, según explicó, nunca sintió que se asumiera la relevancia del problema: “Me lo minimizaron. La nena se cansó de pedirles a las docentes que la defendieran. A mi hija la desprotegieron y yo me siento culpable por haber confiado en la institución”. La mujer argumentó que “hay una naturalización de estas burlas. A mi nadie me paga el daño a mi hija. Una vez hasta volvió a casa preguntándome por qué le decían ‘puta’ si ella es una nena. Cuento la historia para que otros no lo sufran”. Tras hablar con las autoridades del colegio, la progenitora acudió a la Dirección de Orientación y Apoyo Interdisciplinario de la DGE y llevó el caso al Inadi. La menor asiste ahora a otra escuela, donde su madre asegura que está contenida: “Es otra persona, se saca todos 9 y 10. ¿Cómo puede ser que aprendió todo en un mes? Es triste el daño. Ahora está en terapia; cada vez que lo hablamos, llora”. Todos contra uno Es alta para su edad y flaca. Tiene piel canela. Tirabuzones oscuros le dan forma a su pelo largo que, como su boca grande y ojos profundos, heredó de su padre de ascendencia marroquí. Nació en Miami y tiene pasaporte estadounidense, pero se crió en Mendoza con su mamá, lejos de su progenitor y muy cerca de quien hoy es su papá del corazón (la pareja de su madre). El especialista en violencia escolar Alejandro Castro Santander explicó que “a la víctima no se la elige porque es gorda, negra o usa lentes. Lo que importa es el factor de debilidad y una asimetría de poder respecto del grupo: es todos contra uno solo”. La madre de la niña habló del último episodio que evidenció la problemática: “Un día, hace dos meses, después de que le había ido mal en las pruebas, empezó a llorar a los gritos y largó todo: ‘No quiero ir más a la escuela, no quiero vivir más. Me dicen burra, negra, extranjera, que no tengo que pasar a la Bandera porque no soy argentina. Que si vos sos blanca por qué yo soy negra”. Después de darle el pase, la directora, María Luz Cerdá, pidió una reunión con la niña “para que no se fuera mal”, como la autoridad de la Patricias acreditó. “Cuide a mis compañeras, para que no pasen lo mismo que yo”, le dijo la pequeña, deseo que motivó a la madre a exponer la situación en este medio. Una epidemia silenciosa Eso que algunos pueden minimizar porque ocurrió siempre hoy es nombrado por especialistas que entienden al “bullying” como una epidemia silenciosa y violenta, que reproduce la problemática social actual. Se propaga sin ser advertida, porque hay adultos que miran para un costado. No a todos los chicos les impacta de la misma manera: algunos piden no ir más a la escuela, otros se suicidan. El especialista en violencia escolar Alejandro Castro Santander explicó que “cuando uno lo presume debe actuar, porque seguramente viene desde mucho antes”. Cuando este diario le aportó detalles del caso que relata la madre de la menor, Castro Santander entendió que “cumple todos los parámetros del bullying: hay daño psicológico, desigualdad en la relación entre la nena y sus pares que actúan en grupo, no puede defenderse y se repiten las descalificaciones en el tiempo”. El especialista consideró que lo peor es la “naturalización”: “Hay una responsabilidad institucional. Cuando la escuela habla de incluir a los chicos no se trata de depositarlos en un aula sino de cuidarlos, preservar el clima para que puedan educarse. Su obligación es resguardar y responder por el niño o niña. En el mundo se hacen demandas legales por estos casos”. La directora justificó las burlas Consultada por este diario, la directora de la primaria Patricias Mendocinas, María Luz Cerdá, reconoció estar al tanto de muchas de las situaciones que la madre le manifestó a UNO, pero su punto de partida es otro: “Esa nena tiene un gran problema: su mamá es rubia y su papá de sangre es de raza oscura, ella es morochita. Y su madre se hace más problema que la niña. Viste cómo son las nenas, estamos hablando de alumnas de quinto grado que por ahí hacen chistes, se ponen apodos, por más que uno vaya tratando estos temas de que no hay que burlarse”. La auxiliar directiva, Susana Zucchelli, opinó que “no tenía el perfil de una nena que se hubiera dejado hostigar, retraída y deprimida”, y la directora agregó: “Cuando decidió irse de la escuela hablé con el grado, que es complicado, les dije que una compañera se había ido porque se burlaban. Me dijeron que sí le decían cosas, pero que ella no se quedaba callada”. “Que haya podido expresarlo, que tenga una personalidad activa, no significa que no hubo hostigamiento. Porque para que se considere como un caso de violencia tiene que haber daño, y esta nena con diez años expresó su deseo de no vivir más”, dijo el especialista Alejandro Castro Santander. “¿Cree que existe hostigamiento o bullying?”, se le preguntó a la directora, quien respondió: “No. En muchas instituciones se puede dar. Más en la secundaria que en la primaria. Desde que yo me acuerdo siempre fueron comunes los chistes por petisa, por flaca, porque tenías el pelo negro. Vuelvo a repetir: le decían cosas pero esta nena no se quedaba callada, era contestadora”.



