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Un juez bien mendocino

Por José Luis Verdericojlverderico@diariouno.net.ar

Omar Palermo llega a la Suprema Corte de Justicia coronando una carrera judicial que incluyó un altísimo nivel de capacitación sin interrupciones y el ejercicio real de la magistratura, desde diversos puestos, para afiatar y poner en práctica todos los conocimientos aprendidos en Mendoza, el resto del país y el exterior.

Me animo a decir que se erige en una de las pocas excepciones con las que cuenta el máximo tribunal de justicia local en ese sentido, ya que para la mayoría el camino fue inverso: ir a la perfección desde el sillón de supremo.

Palermo es un juez bien mendocino. De pocas palabras, se enorgullece de su presente fulgurante pero al hablar de ello prefiere evocar a sus maestros, a sus amigos de la juventud, a los afectos... Es de los que prefieren hablar a través de sus sentencias, y eso no es de ahora, sino desde sus comienzos. Es de los que prefieren hacer en vez de decir. Es de los que miran de reojo a la prensa. Poco y nada de pirotecnia verbal deberá esperarse de su persona. Sólo trabajo. Su historial promete excelencia. Que así sea.

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