Es llamativo. Un par de elecciones municipales, hoy, en Ciudad y en San Carlos, de incidencia menor en el esquema del poder nativo, treparon a la cartelería nacional.
Tres de los principales aspirantes a la presidencia en 2015, Macri, Altamira y Cobos, condescendieron "bajar" al escenario municipal mendocino en apoyo de sus referentes.
¿Por qué tanta trascendencia? ¿Por qué esa súbita fama para dos concejos deliberantes de tierra adentro? Fácil. La carrera para las elecciones generales marcha a pleno. Esta exagerada premura se fundamenta en un fin de ciclo que se huele en el aire. Y nadie quiere quedarse dormido en un proceso con tantas ebullición y actividad. Ni los que aspiran al recambio, desde la oposición. Ni los que quieren ser bendecidos por Cristina como los continuadores del "modelo": el neokirchnerismo. Ya se advirtió el fenómeno hace muy poco, durante los festejos vendimiales, cuando acudieron en tropel los presidenciables de toda laya para figurar en las marquesinas del calendario turístico. Por fin un cacho de federalismo La insólita atención que concitan estos sufragios se debe al "mérito" de dos intendentes que son bichos raros de la fauna vernácula, dos outsiders, dos rebeldes con o sin causa: el radical Víctor Fayad y el demócrata Jorge Difonso. Ambos resultan sumamente irritantes para sus congregaciones partidarias y muy difíciles de leer en términos de la política tradicional. Si Fayad y Difonso hubieran acatado el mandato de la UCR y el PD como Dios y los manuales mandan hoy no habría comicios diferenciados en sus distritos. Y no se conocerían, por ende, el rostro y los pergaminos de los aspirantes a una banca comunal. Como sí ocurre en los demás departamentos, donde los ediles son absolutos don nadies, salvo para algún residente avisado o la rosca militante. Así pues, por la vía del absurdo, con el desdoblamiento se le terminó haciendo un favor al verdadero federalismo. Federalismo que traicionan los gobernadores aceptando que los candidatos locales sean absorbidos y ninguneados dentro de la mancha voraz de la lista sábana, esa ballena inelástica pero de gran panza. Es una posición cómoda. Todo el trabajo, en ese caso, recae en los cabezones de la lista-ballena. Hoy no pasa lo mismo. Hoy los pretendientes en Ciudad y San Carlos han debido trabajar, sudar la gota. Han debido poner la cara ante el vecino para pedir el voto. La UCR arriesga su largo invicto La mayor atención, lógicamente, está puesta en la Ciudad. Es una vidriera para el resto. El más obligado es el radicalismo. Defiende –en términos futboleros– una valla invicta desde el ’83. Sólo conoce la victoria desde el regreso de la democracia. Eso también puede implicar un desgaste natural, por lo que no se ha dormido en los laureles. Caminó y bregó. Hasta el tal punto que su indomeñable líder, Viti Fayad, se avino a un abrazo con Julio Cobos, a quien no se ha cansado de vituperar y de demoler en los peores términos. Fue un abrazo más dificultoso que el de San Martín y Bolívar. Pero la candidatura de Rodolfo Suárez bien valía el esfuerzo. Cleto viene de ser el gran campeón mendocino en octubre. Y mantiene su estrella encendida. Fayad es orgulloso, pero no come vidrio. Les cayó bien a ambos a fin de cuentas. El resto, bien pertrechado Sebastián Tapia, del peronismo, no convocó a ninguna prima donna nacional. Aprendieron la lección de la doble paliza de agosto/octubre. Lo acompañaron primeras figuras del PJ doméstico, como el vicegobernador Carlos Ciurca, con el ex ministro de Seguridad Carlos Aranda como guardaespaldas a toda hora. La representante de la izquierda, Macarena Escudero (FIT), se entusiasma con repetir el suceso de su agrupación en las recientes legislativas. La apadrinaron dos "ganadores" de octubre: el local Nicolás del Caño y el nacional Jorge Altamira. Quien fue rodeado de mayor despliegue propagandístico fue el joven del PD-PRO, Gustavo Senetiner, apoyado en oleadas sucesivas, desde Buenos Aires, por Gabriela Michetti, Miguel del Sel y hasta por Mauricio Macri disputando un partido de fútbol al lado de Martín Palermo. La rara avis es Jorge Ricardo Ponte, del socialismo, autor de obras fundamentales sobre la historia de Mendoza y quien le pidió a Hermes Binner que no viniera para su subrayar su mensaje localista. La excepcionalidad sancarlina San Carlos no tiene un ventanal tan llamativo como Capital, pero representa una situación excepcional. Aquí las fuerzas provinciales con mayor potencia intentarán vencer al último mohicano, al último representante demócrata en un cargo ejecutivo, el intendente Difonso, defendido por diversas colectoras. Difonso, además, en otro acto de rebeldía, es el aliado con más cartel que tiene el ascendente Sergio Massa en la provincia. Hay, por lo tanto, una fuerte carga simbólica en este rincón del Valle de Uco, devenido una especie de bastión ecologista, de reducto verde y conservador, por si le hacía falta un toque adicional de exotismo. Decía ayer Gabriel Fidel, ministro de Iglesias: "Lo bueno de desdoblar las elecciones en la Ciudad de Mendoza es que los vecinos elegimos pensando en nuestros temas locales sin arrastre de afuera". En resumidas cuenta, serán los dos comicios una fiesta con color local. Una fugaz y volátil honra del federalismo.

